Nuestro lugar en el mapa

Coches que circulan sin conductor, ir de compras y que el móvil te avise de que a diez metros vas a encontrar el mismo abrigo pero rebajado al 50% o simplemente recibir un mensaje automáticamente cuando alguien de tu familia pase cerca de tu casa. Todo esto ya es una…

Nuestro lugar en el mapa

Coches que circulan sin conductor, ir de compras y que el móvil te avise de que a diez metros vas a encontrar el mismo abrigo pero rebajado al 50% o simplemente recibir un mensaje automáticamente cuando alguien de tu familia pase cerca de tu casa. Todo esto ya es una realidad que se llama geolocalización.

La geolocalización nos sitúa en el mapa. Foto: Rafa Honrubia.

La geolocalización nos sitúa en el mapa. Foto: Rafa Honrubia.

Son sólo algunos ejemplos de lo que es posible hacer gracias a la integración de varias tecnologías. De una manera sencilla la geolocalización se define como la posibilidad de conocer nuestra posición geográfica en tiempo real. Hasta hace unos años se trataba de una tecnología que, como tantas otras, tenía fines militares y sólo estaba disponible para aquellos que tuvieran acceso a los costosísimos aparatos de localización por satélite (GPS). Con el paso del tiempo los precios bajaron en picado y los navegadores domésticos para el coche fueron el primer paso en una carrera tecnológica que ha supuesto una auténtica democratización de la localización.

Hoy en día es posible rastrear nuestra posición simplemente con el registro que nuestro teléfono móvil (sea del tipo que sea) va dejando en los distintos repetidores de telefonía. Si además se trata de un smartphone, las posibilidades se multiplican abriendo una tercera vía de localización: cotejar la dirección IP de nuestro aparato y las diferentes redes wifi que éste detecta a nuestro alrededor.

Tenemos la tecnología y le sacamos partido

No cabe duda de que ahora es más fácil que nunca estar localizado. ¿Pero qué importancia puede tener esto en la pràctica? Gerson Beltrán es presidente de la delegación valenciana del Colegio de Geógrafos y especialista en redes sociales. Para él la geolocalización abre unas posibilidades infinitas para el mundo de la empresa. «Su uso dependerá del objetivo que se tenga, pero existen cuatro grandes campos: la planificación estratégica, la promoción, la comercialización y por último la monitorización». En la práctica, significa que podemos utilizar esta tecnología para actividades tan variadas como controlar cuánta gente ha asistido a un evento, estudiar las corrientes de un río o averiguar si cerca de donde estamos hay una zapatería en rebajas. El más allá lo puso el todopoderoso Google cuando hace unos meses presentó sus coches que se conducían solos. Sólo hay que introducir el punto de destino y el ordenador se encarga del resto.

Las redes sociales no se han quedado atrás y hace algún tiempo que vienen incorporando estos adelantos en sus plataformas. Google Latitude permite conocer sobre el mapa y en tiempo real dónde se encuentran nuestros amigos en cada momento. Facebook ha hecho algo parecido con su Facebook Places, que ahora permite que podamos compartir, no sólo lo que estamos haciendo, sino también dónde. Pero sin duda esta revolución geográfica 2.0 la encabezan dos plataformas más jóvenes, Foursquare y su competidora Gowalla.

El funcionamiento en todos los casos es similar. El usuario hace check-in (es decir, comparte su ubicación) y le cuenta al resto de gente dónde está y sus impresiones sobre ese lugar. Según Beltrán, aplicaciones como Foursquare, utilizan «tres factores que le han llevado el éxito en Estados Unidos y están favoreciendo su desarrollo en España. En primer lugar, el concepto de lo local, que implica vincularse con el sitio exacto en el que estamos. En segundo lugar, el componente social, de compartir lo que hacemos y dónde lo hacemos. Y, por último, el concepto del ocio y la competición, puesto que al fin y al cabo también es un juego y nos gusta jugar».

Un mundo por descubrir

Nadir Lloret es ingeniero de sistemas en Swiss Mobility Solutions y desde su experiencia desarrollando este tipo de aplicaciones lo tiene claro. «Hoy en día, la geolocalización a través de estos dispositivos está dotando a un sector de negocios, de una herramienta que facilita muchísimo el control de la empresa. Por poner un ejemplo, nosotros hemos trabajado en proyectos de geolocalización de flotas de reparto o empresas de transporte público. Dime si no es útil que llegues a la parada del bus y en la propia parada una pequeña pantalla te ponga en tiempo real cuánto falta para que llegué a esa estación. Para mí, este es uno de los sectores donde más utilidad se le está sacando a esta tecnología, transporte y reparto».

