El ecosistema parlamentario valenciano

Un ecosistema es un sistema natural que está formado por un conjunto de organismos vivos y el medio físico donde se relacionan. Un ecosistema es una unidad compuesta de organismos interdependientes que comparten el mismo hábitat. Así, podríamos decir que las Corts Valencianes es un conjunto de animales políticos que…

El ecosistema parlamentario valenciano

Un ecosistema es un sistema natural que está formado por un conjunto de organismos vivos y el medio físico donde se relacionan. Un ecosistema es una unidad compuesta de organismos interdependientes que comparten el mismo hábitat. Así, podríamos decir que las Corts Valencianes es un conjunto de animales políticos que comparten el hemiciclo como hábitat natural: el ecosistema parlamentario.

El hemiciclo. Foto: Corts Valencianes.

El hemiciclo. Foto: Corts Valencianes.

Las Corts Valencianes es un pequeño ecosistema dentro de la administración valenciana que, aunque depende económicamente de la Generalitat Valenciana, se administra de forma autónoma con el objetivo de mantener la independencia del poder legislativo. Además, cumple funciones de control y es el encargado de aprobar las cuentas de la propia administración valenciana.

En este ecosistema, ubicado en el Palau de Benicarló (siglo XV), en la ciudad de Valencia, conviven los diputados, asesores y demás personal de los grupos parlamentarios, con toda una corte de personal al servicio del funcionamiento de la institución. Alberga servicios de cafetería y restaurante, limpieza, seguridad, salud, documentación, mantenimiento, reprografía, comunicación. El animal político casi no puede echar nada en falta para desarrollar su labor parlamentaria. Se trata de una mole burocrática que consume cerca de 30 millones de euros al año de las arcas públicas.

Desde la lejanía, todos los pobladores de las Corts pueden parecernos iguales, pero conforme se acerca el microscopio advertimos toda una gama de colores y tipos de diputados (99 en total). Eso sí, les iguala el sueldo base de 2.360 euros al mes en caso de mantener una dedicación exclusiva, a lo que hay que añadir dietas por reuniones de comisiones, y en algunos casos dietas por desplazamiento. En total, el sustento del ejemplar típico de diputado en las Corts puede rondar los 33.000 euros al año.

El jardín del parlamento valenciano es conocido por albergar un ficus de 1850. Foto: Corts Valencianes.

El jardín del parlamento valenciano es conocido por albergar un ficus de 1850. Foto: Corts Valencianes.

En el ecosistema parlamentario podemos encontrar varias clases de diputados. Están los que se limitan durante casi cuatro años a aplaudir las intervenciones de sus compañeros desde sus confortables escaños o a abuchear al oponente. Para este tipo de parlamentario las horas de debate se hacen muy largas y por eso matan el tiempo con los ordenadores o los teléfonos de nueva generación que se les proporciona. En más de una ocasión ha ocurrido que, al abrigo del escaño, han tratado de acomodarse tanto que han acabado dando con sus huesos en el democrático parqué del hemiciclo. La función básica de este tipo de diputado es votar las iniciativas que se debaten.

Están aquellos que, por contar con escasas intervenciones desde la tribuna de oradores, buscan su momento de gloria con elaborada oratoria. Éstos reciben el aplauso de los suyos y la sorna de los oponentes. Poco trabajo, pero que parezca bien hecho, deben pensar. Finalmente, y casi como excepción, tenemos a los diputados más avezados en el arte del debate; capaces de jalear a los suyos y ponerles de pie para dotar de estruendo, que no siempre de razón, sus argumentos. Al final, acuerdos pocos porque la verdad de un argumento depende del hemisferio parlamentario desde el que se exprese.

Se trata de una mole burocrática que consume cerca de 30 millones de euros al año de las arcas públicas

Dentro de la vida parlamentaria hay incidencias, momentos para la gloria o para la pena, para mostrar lealtad o traición, para la vida y la muerte. En este último caso, cabe recordar el infarto del que fuera presidente de la Cámara, Vicente González Lizondo, durante un debate del pleno de las Corts. Falleció días después. Menos dramático pero también sonado fue el desmayo de la portavoz de Esquerra Unida, Glòria Marcos, motivado por la tensión dentro de su propio grupo, tras ser expulsada de la coalición Compromís.

Sala dels Pinazo, donde se celebra la Junta de Portavoces. Foto: Corts Valencianes.

Sala dels Pinazo, donde se celebra la Junta de Portavoces. Foto: Corts Valencianes.

Las tensiones no se viven sólo por la crispación del debate entre diferentes formaciones. En el seno de un grupo parlamentario hay lugar para las rencillas entre compañeros, como la que llegó a provocar que diputados zaplanistas hicieran un plante durante el debate de un plan del Consell que en ese momento gobernaba Francisco Camps. Pero, con el tiempo, Camps hizo de su grupo una guardia pretoriana que le rendía pleitesía y saludaba con aplausos sus llegadas y salidas al hemiciclo. Los diputados deben ser hábiles para arrimarse a la mejor ascua si pretenden perpetuarse en la Cámara.

Famosas y cercanas a la memoria son las camisetas de la diputada de Compromís Mónica Oltra, cuyos mensajes han sacado de quicio a más de una de sus señorías. O la piedra que dejó caer el menudo portavoz socialista Ángel Luna para responder a la frase: “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”, en alusión a la corrupción en medio de la investigación del caso Gürtel.

Especialmente largo y laborioso es el debate y aprobación de los presupuestos de la Generalitat, que finaliza casi con la Navidad llamando a las puertas de los valencianos. Esta situación ha llevado a que, en una ocasión, un diputado aparcara sus esquís en su escaño para salir disparado y no perder ni un segundo en aprovechar las vacaciones navideñas, pues su familia le esperaba para marcharse de viaje. Por estas fechas, sus señorías se convierten en centrales de venta de lotería y el hemiciclo en un rastro para el inercambio o la compra de boletos.

Como en cualquier grupo, hay líderes, portavoces: aquellos que se sientan en primera fila y son los encargados de transmitir el mensaje y batirse en duelos dialécticos con los oponentes políticos. Sin embargo, en el ecosistema parlamentario, la vida de un jefe puede ser muy corta. Cuando el grupo pierde la fe y la confianza en uno de sus abanderados, lo envía a la retaguardia, a esperar a que languidezca su llama política y a esperar a que nadie se acuerde de ellos. Eso sí, los 2.360 euros al mes no se los quita nadie. Se lo han ganado. Lo que la democracia ha unido que no lo deshaga el hombre.

El sustento del ejemplar típico de diputado en las Corts puede rondar los 33.000 euros al año

La descripción de un entorno en el se que aprueban la cuentas de la administración pública, que valida y elabora leyes, que representa a los valencianos y se encarga de controlar la labor del Gobierno autonómico debería ser un nido de hormigas laboriosas que, con orden y sin descanso, buscan el bien de la colonia. Sin embargo, es fácil encontrar escaños vacíos o diputados cuya atención al debate parlamentario apenas les da para votar correctamente (según lo que se haya ordenado desde sus filas).

Esta puede ser la descripción del ecosistema parlamentario pero, como incluso entre los más santos los hay que hasta que no han visto no han creído, solo puedo decir una cosa: pasen y vean.