Desencadenados del olvido

El documental ‘Los olvidados de los olvidados’ pone sobre la mesa el trato a los enfermos mentales en África. Miles de ellos han sido resacatados de sus cadenas por Grégoire Ahongbonon, un simple reparador de neumáticos que da voz a los encadenados a través del trabajo del director Carles Caparrós….

Desencadenados del olvido

El documental ‘Los olvidados de los olvidados’ pone sobre la mesa el trato a los enfermos mentales en África. Miles de ellos han sido resacatados de sus cadenas por Grégoire Ahongbonon, un simple reparador de neumáticos que da voz a los encadenados a través del trabajo del director Carles Caparrós.

Grégoire Ahongbonon ha rescatado de las cadenas a miles de enfermos mentales que eran retenidos por sus propias familias. Foto: Aiguafilms.

Grégoire Ahongbonon ha rescatado de las cadenas a miles de enfermos mentales que eran retenidos por sus propias familias. Foto: Aiguafilms.

Grégoire Ahongbonon se dedicaba a reparar neumáticos en Benín, la tierra donde nació. Estaba casado y era padre de seis hijos. En medio de una crisis personal sintió la necesidad de ayudar y empezó a relacionarse con enfermos de los hospitales de la zona. La triste realidad le mostró que, quien no tenía dinero, no tenía medicamentos y que, quien no tenía acceso a las medicinas que necesitaba, moriría tarde o temprano. En ese momento fundó la Association Saint Camille de Lellis y comenzó a ayudar desde dentro. Así se topó con el grave problema de los enfermos mentales en África.

En casi 25 años que lleva en la lucha, Ahongbonon ha ayudado a más de 30.000 pacientes. La mayoría, liberados de las cadenas de la enfermedad mental y, muchos, de cadenas reales con las que eran atados a árboles o cercas para que no ‘atacaran’ a nadie. «Con todo este trabajo detrás, lo difícil era contar una vida entera en tan solo 90 minutos», contaba en la presentación el director Carles Caparrós, autor de un documental en el que se cuenta el trabajo de recuperación de pacientes mentales en Benín y Costa de Marfil.

En la mayoría de las sociedades africanas, los enfermos de este tipo de patologías son vistos como un peligro a controlar. La gran mayoría son atados con cadenas, obligados a malvivir a la intemperie, a comer de la basura o a no relacionarse con nadie. Son lo último de una sociedad que ya está olvidada por el resto del mundo. Sin embargo, el trato que se les da en África no se diferencia mucho del que les damos en Europa. «La historia de los enfermos mentales africanos se explica muy rápidamente, pero prácticamente alrededor de todo el mundo están así», recordaba Caparrós, alertando que el miedo y el maltrato a muchos enfermos no está tan lejos de nostros como pensamos.

De ese punto de partida nace el proyecto ‘Los olvidados de los olvidados’, un documental original y creativo con el que enfrentarse a un problema como éste en África y que en nuestros países tampoco está resuelto. «Deseo que no entendáis esto como un espectáculo», pedía el propio Ahongbonon en la presentación de documental el pasado mes de noviembre en Barcelona. «Mientras haya un solo enfermo mental encadenado a un árbol, toda la humanidad estará encadenada. Espero que todos los que veamos este trabajo nos convirtamos en testimonio para que esta imagen se acabe. No es posible que en el Tercer Milenio hombres, mujeres y niños lleven estas cadenas», enfatizaba.

Rodaje del documental en Costa de Marfil. Foto: Aiguafilms.

Rodaje del documental en Costa de Marfil. Foto: Aiguafilms.

Visibilidad a un problema que no es lejano

Una de cada cuatro personas de todo el mundo sufre un trastorno mental a lo largo de su vida, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Las enfermedades mentales representan más del 12% de todas las patologías, porcentaje superior al del cáncer o los trastornos cardiovasculares. A menos de una cuarta parte de los afectados se le diagnostica y trata correctamente su trastorno en los países desarrollados, lo que dificulta su recuperación y futura reinserción en la sociedad. La OMS prevé que los trastornos de este tipo aumentarán considerablemente en los próximos años, mientras que el 70% de la población mundial tiene acceso a menos de un psiquiatra por cada 100.000 habitantes.

«Deseo que todo el mundo abra los ojos, porque no es un problema de África. Es un problema de todo el mundo», recordaba Grégoire. «Todos los enfermos mentales están olvidados en todo el mundo», pero el problema en países como Benín, dónde sólo hay un psiquiátrico, o Costa de Marfil, dónde sólo hay dos, se acentúa. «No podemos seguir con los ojos cerrados. No es momento de tenerles miedo», denunciaba.

Ahongbonon ha cambiado la forma de ver una enfermedad mental en miles de africanos. Los casos reales de ‘Los olvidados de los olvidados’ no son más que una muestra de lo duro que es tener un problema mental en países en los que te consideran un caso sin remedio. El propio Grégoire reconocía que «no es difícil llevarse a los enfermos de sus familias, es raro que se nieguen. Su preocupación es pagar. No tienen dinero. Les entiendo y jamás les pido dinero, sólo les explico que vamos a curar al enfermo y que volverá. Estamos dispuestos a ayudarles pero deben entender que no podemos reemplazar a la familia» y que, una vez reinsertados, deben volver a casa.

‘Los olvidados de los olvidados’ se estrenó el noviembre en un número muy pequeño de cines de Cataluña y Baleares, aunque está pendiente de continuar su camino por el resto de España y por algún festival. Lo hace, casi cómo ha recorrido Grégoire Ahongbonon su camino, con la idea de su director, Carles Caparrós, y con el apoyo de gente como Tortell Poltrona (fundador de Payasos sin Fronteras y la persona que presentó a Caparrós y Ahongbonon) o Lluís Pinyot, representante de la asociación Aïma, una de las que colabora con la Association Saint Camille de Lellis.

La del loco que ha ayudado a miles de enfermos mentales de África es «una historia que merecía ser contada» en palabras de Carles Caparrós. Y es que, tal y como ha tomado como lema ese antiguo reparador de neumáticos de Benín: «Si yo, que no soy nadie, soy capaz de hacer todo esto: ¿cómo es que el mundo va tan mal?».