“Se crea con más libertad si no tienes nada”



Es más sencillo que Paco Roca te descubra a ti antes que tú a él, aunque seas tú el que le hace la entrevista. Lo sabe uno al ver sus ojos grandes, ávidos, capaces de encontrar historias bajo la alfombra de la cotidianidad. Sus cómics se esperan con ansia porque rompen moldes. La imaginación al servicio de un lápiz

“Se crea con más libertad si no tienes nada”

El estudio de Paco Roca está instalado en el patio interior de su casa, cerca de la calle San Vicente Mártir de Valencia. Allí tiene una mesa de dibujo, un Mac y estantes empachados de cómics y novelas gráficas. El éxito le ha llegado con ‘Arrugas’, obra con la que ganó en 2008 el Premio Nacional de Cómic y en la que se basa el largometraje homónimo que se estrenará en los cines a principios de 2012, pero antes y después de este aclamado cómic ha habido mucho y muy diferente.

Porque Paco Roca es versátil y su inquietud por experimentar se adivina en sus trazos y también en su conversación. Antes de esa historia que habla del Alzheimer, la vejez y la soledad, trazó un universo oscuro para la intriga y el misterio de ‘El juego lúgubre’. En su siguiente trabajo, ‘Hijos de la Alhambra’, el dibujante valenciano abandona los espacios claustrofóbicos y sale en busca de aventuras. Encuentra en la Alhambra del siglo XIX una historia romántica y la sirve con unos paisajes inolvidables, llenos de detalles. En ‘El Faro’ se vuelve más espontáneo en los trazos y sobrio en la narración, siempre vestida de símbolos. ‘Arrugas’ parecía el culmen de su carrera. Pero llegó ‘Las calles de arena’ y Paco Roca sorprendió regresando a lo onírico y lo simbólico, pero con retales de realismo mágico y teatro del absurdo y, por si fuera poco, con una paleta cromática al servicio de la historia. Con su último trabajo, ‘El invierno del dibujante’, Roca sigue avanzando y sitúa al lector en la España de posguerra; al calor de la historia de unos dibujantes que abandonan la Editorial Bruguera para fundar una revista propia donde dejar discurrir su creatividad.

Paco Roca, en su estudio, rodeado de cómics. Foto: Rafa Honrubia.

Paco Roca, en su estudio, rodeado de cómics. Foto: Rafa Honrubia.

Entre todas estas obras están sus historias cortas. Hace unas semanas presentó en Valencia ‘Memorias de un hombre en pijama’, recopilación de las historietas que dibujó durante más de un año para el diario Las Provincias. Aquí demuestra que lo de romper moldes es una constante en su vida, porque las historietas de humor de su alter ego “desastre y patético” provocan una sonrisa perenne y un poso de optimismo. El estilo único de toda su obra no ha sido obstáculo para adentrarse en las temáticas más dispares y las narraciones más diversas. Su imaginación fluye en una viñeta sin fronteras.

Sobre ‘Memorias de un hombre en pijama’, ¿te ha llegado la crisis de los 40?
Bueno… ya tengo 42, en agosto. Desde los 20 que ya tengo la crisis de los 40 (bromea). La dinámica de trabajo no me ha permitido pensar en la edad. Nunca había hecho nada tan autobiográfico. Siempre los personajes son un poco de ti, pero en este trabajo claramente soy yo y las cosas que me pasan. Ha sido como ir al psicólogo durante año y medio.

¿Por qué el pijama es un anhelo de Paco Roca?
Es un símbolo de libertad. Desde pequeño no me gustaba que me quitasen el pijama, me vistiesen y me lanzasen a la calle. Pensaba que se acabaría todo esto cuando acabase el colegio, pero luego te das cuenta de que es para toda la vida. Era como conseguir ese sueño infantil. Algo de ese sueño hemos conseguido. La libertad de no vestirte para nada, sino para ti mismo. La libertad de dedicarme a esto. He estado mucho tiempo trabajando en publicidad, desde los 17 años, hasta que Arrugas empezó a funcionar. Han sido más de 20 años de estrés y de hacer cosas que no me apetecían. El cómic es diferente, para mí es la libertad absoluta de creatividad, de horario…

