Cómo viajar a Marte sin volverse loco

Tras 520 días confinados, los astronautas del programa Mars500 salieron el pasado jueves de la instalación en la que entraron en junio de 2010. Se embarcaron en un experimento sin precedentes: la simulación de un vuelo a Marte. Un desafío para el cuerpo y la mente, que ha tenido en…

Cómo viajar a Marte sin volverse loco

Tras 520 días confinados, los astronautas del programa Mars500 salieron el pasado jueves de la instalación en la que entraron en junio de 2010. Se embarcaron en un experimento sin precedentes: la simulación de un vuelo a Marte. Un desafío para el cuerpo y la mente, que ha tenido en Valencia el único proyecto español participante en la iniciativa.

El objetivo de Mars500, que se ha desarrollado en las instalaciones del Instituto Ruso de Problemas Biomédicos de Moscú, es estudiar los factores humanos en los viajes interplanetarios. Aislamiento, sensación de claustrofobia, desorientación, ansiedad, estrés, depresión: exigencias psicológicas que acompañan al astronauta en el viaje y que afectan a su conducta y rendimiento. Las influencias del vuelo sobre el estado físico son menos generalizables porque los tripulantes no han vivido en un estado de gravedad cero, lo que hubiera afectado también a su estructura ósea, muscular, visceral, a la coordinación, etcétera. Tampoco se verán dañados por la radiación cósmica.

Uno de los tripulantes del Mars500 sometiéndose a un experimento. Foto: ESA.

Uno de los tripulantes del Mars500 sometiéndose a un experimento. Foto: ESA.

Estos problemas físicos hubieran derivado en mayores consecuencias psicológicas porque «mente y cuerpo funcionan como una unidad», explica la investigadora Rosa Baños, que participa en esta hazaña a través Earth, único proyecto español aceptado en Mars500. La inicitiva, desarrollada por el instituto I3BH, en el que participan investigadores de la Universitat de València, la Universidad Politécnica y la Jaume I de Castelló, emplea la realidad virtual a través de módulos de psicología asistida por ordenador para promocionar las «emociones positivas».

En estos mundos virtuales, donde se recrean un parque y un bosque, agrega Baños, «se aprenden distintas estrategias para relajarse o alegrarse». Otro módulo virtual, ‘El libro de la vida’, es un diario personal, a modo de blog, en el que el tripulante cuelga material autobiográfico «para fortalecer los aspectos más sobresalientes de su personalidad (momentos en que ha sido solidario, sabio, feliz, compasivo…) y proyectarlos para el futuro».

«No sólo es importante detectar los puntos débiles sino detectar las fortalezas individuales y grupales y promocionarlas«, señala la investigadora, quien destaca la «tremenda estabilidad emocional» que los tripulantes han demostrado cada semana en su evaluación.

Los seis cosmonautas del Mars500, de origen ruso, europeo y chino, ofrecieron ayer martes su primera rueda de prensa tras el regreso. Todos han coincidido en que para mantener una buena convivencia ha sido «clave» realizar actividades continuamente, minimizar el tiempo libre. Al tripulante chino, Wang Yue, le relajaba tratar con el personal de control y practicar caligrafía china. El italiano Diego Urbina ha confesado que dedicó mucho tiempo a tocar la guitarra y también a Twitter. En uno de sus últimos tuits antes del ‘aterrizaje’ decía: «Increíblemente intensas y surrealistas horas: recogiendo, enviando la fecha, guardando experimentos y preparado para decir la más alienígena de las palabras: Mars500».