“Ahora todo el mundo tiene algo que decir”



Jacobo Méndez es un parado más, pero con una diferencia sustancial. Este “bohemio”, como se define, de 45 años, ha ganado el Premio Ortega y Gasset de periodismo gráfico 2011 por su fotografía ‘Plaça del 15 de maig’. Aprendió el oficio de fotógrafo de su padre cuando vivían en El…

“Ahora todo el mundo tiene algo que decir”

Jacobo Méndez es un parado más, pero con una diferencia sustancial. Este “bohemio”, como se define, de 45 años, ha ganado el Premio Ortega y Gasset de periodismo gráfico 2011 por su fotografía ‘Plaça del 15 de maig’. Aprendió el oficio de fotógrafo de su padre cuando vivían en El Salvador. Su destino está ahora en Nepal.

"Compartí la foto y en una hora tenía más de 10.000 visitas. Se me pusieron los pelos de punta. Tuve una sensación tremenda". Foto: Jacobo Méndez

"Compartí la foto y en una hora tenía más de 10.000 visitas. Se me pusieron los pelos de punta". Foto: © Jacobo Méndez

¿Qué tal la entrega de premios? ¿Te va ese glamour?
Para mí es la espuma de la ola. Es aparatoso, bonito, pero no es lo que me interesa. Lo bueno es lo que deje esa ola, las ganas de empezar a exponer y a moverme. Aquello fue divertido, pero nada más. Y es interesante conocer a alguna gente, por supuesto.

¿Te impactó alguien especialmente?
Gabilondo. Me hizo ilusión conocerle. Y Soledad Puértolas también. Y se hacen contactos que vienen muy bien.

¿Cómo le dicen a uno que ha ganado el Premio Ortega y Gasset?
Te llama un miembro del jurado por teléfono y te lo comunica, y te dan la enhorabuena. Estaba en casa. Me sentí bien, muy satisfecho. Tampoco sentí excesiva alegría, no me puse a dar saltos. A lo mejor es porque me pilla ya con 45 años. Tal vez si fuera más joven me hubiera hinchado como un globo. Pero no.

¿Cómo sacaste la foto?.
Faltaban dos días para las elecciones, sabía que en Valencia estaba el tema calentito y cogí la cámara y me fui a ver. Empecé a hacer fotos, y vi que un grupo corría por un lateral de la Plaza hacia el edificio de Correos. Corrí, me adelanté un poco para ver qué iban a hacer, para situarme y, cuando se pararon, empecé a disparar. Me coloqué para atrás porque la calle te deja estar un poco más en alto, vi que el ángulo era precioso, un encuadre muy chulo, y nada, hice las fotos. Al llegar a casa, vi que ésa era muy buena. Enseguida pensé en compartirla, porque me pareció que podría ser interesante para la gente. Pedí a dos tuiteros con muchos seguidores si me podían ayudar a difundirla, y uno me contestó que las cosas buenas se difunden solas, y me ayudó.

“Cuando me comunicaron el premio no me puse a dar saltos. A lo mejor es porque me pilla ya con 45 años. Tal vez si fuera más joven me hubiera hinchado como un globo. Pero no”

Y después, la tormenta.
Sí. En una hora tenía más de 10.000 visitas. Ahí sí que se me pusieron los pelos de punta. Tuve una sensación tremenda. Me colapsaron el correo, muchas menciones en Twitter, cientos de comentarios en Flickr, eso sí fue emocionante. Y a las dos horas me enteré de que en El País querían ponerse en contacto conmigo. Les llamé, y era la redactora jefe, que la querían para la portada del día siguiente.

Me imagino que a cambio de una gratificación…
Sí, claro, me pagaron por publicarla. No tanto como yo creía, pero sí (risas).

Portada de nacional.
Sí, a tres columnas.

¿Qué pensaste cuando la viste publicada?
Fue una satisfacción tremenda. Me crié desde los tres años hasta los 19 o 20 en El Salvador. Allí viví la guerra civil. Mi padre, que era fotógrafo publicista, salía todos los días a cubrir lo que pasaba: tiroteos, desalojos de iglesias, la guerrilla… Estaba siempre ahí metido. Yo tenía miedo pero, al mismo tiempo, me encantaba, lo admiraba, y quería ser reportero gráfico, de los que se juegan la vida. Tuve mi réflex muy pronto, mi padre vio que tenía interés, y me la dio, y me puse a trabajar haciendo fotos para la prensa, en la calle, y también en estudio. Vine a España, y he hecho de todo. Me he dedicado a la pintura, al grabado, y también he trabajado en infinidad de cosas, como hemos hecho todos. Pero la fotografía siempre ha estado ahí. Curiosamente, a estas alturas, me dan un Ortega y Gasset por algo que era mi vocación desde que era pequeño, y yo encantadísimo.