“En el cómic no hay leyes, empiezas con la hoja en blanco y creas las bases de ese mundo”

El humor está más presente en este libro que en el resto de tu obra.
Aunque sean pinceladas, en todas las cosas que tengo hay algo de humor, pero nunca había hecho nada en lo que el tema principal fuera el humor. Las historias se me van hacia un lado melancólico, aunque no lo busque. A veces tienes miedo de marear a tus lectores cuando encuentras una línea donde la cosa funciona. Te preguntas qué pasará si hago algo totalmente diferente a lo anterior. Pero en ‘Memorias’ pensé que no pasaba nada por cambiar porque era un encargo para prensa y para un público diferente. Los temas vienen a ser los mismos de siempre pero buscándoles un punto de humor. No quería que fuesen chistes, porque te condiciona mucho lo que estás contando. Busqué la sonrisa con algo que contar, más que la carcajada.

Portada de Memorias de un hombre en pijama

¿Cómo te enfrentas a lo cotidiano para contar historias?
Me ha ayudado mucho la tertulia que hago los viernes junto con Ramón Palomar, McDiego y Modesto. Muchas cosas que he reutilizado en ‘Memorias’ las he contado en la radio. Mi alter ego, que es el Paco desastre y patético, viene de la radio. He aprendido a sacarle punta a cualquier cosa. Al principio tienes un montón de ideas y cuando llevas unos meses te das cuenta de que eso se acaba. Es uno de los motivos por los que lo he dejado, porque pensaba que empezaba a repetirme y porque se hacía predecible dónde iba a ir a parar. Me aburre mucho cuando llego a ese punto.

Periódicos recuperando la tira cómica, ¿qué tal es publicar cada semana?
Un estrés. Aprovechaba los viajes en tren para darle forma (en la Moleskine) a todas las cosas que se me iban ocurriendo. Lo peor de todo es no tener una idea. Envidio a gente como Manel Fontdevila, que hace la página de El Jueves y de Público. Y todo con un nivel muy alto. Me contó una vez David Trueba que ilustraba sus artículos para Babelia y entregaba siempre en el último momento, que le estresaba mucho hacer prensa porque pensaba que a la siguiente le iban a pillar. El pensar que hasta ese momento has tenido suerte y que el director se va a dar cuenta de que eres un fraude. He tenido esa sensación.

¿Alguna vez te has planteado hacer periodismo gráfico, estilo Joe Sacco?
Joe Sacco es uno de mi autores favoritos. Es uno de los nuevos caminos que ha abierto el cómic o la novela gráfica. Es muy interesante porque consigue cosas que no se pueden conseguir en otros medios. Esa libertad y esa complicidad con el que estás hablando. Es como si fuese un fotógrafo pero coge a la gente más natural. Me gustaría seguir en prensa y una de las ideas es coger una noticia y narrarla de forma gráfica, con mis limitaciones por supuesto. Eso sí que sería un reto. Continuar con ‘Memorias’ era un poco rutinario. Esto me apetece mucho porque tendría que buscar herramientas nuevas para contar un suceso, una noticia, pero en forma de cómic.

Portada de Arrugas, Premio Nacional de Cómic 2008.

Portada de Arrugas, Premio Nacional de Cómic 2008.

¿Qué te parece la adaptación de ‘Arrugas’ al cine?
Bien. Hay cosas que hubiese hecho diferentes y hay cosas añadidas por el director que me gustan mucho. Es muy complicado hacer una adaptación porque si es demasiado fiel no tiene sentido hacerla y si es demasiado diferente se te van a echar encima. El equilibrio es muy complicado. En ‘Arrugas’ está muy bien. Es una película de no muy alto presupuesto y tiene sus limitaciones, pero funciona perfectamente porque ha conseguido tener el espíritu del cómic: un punto de optimismo pese a ser una historia dura.

