Una historia de ‘pieds noirs’



Hace no muchos años el norte de África era territorio europeo. Miles de ciudadanos de Argelia, Marruecos o el Sáhara, eran franceses y españoles, pero vivían a un mar de distancia de las metrópolis. En estos territorios, gente de diferentes etnias y culturas compartían un trozo de paraíso. El último…

Una historia de ‘pieds noirs’

Hace no muchos años el norte de África era territorio europeo. Miles de ciudadanos de Argelia, Marruecos o el Sáhara, eran franceses y españoles, pero vivían a un mar de distancia de las metrópolis. En estos territorios, gente de diferentes etnias y culturas compartían un trozo de paraíso. El último trabajo del dibujante Paco Sales revive su historia.

Paco Sales ha contado con Carlos Maiques para dar color al Mediterráneo

Paco Sales ha contado con el acuarelista Carlos Maiques para dar color al Mediterráneo

Se trata de los mal llamados ‘pieds noirs’ (pies negros). Así se denominaba en Francia a los colonos que huyeron en desbandada cuando Argelia declaró su independencia, en julio de 1962. Se calcula que casi un millón de personas abandonaron el país buscando una nueva vida en Francia, Canadá, o España, más concretamente en Alicante, donde llegaron unos 30.000 de estos colonos expatriados. Unos hechos muy recientes que no tardaron en caer en el olvido.

‘Al nordeste de Arzew’ es el cómic con el que Paco Sales ha querido retratar un episodio histórico complejo, amargo y violento a través de los ojos de un niño. Para llevar a cabo este trabajo ha contado con la ayuda a los pinceles de Carlos Maiques, y con la experiencia vital de Alain Bonet, su suegro, que fue uno de tantos jóvenes obligados a abandonar una tierra que sentían suya para volver a una patria donde les veían diferentes.

‘Al nordeste de Arzew’ está ambientada en un momento muy concreto ¿Qué tiene de realidad la historia?
Ésta es la historia de un grupo de chicos que pasa de la niñez a la adolescencia y chocan con la realidad. Tiene como telón de fondo la guerra de independencia de Argelia, tristemente real y acallada por el gobierno francés de la época. En el cómic, en gran parte ficticio, se suceden algunas anécdotas que pasaron en el entorno de Alain en esa época pero, a diferencia de Pierre Martínez (el niño protagonista), mi suegro se marchó de allá con 18 años cumplidos, y yo quería mantener a los protagonistas en el principio de la edad adulta, para que estuviesen exentos del lastre emocional que suponen juicios políticos y rencor.

Imagen de "Al nordeste de Arzew", de Paco Sales.

Imagen de "Al nordeste de Arzew", de Paco Sales.

¿Y por qué un cómic sobre este tema?
Tenía tres cosas claras: quería hacer una historia protagonizada por niños, pero para adultos; quería colaborar con mi amigo Carlos Maiques, grandísimo acuarelista, y quería hacer una historia de época, pero fuera de géneros.  Para eso me valí de las historias de Alain que había escuchado muchas veces, y que acababa de escribir ‘Tout conte fait’, una crónica sobre tres generaciones de emigrantes. A partir de algunos hechos construimos una ficción ceñida a los años de la guerra. Me apetecía reconstruir aquel ambiente y situar a los niños en aquel paraíso mediterráneo de vidas humildes.

Es una historia de niños en la que son los mayores quienes toman las decisiones que marcarán sus vidas…
A lo largo de mi experiencia como profesor en el Petit Atelier d’Arts siempre me ha asombrado la valentía de los niños y su capacidad para asimilar, normalizar y superar situaciones y cambios normalmente provocados por los adultos que les afectan, como digo, sin juzgar. Algo de lo que deberíamos aprender.

En el cómic hay un claro mensaje hacia la hermandad: niños judios, cristianos y musulmanes que juegan juntos, y que de la noche a la mañana se ven obligados a no verse más.
En su rutina, aunque parezca algo forzado, era habitual la convivencia de razas y religiones, eran gente humilde de dispersos orígenes que había construido aquella sociedad, y la hermandad era normal al principio de sus vidas. Los niños no son conscientes de sus diferencias. Luego eran obligados a ocupar su lugar. Unos se ponían a trabajar de aprendices artesanos y otros podían seguir sus estudios. En mi opinión aquello no era la Arcadia perfecta sino un modelo colonial injusto y anacrónico ya en los sesenta.

