Día uno después de Megaupload

Aunque se anunció el estallido de la World War Web, el día siguiente al cierre del servicio de alojamiento más popular de internet fue un día más o menos anodino. Ni las tiendas de discos ni los cines se llenaron de gente. Y tampoco se montaron barricadas. Hubo rabia y confusión,…

Día uno después de Megaupload

Aunque se anunció el estallido de la World War Web, el día siguiente al cierre del servicio de alojamiento más popular de internet fue un día más o menos anodino. Ni las tiendas de discos ni los cines se llenaron de gente. Y tampoco se montaron barricadas. Hubo rabia y confusión, pero sobre todo se buscaron alternativas en otros servicios online.

Cuentan que cuando el escritor ruso Anton Chejov murió, su mujer Olga se levantó de la cama. Abrió de par en par la ventana del cuarto y esperó. Entonces vio como una persona salía a la calle. Luego otra. Luego otra y otra. La ciudad entera se despertaba e iba a trabajar como si nada. Y esto fue precisamente lo que más la indignó: que el mundo siguiera su curso.

Imagen difundida por la red tras el cierre de Megaupload

Imagen difundida en Internet tras el cierre de Megaupload

A pesar del sentimiento de pérdida y de las alarmas suscitadas, el día uno después de Megaupload fue, más o menos, un día cualquiera. En las noticias televisivas este suceso ocupó un lugar modesto entre un juicio a un dirigente político o el anuncio de un nuevo recorte. En los medios online tuvo más presencia. Hubo comentarios acordes a las cinco fases de duelo.

Negación: La aparición súbita de un nuevo megaupload (fraudulento) o el anuncio de que volverá a funcionar el domingo. Ira: En forma de ataques cibernéticos comandados por Anonymous. Negociación: Usuarios que lo que buscan es la manera de recuperar los datos que tenían alojados en esta web. Depresión: Anuncios del “principio del fin de internet” o bajas en bloque del servicio de ADSL. Aceptación: la supuesta vuelta a las redes P2P como e-mule o el convencimiento de que la suspensión era inevitable.

¿Y por qué el cierre de una página dirigida por un extravagante ricachón alemán afincado en Nueva Zelanda con un claro problema de sobrepeso, obsesionado por los coches y las mujeres, podía afectar al transcurso de nuestras vidas?

Entre otras cosas, porque se han visto afectados de manera directa 180 millones de usuarios. Personas que, en su gran mayoría, utilizaban esta plataforma para poder disfrutar de contenidos de ocio de manera gratuita y supuestamente ilegítima. Pero también muchos profesionales que utilizaban este servicio como una herramienta habitual de trabajo.

Pongamos un caso hipotético. Un realizador audiovisual que, por ejemplo, vive en Valencia. Le llaman a las 12 del mediodía y le dicen que necesitan recibir unos vídeos en Málaga esa misma tarde. Su reacción más inmediata habrá sido de shock. En primer lugar porque tendrá que localizar esos vídeos, antes alojados en el servidor de Megaupload, y hoy en día en propiedad nada más y nada menos que del FBI.

Una vez encontrados, si es que los encuentra, necesitará bucear entre las diferentes alternativas para poder alojar gratuitamente estos archivos y que sus clientes lo puedan descargar libremente. Como la carpeta de vídeos pesa un gigabyte, no podrá recurrir a servicios como Dropbox o Yousendit. Y tendrá que bucear entre la infinidad de otros portales, sorteando captchas, gatillazos digitales y la desesperación de la lentitud en la subida. Justificará por teléfono la demora y, por último, dedicará el resto del día a revisar la cantidad de archivos perdidos y a buscar un servicio de alojamiento fiable.

Sopa de letras sobre el cierre de Megaupload. Foto, bajo licencia CC, de fernand0

Sopa de letras sobre el cierre de Megaupload. Foto, bajo licencia CC, de fernand0

Este hipotético caso se ha repetido seguramente en miles o cientos de miles de ordenadores, solo en España. Si ayer la reacción inmediata fue de indignación y venganza, hoy los foros y redes sociales están llenos de debates sobre el futuro del intercambio de archivos sin Megaupload. Con el cadáver aún caliente, pero sin dramatismos.

Las alternativas a Megaupload

Existen multitud de portales similares: Rapidshare, Mediafire, Fileserver, Filesonic… El problema es que, frente al servicio recién cerrado que no borraba nunca los archivos, la mayor parte los elimina tras un periodo de inactividad (Rapidshare y Filesonic tras 30 días, y Fileserve tras 60 días). Otro factor a tener en cuenta es la fiabilidad del servicio, la presencia de captchas o la posibilidad de hacer descargas simultáneas. En este sentido Mediafire o Rapidshare son las mejor valoradas.

Pero sobre todo está el sentimiento de histeria generalizada. Cerrado el poderoso Megaupload, ¿cúal será el siguiente? La primera de la lista es Rapidshare, que ya se enfrentó a problemas legales. Por otra parte, el alojamiento de los servidores dentro o fuera de Estados Unidos tampoco resulta útil. Megaupload los tenía en Hong Kong y eso no ha evitado su cierre. Además, la futura aprobación de leyes de propiedad intelectual en Estados Unidos y Europa hace prever un recrudecimiento de acciones parecidas.

Frente a esto la principal apuesta es la diversificación. El hecho de que la gran parte de las páginas web y foros alojasen sus archivos en un solo portal fue lo que provocó en un primer instante el sentimiento de catástrofe. No sólo en portales archiconocidos como Yonkis o Taringa; sino en muchos otros de cine especializado, arte gráfico o música. Espacios que, en parte, difundían material que supuestamente vulnera las leyes de propiedad intelectual. Pero que también volvían a poner en circulación productos descatalogados, otros con una escasa o nula distribución en nuestro país, y que servían como punto de encuentro y de acceso de información a millones de personas.

En algunos de estos portales se calcula que más de la mitad del material se ha perdido. Por ello la principal alternativa es la de alojar contenido simultáneamente en varios servidores. De manera que cuando otro portal caiga, siempre quede una copia de seguridad. En este sentido, el servicio que más auge puede cobrar es el de Multiupload, que permite subir simultáneamente los archivos hasta en un total de nueve servidores diferentes.

Un ejemplo más de la velocidad de reacción de internet. Aquí el intervalo entre el levantamiento de un cadáver y su entierro dura tan solo unas pocas horas.