¿Tienes algún otro trabajo que creas que puede funcionar en la gran pantalla, además de ‘Arrugas’?
Durante algún tiempo las cosas que hacía me las imaginaba en formato cine. ‘El juego lúgubre’ lo imaginaba como una película, y con las limitaciones de una película. ‘El invierno del dibujante’ me lo imagino como una serie de televisión. Hay cosas que me gustaría ver en la pantalla: una sería ‘El invierno’ y otra ‘Las calles de arena’. Gráficamente, ‘Las calles’, podía quedar muy bien en animación. Sería una superproducción, con un público diferente al de ‘Arrugas’. Hay muchas cosas en común entre el cine y el cómic. Son dos medios que han bebido mucho el uno del otro pero esa influencia del cine que tiene el cómic, te hace contar las historias de una determinada manera. Pero no es el único camino. Ya empieza a haber gente que sale de ese camino y busca ser más literario. El cine cuenta las historias de manera trepidante y lineal. En una película hay que cazar al espectador desde la primera escena y que vaya pasando una cosa tras otra para que el espectador no se aburra. Pero un libro es diferente, se parte más de la complicidad del lector. El cómic tiene que mirar para otros lados. El libro de Jason Lutes, ‘Berlín’, es muy denso y poco cinematográfico; está más cerca del lenguaje de una novela que del de una película. Creo que es el siguiente camino, al igual que Joe Sacco ha descubierto un camino. El camino de ciertas novelas gráficas está más en buscar referentes literarios que en el cine.

“Me gustaría seguir en prensa. Una idea es coger una noticia y narrarla de forma gráfica”
“El camino de ciertas novelas gráficas está más en buscar referentes literarios que en el cine”

¿Resulta difícil reflejar el paso del tiempo en ‘Arrugas’?
Para que ‘Arrugas’ funcionase tenías que tener la sensación de que pasa el tiempo, pero que pasa el tiempo sin que nada cambie. Estamos hablando de la monotonía, del aburrimiento y de la soledad. En la residencia todo el mundo tiene su mundo interior. Es como una válvula de escape, un lugar donde te refugias ante un mundo que no te gusta. Por un lado, ‘Arrugas’ es un reflejo de lo que pasa en las residencias y, por otro, nos sitúa en el punto de vista de cada uno de los ancianos. Poder ver las cosas desde fuera y desde dentro de ellos; eso también enriquece la historia. Necesitaba que visualmente tuviese algún atractivo y eran los mundos interiores. En el cómic no hay leyes, empiezas con la hoja en blanco y creas las bases de ese mundo.

La imaginación por un lado, el trazo por otro. Foto: Rafa Honrubia.

La imaginación por un lado, el trazo por otro. Foto: Rafa Honrubia.

¿Cómo ves el panorama del cómic en España?
Muy bien. Poco a poco se están ganando lectores y un público femenino. Además, los cómics se venden en sitios donde antes no se vendían. Esto ha hecho que tengamos, aparte de los lectores habituales, otro gran porcentaje de público que jamás había leído cómic y que empieza a descubrir autores que le parecen interesantes. También tenemos cada vez más industria en España, más autores, aunque muchos tienen que trabajar para editoriales de fuera todavía. Ahora hay una libertad total para que vayas con cualquier proyecto que se te ocurra y consigas un editor y un público al que le interese.

Con toda esa libertad, ¿cómo te enfrentas al papel en blanco?
Por un lado, con la seguridad de que empiezas a tener una cantidad de lectores fijos. Pero, por otro, con miedo porque te das cuenta de que tienes más lectores, que vives de esto, y te da cierto miedo perderlo. Se crea con más libertad cuando no tienes nada que cuando tienes mucho. Te vuelves más conservador. Aunque intento que cada proyecto sea diferente, hacer lo que a mí me gustaría leer. Pero los lectores están detrás y te condicionan un poco. Aún así me considero un privilegiado por poder vivir del cómic que me apetece hacer. En mi caso, me han ido bien las cosas, he ido cambiando de registro y sigo teniendo lectores, lo que me tranquiliza bastante. Pero me imagino que en el momento en el que haga algo que sea un desastre absoluto me empezaré a plantearme qué he hecho, qué no ha funcionado. En cierta forma es un peligro porque cuando lo conviertes en tu profesión o en tu única fuente de ingresos, las cosas te empiezan a preocupar un poco. Aunque intentes ser valiente, lo haces con una visión más comercial de las cosas.