Los ‘pied noir’ lo consideraban una provincia gala, en ese caso la única en la que la gran mayoría carecía de los mismos derechos que la minoría europea. Es un tema delicado y entre nosotros ha habido diferencias que superar para contar la historia y primar la personal de Pierre y sus amigos.  Pero sí, tuvo que resultar traumático abandonar todo en 24 horas y partir hacia lo desconocido.

La independencia de Argelia fue hace relativamente poco y allí vivían muchos españoles, especialmente alicantinos. Sin embargo, se habla poco de aquello.
Recordarlo con una actitud positiva me parece adecuado, no con victimísmo y rencor aunque, por lo que sé, los supervivientes ‘pied noir’ aún se sienten discriminados, olvidados y maltratados. Por otra parte se cumplen para todos los 50 años del fin de la guerra, y habría que escuchar también cómo lo vivieron los árabes.

Si se realiza la versión francesa del libro, algo posible, me gustaría mucho que se distribuyera  en Argelia, y ver su reacción. He contado con la opinión de amigos argelinos al escribir el guión porque ya conocía la de los franceses y me parecía importante que las opiniones que surgen en la historia fueran corales. Cada uno tenía sus razones para actuar de una manera. Y a nivel individual, todos los colectivos que aparecen en la novela salen bien parados, eran buena gente.

Al nordeste de Arzew refleja los últimos años de la Argelia colonial

Al nordeste de Arzew refleja los últimos años de la Argelia colonial

¿Cómo fue la integración de los ‘pieds noirs’ una vez regresaron a Francia, España, Canadá…? Sería duro sentirse extranjero en tu propio país…
Sí, debió ser duro. Aunque todos se sentían franceses, volvían a una tierra de la que no habían partido sus ancestros, y existían muchos aspectos sociales y culturales diferenciadores. En Francia no esperaban esa avalancha de casi un millón y, tras el rechazo inicial de muchos alcaldes del sur, donde se agruparon, se diluyeron entre el resto de franceses, quizás acomplejados por su origen.

A  muchos, el gobierno les dio trabajo o pensiones, y vivienda, y por  primera vez muchos ‘pied noir’ tuvieron nevera o retrete. Por eso cuando hablan de tragedia humanitaria me parece que abusan del victimismo, aunque se produjeron matanzas. Pero son los mismos que se olvidan de los cientos de miles de víctimas árabes, o de los miles de soldados franceses muertos por ayudarles. Todavía hay gente que añora ese pasado y no lo superó.

En la España de la época, en cambio, fueron un soplo de aire fresco que trajo progreso y modernidad, inversiones, cultura, música y moda yeyé que venía desde el moderno Argel y Orán a quedarse en la tierra de sus antepasados, sobre todo en Alicante, donde empezó un cambio.

Pierre, el protagonista de la historia sueña con los aviones

Pierre, el protagonista de la historia sueña con los aviones

¿Qué ha sido lo más complicado a la hora de trasladar esta historia al cómic?
En el tebeo hay que ser muy sintético sin que se note y equilibrar dibujo y texto. Yo quería realizar páginas sin márgenes interiores, pero que no fueran pesadas a la vista, y con el color lo hemos conseguido. En lo narrativo el guión salta en el tiempo hacia delante y hacia atrás, los protagonistas pasan de los 6 a los 14 años y físicamente se debía notar.

Ha habido que documentarse mucho y leer, que se entendiese el conflicto a partir de la historia de pequeños personajes anónimos, secundarios. Que surgiesen las diferentes opiniones, y olvidar la nuestra. Sin ser tendencioso hacia uno u otro bando, pero sin ofender a nadie.

Lo más complicado ha sido mantener el peso de la historia individual sobre el trasfondo, y llegar a emocionar e interiorizar con personajes dibujados y bocadillos, hacerles evolucionar y crecer. En el tebeo no hay sonido ni movimiento, y puedes marcar el ritmo, pero la velocidad la marca el lector. Y creo que un buen libro ha de hacerle pensar.