Al borde del colapso judicial



No es necesario ser un delincuente para entablar relación con la justicia. Todos debemos pasar por el Registro Civil a inscribir a nuestros hijos, notificar una defunción o formalizar un matrimonio. Accidentes de tráfico, seguros, hipotecas e incluso insultos entre vecinos se acumulan por cientos en las dependencias judiciales de la Comunitat Valenciana.

Al borde del colapso judicial
Montones de expedientes por resolver se amontonan en los juzgados de la Comunitat Valenciana.

Montones de expedientes por resolver se amontonan en los juzgados de la Comunitat Valenciana.

Por lo general, el de Administración de Justicia es un servicio del que se habla mucho, pero se sabe poco. Según el último estudio que presentó el Consejo General del Poder Judicial en mayo del año pasado, solo la provincia de Alicante ya concentraba los tres Juzgados de Primera Instancia más sobrecargados de toda España: en Torrevieja, Benidorm y la ciudad de Alicante.

La situación en el resto de jurisdicciones de la Comunitat Valenciana no es mucho mejor. Según la Conselleria de Justicia, los juzgados de la comunidad gestionan el 11,4% de la carga procesal de toda España y estamos en el cuarto puesto por número de asuntos ingresados o tramitados por jueces. Un buen ejemplo de este embudo en la justicia se encuentra en la ciudad de Alicante. La afluencia de asuntos es tan grande que, para poder asumir un ritmo de trabajo que permitiera resolverlos en un tiempo razonable, haría falta la creación de 14 nuevos juzgados. De hecho, en muchos de los que ya existen se está señalando vistas para el año 2013.

La crisis también afecta

¿Cómo se ha llegado a esta situación?. Para Juan Carlos Cerón, decano de los jueces alicantinos, hay varios factores que han desembocado en esta situación de colapso. “Hoy estamos padeciendo una crisis y, como tal, a nosotros también nos afecta. En mayor medida, si cabe, ya que hay determinados procesos que se han multiplicado sin que se hayan incrementado los medios y nos han inundado los juzgados de trabajo. No se trata de que la justicia vaya lenta, es que se ha generado un volumen de trabajo tan grande que está creando listas de espera”.

El número de juicios que se pueden celebrar al día es limitado, tanto por tiempo, como por el número de jueces disponibles o el espacio físico. Los diferentes juzgados deben turnarse para compartir las salas de vistas disponibles, por poner un ejemplo. Y este es el gran problema que están padeciendo jurisdicciones como la Social, la Primera Instancia o la Mercantil. “Tal es el volumen de asuntos, de ejecuciones, de desahucios, de impagados… que no se pueden asumir con los mismos medios que teníamos hace siete años, antes de que estallara la crisis”.

Y es que, en este sentido, los números hablan por sí solos. Según datos del último informe presentado por el Decanato, solo en el partido judicial de Valencia las demandas de ejecuciones hipotecarias pasaron de las 301 que se registraron en 2006 a las 1492 del año pasado, lo que supone casi un aumento del 400%.

El trabajo que no se ve

Cuando un ciudadano acude a la justicia, su principal interés es que el problema se resuelva pronto. Como puntualiza Cerón, “cada asunto para la persona a la que atañe es el más importante. Incluso puede que sea la única vez que vaya a tener que relacionarse con la Administración de Justicia. Por eso, la falta de medios y jueces disponibles la suplimos con una carga de trabajo extra. El verdadero horario del juez empieza por la tarde, cuando tras el juicio examina todos los datos y elabora la sentencia”.

Vista del interior de la Ciutat de la Justicia de Valencia, uno de los mayores complejos judiciales de la Comunitat pero que no ha resulto el colapso de algunas jurisdicciones.

Vista del interior de la Ciutat de la Justícia de València, uno de los mayores complejos judiciales de la Comunitat pero que no ha resuelto el colapso de algunas jurisdicciones.

“El trabajo que llevamos a cabo físicamente en el juzgado, es la celebración de vistas, las toma de declaraciones, y otro tipo de procedimientos que sólo pueden hacerse en la oficina judicial, pero el objetivo final es poner una resolución. Esta la realiza el juez solo. No cuenta con ningún colaborador ni puede delegar en terceras personas que le ayuden. Ello conduce a que los jueces, tras la jornada laboral, trabajen en sus casas, bien sea por las tardes, por las noches o los fines de semana, en función de la importancia y el volumen de asuntos”.