Chapas y tatoos inspirados en los Badges de Foursquare, la red de geolocalización más popular. Foto: Nan Palmero.

Chapas y tatoos inspirados en los Badges de Foursquare, la red de geolocalización más popular. Foto: Nan Palmero.

Beltrán coincide y va mucho más allá. «Queda mucho por explorar y por hacer. Realmente avanzamos hacia una humanización de la tecnología, la tecnología imita comportamientos humanos y de ahí el éxito de las pantallas táctiles, por ejemplo. De hecho hay un concepto que estoy trabajando que es el de ‘geoposicionamiento emocional’, que es un paso más allá de la geolocalización donde podemos conocer no sólo donde está alguien, sino qué siente en un lugar concreto, en un momento concreto», comenta.

El mero hecho de llevar un móvil en el bolsillo hace que todos nuestros movimientos sean susceptibles de ser controlados por alguien con acceso a nuestros datos. ¿Qué seguridad tenemos de que se respeta nuestro derecho a la intimidad? En principio, la tecnología es segura en cuanto a que el usuario tiene la opción de decidir cuando sí quiere estar geolocalizado y cuando no. En palabras de Lloret, «da un poco de pánico tanto control. La tecnología va a ritmos vertiginosos, que son difíciles de seguir incluso para quienes la desarrollan, así que legislarla es una tarea dificilísima». Beltrán coincide en la esencia pero se muestra más optimista. Para él «la legislación está demostrando estar muy avanzada. Un buen ejemplo lo tuvimos hace poco cuando surgió el problema de que los móviles en Europa se vendían con la geolocalización activada por defecto y rápidamente la Comisión Europea puso en marcha un grupo de trabajo que lo resolvió de forma legal, haciendo que se vendan sin la geolocalización activada y sea el usuario el que lo haga si así lo desea».

El ágora 2.0

De una u otra manera al final la tecnología sigue avanzando y se pone al servicio del ser humano. ¿Corremos el peligro de que se acabe con la esfera privada? Beltrán es categórico: «nada de eso. Al revés, la red 2.0, bien entendida, es una herramienta de comunicación y colaboración increíble y permite una esfera pública como la que soñaron los griegos con su Ágora. Hemos de entender que internet no es más que la plasmación de la aldea global pero descentralizada en millones de nodos de comunicación que somos las personas y esto es apasionante. La clave no está en el tipo de herramienta y ni siquiera en sus posibles usos, la clave está en saber utilizarlas desde lo racional y disfrutarlas desde lo emocional. Y eso es algo implícitamente humano, al final se trata de encontrar ‘un lugar en el mundo’ sólo que ahora no somos nosotros los que dependemos del entorno sino el entorno es el que está alrededor de nosotros y se adapta a nuestra realidad individual».

Pequeña guía para no perderse en la red geolocalizada


Google Maps y Bing Maps: Quizá la forma más popular y fácil de sumergirse en el mundo de la geolocalización. ¿Microsoft, o Google? Solo hay que elegir uno y las opciones llegan solas.

Foursquare: El máximo exponente en la integración de las redes sociales y la geolocalización. Si tienes un smartphone estás preparado para compartir tu ubicación con los demás y quizá un día llegues a ser alcalde.

Gowalla: El segundo en discordia. Similar a Foursquare, te permite compartir con tus amigos los sitios que visitas e incorpora la posibilidad de crear rutas temáticas.

Fire Eagle: La opción de yahoo para competir e incluso interactuar con Foursquare y Gowalla, algo que entre redes de geolocalización es bastante común. La mayoría se pueden gestionar desde otras plataformas.

Local Mind: Para contactar con alguien que está en otro sitio. ¿Quieres saber si está lloviendo en Murcia? Pues pregúntaselo a alguien que está ahora allí.

Geomaker: Ideal para webmasters inquietos. Es una aplicacción que analiza tu web (o cualquiera que estés visitando) y crea un mapa con las localizaciones de las que hablas en tus textos.

Unsocial: La red de geolocalización para profesionales. Dile qué perfil profesional necesitas y te dirá si hay alguien cerca que lo cumple.

Paintmap: Una web para artistas. ¿Has pintado un paisaje? Súbelo a esta web y ubícalo en un punto exacto del mapa.

Waze: Para conductores. Tu smartphone registra el recorrido que realizas y puedes compartir incidencias y estado del tráfico a tiempo real.