QR, la nueva era bidimensional

Quien se topara con ellos por primera vez podría definirlos como cuadritos llenos de cuadritos. Alguien con más ojo diría que son algo así como códigos de barras sin barras. Pero cada vez son más los que ven en los Códigos QR una nueva forma de acceder instantáneamente a cualquier tipo de contenido multimedia. Una puerta bidimensional hacia el conocimiento

QR, la nueva era bidimensional

En realidad todos ellos tendrían parte de razón. En esencia los Códigos QR (quick response) son muy similares a los códigos de barras pero con algunas diferencias que los hacen especialmente atractivos. La primera de ellas es que son capaces de almacenar mucha más información, bien sean cifras (7.089 dígitos), letras (4.296 caracteres) o direcciones de Internet (2.953 bytes de código binario) y para descifrarlos basta con tener instalada cualquiera de las aplicaciones gratuitas que existen para el móvil. Su segunda gran ventaja es que se trata de una tecnología libre y de lenguaje abierto. Cualquiera puede crear fácilmente (y gratis) un Código QR.

Detrás de este mural de códigos QR se esconde un manual de diseño en 3D. Foto, Thomas Modeen

Detrás de este mural de códigos QR se esconde un manual de diseño en 3D. Foto, Thomas Modeen

Su invención la debemos a la empresa japonesa Denso-Wave (una firma del grupo Toyota), que en 1994 concibió esta tecnología para el registro de repuestos del automóvil, pero decidió no ejercer sus derechos sobre la patente. Si a esto añadimos la reciente entrada en escena de los smartphones con conexión a Internet, tenemos el caldo de cultivo perfecto para crear un potentísimo instrumento de comunicación y márketing.

La palabra mágica es ‘gratis’

Los QR no han sido los únicos que han querido irrumpir en el mercado de la telefonía móvil. Hay muchos que lo han intentado sin obtener resultado. El caso más conocido es el de los códigos Bidi impulsados por las tres grandes compañías de telefonía de nuestro país. David Castañeda, experto en comunicación digital de Selenus, nos ayuda a entender el por qué de este fracaso. «Las tres compañías alcanzaron un acuerdo en 2009 para promocionar estos códigos con un fin eminentemente comercial. Pero los Bidi son un código cerrado, lo que significa que solo pueden ser descifrados por un lector específicamente creado para los teléfonos de estas compañías. Y para generarlos, solamente cabe una opción: pagar. Esto supone una clara desventaja frente a los Códigos QR, que pueden ser escaneados por cualquier smartphone, en cualquier lugar del mundo, y para crearlos solo se necesita cualquier generador que encontremos en la Red.»

Código libre y a coste cero. Aquí está la clave del éxito. Existen lectores gratuitos para cualquier tipo de smartphone y el funcionamiento siempre es el mismo. Al contrario de lo que piensa mucha gente, no se trata de hacer una foto al código. Simplemente la aplicación abre un lector que se sirve de la cámara del teléfono para capturar el Código QR y descifrar su contenido en nuestra pantalla al instante.

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Victoria secrets

'Descubre el secreto de Candice' Foto, Victoria Secret

Aunque han tardado en popularizarse en España, hoy en día estos códigos ya están instalados en casi todos los ámbitos. Según David, «la auténtica explosión la datamos a partir del segundo trimestre de 2011, cuando empezaron a ‘florecer’ en anuncios, vallas, folletos, tarjetas… El auténtico valor de un Código QR reside en la estrategia (que capte la atención de la gente) y en los contenidos (que resulten útiles y atractivos). Nadie que lea un ‘Síguenos en Facebook´ en un cartel lo hará al llegar a casa porque ya no recordará el anuncio. Pero si escanea el código, la conexión es instantánea. Mientras el público obtiene una información exclusiva al instante, el propietario del código puede medir el impacto con precisión: el número de escaneos, la procedencia, los horarios… ¿Qué soporte físico supera eso? Y lo que es más importante: al escanear, es el usuario el que se toma la molestia de preguntarte qué ofreces. El sueño de cualquier responsable comercial.»

Por eso se empiezan a ver en todo tipo de campañas: desde inmobiliarias que incluyen en los carteles QR con fotos y características de las viviendas, hasta tiendas que los colocan en los escaparates para facilitar la venta online cuando el local está cerrado. Recientemente, medios como el diario Qué! o El Periódico de Catalunya han introducido en las noticias Códigos QR que ofrecen a sus lectores la posibilidad de ampliar la información o acceder a contenidos multimedia (por ejemplo, una entrevista en vídeo). El límite está únicamente en nuestra imaginación.

¿Qué esconder tras un QR?

Las empresas de publicidad son conscientes del potencial que supone esta tecnología, pero no todos saben cuál es la forma correcta de utilizarlos. ¿Qué debemos ofrecerle al usuario para que se tome la molestia de escanear nuestro QR? No existe la fórmula mágica pero sí algunas claves. «Los códigos QR son el eslabón perfecto para conectar Internet con la vida real. Pero se han convertido en una moda ‘peligrosa’ en España: todo el mundo quiere tener uno sin preocuparse por el contenido que ofrecen o cómo lo presentan. Estamos cansados de escanear códigos que llevan a páginas web que no están adaptadas a dispositivos móviles, o que simplemente te cuentan que su empresa es la mejor.

Si no ofreces un valor añadido, si no entiendes que la gente no está dispuesta a leer 13 párrafos en su teléfono móvil, o si colocas el código en un lugar en el que tienes que hacer malabarismos para escanearlo, no entiendes para qué sirve un QR. Nuestra primera pregunta a los clientes es ‘¿Por qué deberían escanear tu código?’. Un QR es más novedoso, pero tan ‘democrático’ como una página web: todo el mundo puede tener una.»