Queda un año para que no pase nada

Empieza la cuenta atrás para apocalípticos y entregados a la pseudociencia. Hoy es 21 de diciembre de 2011 y según las teorías de agoreros y amantes de lo sacado de contexto, queda justo un año para que el mundo se acabe. Lo decían los mayas, pero es internet quien se…

Queda un año para que no pase nada

Empieza la cuenta atrás para apocalípticos y entregados a la pseudociencia. Hoy es 21 de diciembre de 2011 y según las teorías de agoreros y amantes de lo sacado de contexto, queda justo un año para que el mundo se acabe. Lo decían los mayas, pero es internet quien se ha quedado la patente.

Una sola fecha ha alimentado durante años un florenciente negocio alrededor del fin del mundo. Foto: Ted Winder.

Una sola fecha ha alimentado durante años un florenciente negocio alrededor del fin del mundo. Foto: Ted Winder.

Convertida en leyenda urbana gracias al boca a boca y, sobre todo, al cine y su gusto por las catástrofes naturales de corte apocalítico, la teoría de que el 21 de diciembre de 2012 se va a acabar el mundo cuenta con una atención tan grande entre la población que llega a sorprender al escéptico medio. Atribuida a los antiguos mayas (aunque puede que fuera formulada por los olmecas), la fecha no corresponde más que a la finalización de un calendario vigesimal utilizado por varios pueblos mesoamericanos desde hace 5.124 años. Lo curioso de este calendario es que no es repetitivo. A diferencia de otros, como el gregoriano que utilizamos hoy en occidente, no se repite cada cierto tiempo en periodos de años, sino que cuenta desde el 11 de agosto de 3114 a.C. hasta el 21 de diciembre de 2012. Sin más.

Este hecho ha alimentado durante años una corriente a la que muchos se han agarrado con los pretextos más variopintos. Tormentas solares, colisiones de la Tierra con asteroides o planetas, desatres naturales, el socorrido calentamiento global y el deshielo de los polos… cualquier excusa es buena para alimentar un fuego que no ha servido más que para engordar el ego de pseudocientíficos y la cuenta corriente de algún que otro aprovechado. Algo contrarrestado por sátiras como ‘Historias sobre el fin del mundo: y otras patrañas’, del dibujante Trino, que se ha colado entre la lista de los libros más vendidos en muchos países de habla hispana en los últimos meses.

Son muchas las obras que han aprovechado la temática estos últimos años. Sólo en Amazon se pueden comprar casi 300 libros a día de hoy. Hay desde tratados pseudocientíficos explicando teorías sobre el aumento de actividad solar (catalogado por la mayoría de los expertos como algo normal, entiendiendo los ciclos de la estrella), hasta guías de superviviencia para ese día que recomiendan qué tener en casa o dónde no estar cuando llegue lo peor. La mayoría dejan en el aire muchas de las conclusiones que teorizan y se apoyan en dos ramas: los que estudian qué pasaba por la cabeza de los mayas (u olmecas) que trazaron el calendario, y los que teorizan sobre cómo nos iremos a pique. Ambos tienen una salida muy socorrida para el caso de que el día 22 estemos vivitos y coleando, atentos como cada año al Sorteo Extraordinario de Navidad: el baktum es la unidad de tiempo más larga que se conoce de los pueblos mesoamericanos; corresponde a casi 400 años y marca un cambio de ciclo, una nueva era. Sí, lo habéis adivinado. Coincide con el 21 de diciembre de 2012.

En los últimos años ha crecido el interés por el aumento de la actividad solar, sobre todo a raiz de varias películas de Hollywood. Foto: NASA Goddard Photo and Video.

En los últimos años ha crecido el interés por el aumento de la actividad solar, sobre todo a raiz de varias películas de Hollywood. Foto: NASA Goddard Photo and Video.

Teorías a gusto del consumidor

Los conejos en la chistera de la pseudociencia son infinitos. Al calor de obras de pseudodivulgación se ha gestado en internet todo un submundo de teorizadores y demostraciones de la realidad sacada de contexto. Sólo hay que mirar en la inmensa cantidad de foros y blogs que hablan del tema para comprobar lo apasionado que se puede volver alguien cuando lee lo que quiere leer. Los foros que se dedican a recopilar catástrofes naturales para demostrar la verdad del apocalípsis versión 2012 son un ejemplo. Bajo el epígrafe ‘¿Cuando empezó realmente el fin del mundo?’ se autoconvencen los unos a los otros de que un seismo en Lorca, unas inundaciones en Indonesia, un incendio en California y una hambruna en el cuerno de África estaban escritas en el borde de un calendario maya.

La teoría de que un gran cataclismo cósmico acabaría con la humanidad el fatídico día de diciembre de 2012 llegó a extenderse tanto en la red que la misma NASA tuvo que desmentirla con una nota oficial en 2009. Otra absurda corriente afirmaba que en el año próximo se iba a invertir la polaridad de los dos extremos del planeta. También llegó a ser tan comentada que científicos norteamericanos acabaron por estudiarla y descartarla en 2008. La llamarada solar asesina es otra de las más socorridas. Seguramente porque es al sol al que Hollywood echa la culpa últimamente en sus producciones. El deshielo de los polos, una mutación de nuestros cromosomas, una gran epidemia de gripe, un meteorito, una guerra nuclear o terrorista, una sublevación robot, una colisión con los restos de una estrella, un supervolcán o un gran agujero negro son otras de las muchas patrañas que no paran de circular.

Mientras que un pequeño pero ruidoso grupo entiende que los desmentidos son parte de una gran conspiración de vete a saber quién, la mayoría de convencidos (más moderados ellos) entienden que el 21 de diciembre de 2012 supondrá el comienzo de una nueva oportunidad para la humanidad, dejando atrás todo lo estropeado. En ese cesto les cabe la crisis económica, el cambio climático o el rival de su equipo de fútbol. Quien no se consuela con el fin del mundo, es porque no quiere.