Hace falta cambiar la Ley

Si uno de los grandes problemas a nivel de justicia Civil, Social o Mercantil lo encontramos en la crisis, en el ámbito Penal el problema es más complejo y hay que buscarlo en la propia ley. Es raro el mes en que la prensa no se sorprende con una sentencia chocante, injusta a los ojos del ciudadano o de difícil comprensión. ¿Cómo es posible que un juez deje libres a determinados criminales? ¿Cómo se explica que la justicia deje impunes determinados actos delictivos? Para Cerón el problema en estos casos debe buscarse en la propia ley: “Nuestro papel como jueces no es juzgar la ley, sino aplicarla. Una sentencia puede llamar la atención, pero en el momento en que se explica y se lee con detenimiento la sociedad la entiende”.

“Cuando existe una sentencia que puede parecer llamativa o un poco absurda, hay que tener en cuenta que siempre se tratará de una aplicación de nuestra legislación. Y si consideramos que nuestra legislación no está bien, lo que debemos hacer es cambiarla, y para eso están los políticos. Un juez no tiene poder para cambiar una ley o actuar en contra de ella”. Y en este punto el Decano de los jueces de Alicante no lo duda. “La ley de enjuiciamiento criminal tiene más de cien años, por lo tanto esa ley para el siglo XXI no nos sirve, técnicamente hablando. Es una ley a la que se le han ido añadiendo parches y hemos llegado a un momento en el que ya no admite ninguno más. Habría que cambiarla desde el artículo primero hasta el último”.

Un sistema que no da abasto

Prado Sastre es la juez titular del Juzgado de Primera Instancia Número 1 de Torrevieja. Llegó a este juzgado hace apenas un año y desde el primer momento supo que no sería fácil poner las cosas al día. “La carga de trabajo heredada es muy grande. Es frustrante abrir un armario del juzgado y comprobar que todavía hay expedientes sin resolver desde el año 2002”. Y es que aunque existan causas acumuladas de otros años es crucial no dejar apartado todo aquel asunto nuevo que llega. “Nosotros tenemos ya en la agenda vistas señaladas hasta mayo del 2013. Intentamos exprimir las horas al máximo, este jueves, sin ir más lejos celebramos 15 juicios verbales solo en una mañana”.

Pero no hay que olvidar que no se trata de una labor mecánica. Aunque a simple vista puedan resultar parecidos, cada caso es único y también lo debe ser su resolución. El verdadero trabajo del juez es básicamente el estudio y el análisis de las particularidades de cada asunto. “Por muchos años que hayas estudiado y aunque lleves mucho tiempo preparándote, siempre va a haber imprevistos y situaciones particulares en las que no te queda más remedio que utilizar el sentido común”, apunta Sastre . Aunque para ella el mayor problema lo encuentra a la hora de citar a quien debe intervenir en el juicio. “Parece mentira que con los avances tecnológicos que existen hoy en día, tengamos muchísimos aplazamientos porque es imposible localizar a la gente”.

Los ‘otros jueces’

El acceso a la Carrera Judicial es largo y complicado. Sastre aún tiene reciente el recuerdo de la oposición. “Para inscribirte a la oposición es indispensable ser licenciada en Derecho. Después debes superar tres exámenes con un temario más de 300 temas. El primero es escrito y en los dos últimos debes defender frente a un tribunal cinco de los temas elegidos al azar durante 60 minutos”.

El tiempo medio para sacar esta oposición ronda los cuatro años de estudio, pero aquellos que consiguen aprobar, aún deberán esperar dos años más hasta llegar a su destino. La formación de los futuros jueces se complementa con un curso anual en la Escuela Judicial de Barcelona y otro año de prácticas en diferentes juzgados tutorados por un juez veterano. Como afirma Cerón, “con esto se garantiza que cuando un juez de carrera llega a su juzgado es capaz de desempeñar el cargo con todas las garantías y trabajar para los ciudadanos de la mejor forma posible”.

Pero en la práctica, hay muchas veces que esto no es así. Uno de los grandes problemas a los que se enfrentan los que trabajan en justicia, y por extensión los ciudadanos, es el de la falta de preparación de mucho de su personal. Aunque parezca difícil de creer muchos de los ciudadanos ignoran que en ocasiones sus asuntos están siendo juzgados por personas que no son jueces de carrera y cuyo único requisito es el de ser licenciados en Derecho. Este es el caso de los llamados ‘jueces sustitutos’. Un figura que nació con el objetivo de suplir bajas y situaciones puntuales pero que, en muchos casos, ha provocado que muchos de ellos permanezcan años actuando en lugar de los titulares. Este es un asunto, en palabras de Cerón, que debe “revisarse puesto que no tiene sentido que exijamos tanta preparación a los compañeros que entran a la Carrera Judicial y que después los jueces sustitutos entren únicamente con la carrera de derecho. Bien es cierto que lo hacen de forma interina, y para cubrir bajas y vacantes, pero efectivamente habría que cambiarlo”.