Internet nos niega el olvido

Si nunca lo has hecho, pruébalo. Basta con teclear tu nombre completo en Google y examinar los resultados. No sería extraño encontrar entre ellos alguna referencia que te pueda hacer saltar los colores: Desde un suspenso en las notas del Instituto hasta la última multa de tráfico que te pusieron…

Internet nos niega el olvido

Si nunca lo has hecho, pruébalo. Basta con teclear tu nombre completo en Google y examinar los resultados. No sería extraño encontrar entre ellos alguna referencia que te pueda hacer saltar los colores: Desde un suspenso en las notas del Instituto hasta la última multa de tráfico que te pusieron hace tres años. Acabas de conocer a tu rastro digital.

Navegando por la web todos dejamos un rastro digital. Foto Y. Yumenov

Navegando por la web todos dejamos un rastro digital. Foto Y. Yumenov

En la mayoría de los casos, después de hacer este experimento, los resultados, como mucho, nos habrán servido para pasar un rato divertido curioseando lo que Google sabe de nosotros. Pero el panorama podría ser muy distinto: Imaginemos que un amigo chistoso ha decidido publicar en su blog las fotos del último carnaval en el que quisiste sorprender a todos disfrazándote de drag queen. Además, en la web de amigos del cáñamo, cuando tenías 19 años hiciste un comentario favorable sobre un artículo que, por su calidad literaria, te pareció excelente. Por último hace cuatro años, te pusieron una multa de tráfico que, por considerarla excesiva, decidiste no pagar.

Posiblemente todas estas cosas para ti no sean más que un vago recuerdo. Pero da la casualidad de que el jefe de personal de la empresa a la que has entregado esta tarde tu currículum tiene toda esta información tuya en este momento delante de sus ojos. Internet no olvida, y esto puede entrañar riesgos cuando no podemos controlar la información que en la red hay de nosotros.

Eliminar nuestro rastro

Borrar nuestra presencia en Internet después de años de navegación no es tarea sencilla. El primer escollo que encontramos es el de los propios buscadores. Google, Bing, Yahoo… son páginas que no tienen autoridad sobre la información que ofrecen sus resultados. Ellos se limitan a rastrear la web, pero no tienen capacidad para borrar contenidos de las páginas en las que buscan. Es cierto que pueden hacernos desaparecer de sus listados (desindexarnos) pero eso únicamente eliminaría una parte del problema, puesto que la información seguiría apareciendo en la página original. Además su política es muy rigurosa en este sentido y solo aceptan hacerlo en casos muy concretos. Según su centro de consulta “si encuentras una página en los resultados de búsqueda de Google en la que aparezca información personal como, por ejemplo, el número de tu tarjeta de crédito o de la Seguridad Social (…) Google revisará la solicitud y puede que elimine la información de los resultados de búsqueda.”

Visto que difícilmente Google vendrá en nuestra ayuda, la solución más efectiva (y penosa) sería la de solicitar uno por uno a los sitios que contienen datos nuestros el borrado de los mismos. Lo más frecuente es que esta opción resulte inviable, en cuyo caso se puede optar por otros cauces.

Una forma , también bastante laboriosa, para hacer menos visible la información que nos perjudica, es la de inundar la red con comentarios positivos sobre nosotros. Si conseguimos que estos superen a los negativos y queden bien posicionados, es posible que consigamos relegar la información que no nos conviene a puestos más discretos, aunque ésta seguirá estando ahí.

Profesionales del olvido

Con la proliferación de las redes sociales y la expansión generalizada de Internet a casi todos los aspectos de la vida, cada vez son más las personas interesadas en preservar su intimidad digital. A raíz de esta necesidad han empezado a surgir empresas que prestan este servicio. Según Samuel Parra, director de ePrivacidad, “los servicios más demandados son los relacionados con publicaciones en boletines oficiales. Lo más habitual es que se trate de la notificación de alguna sanción o multa, pero en general acuden para cualquier tipo de publicación, como por ejemplo, la aparición de su nombre en unas oposiciones. También es muy demandada la eliminación de comentarios negativos en blogs o foros, ya sean de particulares o empresas.”

Evidentemente el coste y el tiempo que se tarda en el proceso dependerá de cada situación. Según Parra, “no es lo mismo el caso de una persona con una mención en un boletín oficial, que otra persona que tiene más de 1.000 menciones en Internet. Por lo general, si no existen muchas menciones, la información queda eliminada en un mes aproximadamente con un coste entre los 100 y los 300 euros”.

¿Pero es posible borrar absolutamente nuestro rastro digital?. Si nos enfrentamos a un personaje anónimo que ha visto violada su intimidad o privacidad en Internet de forma ocasional, sí que será posible. No obstante, si quien pretende dicho borrado es un personaje público que aparece en cientos de páginas web de todo tipo, el borrado completo sería una tarea inabarcable. «Imagínese que Shakira quisiera borrar todo lo que aparece sobre ella en Internet, sería imposible”, asegura Parra.

Hecha la ley hecha la trampa


Hasta ahora la forma más segura de evitar este tipo de situaciones era la de vigilar cuidadosamente todo el contenido que generamos. Según la Oficina de Seguridad del Internauta (OSI), «el usuario debe velar sobre la información que publica o facilita a terceros, valorando la relevancia que puede tener ahora y en un futuro. Lo aconsejable es pensar antes de publicar. Preguntas como ¿me permite controlar mi información personal? ¿quién puede acceder a ella? o ¿cuándo y dónde se publica?, nos ayudarán a ser conscientes de las implicaciones de publicar información personal.»

A su vez, no hay que olvidar que en Internet también nos ampara la Ley Orgánica de Protección de Datos (LOPD). Como aconseja la OSI, «en el caso de que se publiquen imágenes, videos o datos no autorizados sobre una persona, se consideraría como una infracción grave o muy grave de la LOPD, en el que la ley prevé multas muy importantes. Incluso si se escribe algo que no es verdad sobre alguien, puede llegar a ser considerado un delito contra el honor, en cuyo caso se aplicaría el Código Penal.»

Aunque sobre el papel nuestro derecho al honor se halla protegido, a la hora de poner en práctica lo que ya se conoce como «derecho al olvido» la cuestión se complica. Es por ello que en estos momentos la Comisión Europea está revisando la directiva común de la Unión Europea sobre protección de los datos personales y privacidad que se estableció en 1995 (Google no se lanzó hasta 1998). En esta reforma está previsto que se contemple, entre otras cosas, la regulación del derecho al olvido, aunque en Internet las leyes parecen hechas para saltarse.

¿Será capaz la Unión Europea de controlar a gigantes como Google o Yahoo, que operan sometidos bajo la legislación de otros países? El tiempo lo dirá, aunque en este momento parece difícil ponerle puertas al campo.