Otra de las imágenes de la serie 'Spanish revolution' de Jacobo Méndez (@precaudito) en Flickr. Foto: Jacobo Méndez

Otra de las imágenes de la serie 'Spanish revolution' de Jacobo Méndez (@precaudito) en Flickr. Foto: © Jacobo Méndez

¿Ahora te dedicas profesionalmente a la fotografía?.
Ahora mismo estoy en el paro. Hago mis exposiciones, mis cositas. Me fui en octubre pasado, en un viaje de búsqueda personal, a Nepal, de mochilero, y fue increíble. Me quedé con las ganas de echarles una mano de alguna manera y, ahora, gracias al premio, puedo irme este año otra vez con dos ONGs que descubrí allí, que tienen orfanatos, y que ayudan a las mujeres a salir de las condiciones miserables de vida en las que están. Vuelvo para allá a ayudarles en un proyecto fotográfico, para difundir su labor.

¿La foto te ha cambiado la vida?
La vida no, me ha cambiado la perspectiva. Ahora tengo por delante el segundo viaje a Nepal gracias a la foto. Pero nadie me ha ofrecido un trabajo. Eso sí, ahora me abren las galerías, tengo más posibilidades y puedo exponer, por ejemplo, las fotos que hice en Nepal.

¿Esperabas que te abrieran más las puertas en lo laboral?
Pues no lo sé. Tal vez sí que espero que me abran las puertas, pero más a nivel free-lance. Tal como estoy haciendo las cosas, me está funcionando. De momento prefiero no ir a fichar. Siempre he sido bohemio y, si puedo seguir siéndolo, encantado. Desde luego, no voy a desechar nada que me ofrezcan, lo pensaré muy bien. Pero los proyectos que tengo me van a ocupar una temporada y tengo la tranquilidad de poder realizarlos.

¿Qué cualidades debe tener un buen fotógrafo?.
Hay que tener una base técnica. Pero tiene que haber un punto de intuición y gusto, de saber mirar. Ver con ojo crítico. Ver la luz. Quizá por pintar, o por lo que sea, observo mucho la luz. En cualquier secuencia de movimientos hay fracciones de gran belleza, aunque sean momentos duros. He visto la exposición en Madrid de Gervasio Sánchez y hay cantidad de fotos de Ruanda, El Salvador, sitios tremendos, y ves belleza. Una dureza tremenda, pero ves belleza. La fotografía es saber encontrar ese momento de belleza donde sea para comunicar.

¿Entenderías que los fotógrafos profesionales sintieran recelo porque se premia a un no profesional?
No. He tenido apoyo de un montón de fotógrafos, y también he notado recelo de otros. Pero me da igual. Cuando haces algo, tienes que esperar que haya críticas de todo tipo. No me importa que se critique que no soy fotógrafo profesional. Yo soy fotógrafo. No estoy en plantilla, pero mi trabajo es el que habla.

¿Qué te parece cómo ha ido este primer aniversario del 15M? ¿Compartes sus postulados?
Por supuesto, comparto el descontento general. No soy militante activo, pero lo comparto. El estado en el que están las cosas es increíble, hay que protestar. No nos podemos quedar callados.

¿Es lo que te movió a hacer la foto aquél día?
Yo fui a las movilizaciones por mi cuenta para protestar pero, cuando iba a hacer fotos, iba a hacer fotos. Debes mantenerte al margen, tener empatía para captar el mensaje, pero mirar siempre a través del objetivo, buscando fotos. Así lo entiendo yo. No puedes estar en las dos cosas. Si intervienes, no puedes hacer fotografía de prensa.

“No me importa que se critique que no soy fotógrafo profesional. Yo soy fotógrafo. No estoy en plantilla, pero mi trabajo es el que habla”

¿Tiene futuro el 15M?
Veo que se intenta criminalizar al movimiento, y tiene un futuro difícil por eso, pero no hay por qué parar. Confío en que tarde o temprano la situación cambiará. Igual tiene que haber algo brusco, un colapso. El sistema tendrá que caer en algún momento. Será doloroso pero, si hace falta eso para que haya un cambio, pues tendrá que pasar. Esto no se sostiene más.

Ahora no hay acampadas como hace un año…
Bueno, hay que saber cambiar de estrategia y adaptarte a los tiempos. No puedes pretender usar una fórmula que en su momento funcionó pensando que va a funcionar también ahora. Cambia el contexto, la situación… Pero bueno, tampoco creo que mi opinión política importe mucho…

Entonces, tu futuro inmediato pasa por Nepal.
Sí, con las ONG CIDEN y EducaNepal.

No es un país que suene mucho en la cooperación internacional.
No, yo tampoco conocía nada hasta que me fui. Allí conocí gente. Me sorprendió la miseria que hay, en qué condiciones están. Y la cantidad de personas de aquí que echan una mano.

Portada de El País del sábado 21 de mayo de 2011 con la imagen de Jacobo Méndez.

Portada de El País del sábado 21 de mayo de 2011 con la imagen de Jacobo Méndez.

