Siete décadas con el reloj adelantado



Una decisión estratégica de Franco en el marco de la Segunda Guerra Mundial, dejó a España como el país del mundo en el que más tarde se pone el sol pese al horario de verano.

Castellón de la Plana, Altea o Londres son ciudades separadas por cientos de kilómetros pero con una característica común. Por todas ellas transcurre el Meridiano de Greenwich. Son muchos los elementos que recuerdan el paso de esta baliza imaginaria por tierras de la Comunitat Valenciana. A la entrada de la Llosa de Camatxo (Marina Alta), un mosaico advierte de que estamos llegando a una localidad situada a cero grados de longitud. Una escultura que representa el orbe terrestre saluda también cuando atravesamos la carretera que conduce de El Verger en dirección a Pego y nos señala el punto exacto por el que discurre el meridiano que marca el paso de los husos horarios en todo el mundo. En Castellón incluso se levantó el Parque del Meridiano, justo en el lugar donde este se junta con el paralelo 40.

Escultura dedicada al Meridiano de Greenwich.

Escultura dedicada al Meridiano de Greenwich.

La fama Mundial de esta curiosa línea curva que recorre el mundo de norte a sur, se debe al hecho de que se estableció en 1884 como punto de partida para un sistema de husos horarios universal. Tras una conferencia en Washington (Estados Unidos), a la que España envió tres representantes, se configuró una hora de referencia mundial (UTM) y a partir de ella se dividió el globo terrestre en 24 zonas, partiendo siempre del Meridiano 0. Hacia el este se añadiría una hora conforme se pasara un huso y se restaría una hora si se avanzaba hacia el oeste.

Según Joseph Collins, experto en estructuras horarias, la aparición del ferrocarril fue la que hizo necesaria una unificación de horarios entre las distintas ciudades y países. Antes de este hito cuando, por ejemplo “en Alicante eran las 12.15 horas, en Elche podían ser las 12 horas, puesto que se tenían como referencia los relojes de las iglesias y los religiosos encargados de ponerlos en hora se guiaban por el tiempo solar”.

Tras el establecimiento del sistema de horarios universal, España adopto el huso que le correspondía, es decir el mismo horario que el Reino Unido, Portugal, o Marruecos, un huso que se mantuvo intacto hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. “Hasta 1940, España, Francia y el Benelux tenían una hora de diferencia con Alemania e Italia, ya que se encontraban junto con Portugal y el Reino Unido en su correcto huso de la hora europea occidental”, tal y como explica Ignacio Buqueras, presidente de ARHOE, la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles. El 16 de marzo de ese mismo año nuestro país adoptó la hora de verano, como era costumbre, pero no lo recuperó al final de la estación, como tampoco lo hicieron Alemania y la Francia ocupada. La situación se agravó el 2 de mayo de 1942 con el adelanto de otra hora en España; nos quedamos así en la hora de Alemania y los países que ocupaba y con una hora de diferencia respecto a Portugal, que no participaba en la guerra.

Terminada la guerra, el Reino Unido volvió a la hora europea occidental, pero no lo hicieron ni Francia, ni el Benelux, ni España. Debido a este error histórico, nuestro país se rige hoy por la hora de Berlín (la de Europa Central) y no por la de Londres (la de Europa Occidental), que es la de Canarias y la que debería tener todo el territorio nacional.

Una decisión estratégica tomada por el régimen de Franco para sincronizar sus horarios con los de la Europa Nazi (y que ningún gobierno en los 70 años posteriores se ha preocupado en corregir), ha provocado que hoy en día en España se viva con el pie cambiado respecto al resto del mundo. Esta anómala situación hace que nuestro país tenga el dudoso honor de ser el lugar del mundo donde más tarde sale el sol. ¿Pero qué consecuencias puede tener esta situación a nivel práctico? Tanto Collins como Buqueras coinciden en lo mismo: para los españoles el sol es demasiado importante como para dejarse engañar por una hora oficial, así que siguen almorzando y cenando en el mismo momento de siempre (la una y las ocho de la tarde, hora solar), aunque ahora el reloj indique otra cosa distinta (las dos y las nueve de la tarde, hora oficial). España es el único país en el mundo donde cada día se va a almorzar cuando los demás humanos vuelven a trabajar, se va a cenar cuando es la hora de irse a la cama, y se duerme una hora menos.

Desde la ARHOE se hace hincapié en que el desastroso horario laboral español provoca que nos encontremos entre los países donde más horas se trabaja sin que ello repercuta en una mayor productividad. Según Burqueras, “estos horarios tan irracionales impiden conciliar adecuadamente nuestra vida personal, familiar y laboral, así como lograr la igualdad real entre el hombre y la mujer; merman nuestra felicidad y calidad de vida, no nos dejan dormir el tiempo suficiente, perjudican a la salud y afectan a las relaciones comerciales”.

¿Sería posible revertir esta situación y que España volviera al huso horario que le corresponde? Collins responde categóricamente: “sería facilísimo, bastaría con no adelantar los relojes el próximo 25 de marzo”. ¿Falta de memoria histórica o simplemente ‘Spain is different’?