Para hacer una foto de aquella realidad o de una manifestación aquí, ¿se puede tener la misma actitud?
Tienes que saber mantenerte en lo que estás, y no implicarte demasiado. Hubo una foto que no hice, una gran foto, pero no tuve fuerzas. Era un niño esnifando pegamento en el suelo, de ocho años, con los ojos en blanco, con convulsiones, y me impliqué tanto que no pude hacer la foto. Me parecía una falta de respeto horrible. Quizá la tenía que haber hecho.

Pero lo que se valora precisamente es no tener excesivos escrúpulos, ¿no?
Creo que tiene que haber sensibilidad, pero también fuerza para poder transmitirlo sin derrumbarte. No te puedes implicar. No creo que haya un solo reportero de guerra que, en el momento de disparar, no esté centrado en hacer fotos sin implicarse, porque puede ser espantoso.

Una curiosidad, la foto premiada, ¿por qué en blanco y negro?
Primero, porque me encantan. Y segundo, porque me pareció que tenía una fuerza que conectaba con las emociones de revoluciones anteriores. No pensaba que iba a tener la repercusión que tuvo y la hice como a mí me gustó.

¿Fue una ráfaga, o un disparo?
No me gusta hacer ráfagas, hago disparos, varios, pero la ráfaga no me gusta. Hago disparos rápidos y tiro un poco de intuición. Compones, y hay un momento que intuyes que es el adecuado para pulsar el botón.

A mí me dio la impresión de que, en aquellos días, mucha gente hizo muy buenas fotos.
Puede ser. Lo bueno es que ahora todo el mundo tiene algo que aportar, ahora no hay límites, no es como antes que, si no eras un profesional que se podía gasta un dineral en un equipo y tenías el apoyo para poder publicar, no podías hacer nada. Ahora todo el mundo tiene algo que decir y lo puede decir. Muchas veces la espontaneidad de la gente de la calle supera a los que hacemos fotografías de toda la vida, porque tiene frescura. Hay mucha basura, y mucha gente que lo hace bien.

Es decir, apuestas porque cada uno pueda ser contador de la realidad.
Claro, cuánto más plural sea la información, mejor, más veraz será. La mentira saldrá más a la luz cuanta más gente haya delatándola.


Fotos: © Rafa Honrubia

Victorias y derrotas del #12M15M


Un año después de la explosión del 15M, el movimiento pasaba el examen de su primer aniversario en Valencia el sábado 12 de mayo. El estallido de indignación que llenó calles y plazas se sometía al escrutinio de los grandes medios y de sus propios componentes. Y ese ambiente ya se notaba desde antes del comienzo de la manifestación, en la Plaza San Agustín, donde todos se miraban, levantaban la cabeza y trataban de calibrar el impacto de la manifestación, menos multitudinaria que un año atrás.

Avanzando por la Calle San Vicente, la marcha ganaba el bullicio y los gritos habituales. Abría ‘Pobreza cero’ y la ‘Plataforma en Defensa de la Llei de Dependència’, y representantes de los sindicatos de trabajadores de la enseñanza con lápices gigantes, y de los sanitarios, y la gente anónima de siempre, y una batucada, y también ‘dolçaina i tabal’, y las diferentes asambleas populares de barrios y pueblos, que han mantenido vivo el espíritu de las acampadas.

Y así, entre tambores y pancartas, entre niñas, niños, hombres y mujeres, y también algunos puestos de venta de cerveza y patatas fritas, discurrió una manifestación tranquila hasta que alcanzó la puerta principal del Ayuntamiento. La marcha quedó entonces detenida y empezaron a sonar las primeras vallas que caían al suelo. Algunos de los manifestantes querían recuperar el espacio que una decisión de Rita Barberá y su equipo les había arrebatado, colocando una ‘mascletà’ fuera de su lugar habitual, sin la protección necesaria para impedir el acceso de cualquiera con dos piernas y dos brazos.

Una docena de policías que vigilaban el perímetro recolocaron las dos o tres primeras vallas caídas. Pero no pudieron hacer nada cuando cayeron todas. La gente vio vía libre y se lanzó a la zona de fuegos entre gritos de disconformidad de otros manifestantes y los insultos de responsables de la pirotecnia, en estado de pánico. Una mujer alertaba a un hombre sobre el peligro de fumar encima de la traca. El hombre le respondía con media sonrisa que los petardos eran “de mentira”.

Al final de la Plaza, ‘Democracia Real Ya’ se desesperaba por la situación. “Celebramos la toma, pero no la compartimos. La única culpable es Rita Barbera”, se decía por megafonía, entre gritos a los manifestantes que se habían quedado rezagados. Alguien entonaba el ‘cumpleaños feliz’ y nadie le seguía.

Mientras, en el centro de la Plaza se organizó una asamblea dificultada por el retronar del helicóptero. En la madrugada apenas había medio centenar de personas y tres tiendas de campaña. A las 5, en plena noche, la Policía Nacional los identificaba e desalojaba a todos en una operación simultánea en varias ciudades de la península. Las asambleas y movilizaciones de protesta contra los CIEs y la banca han seguido en los últimos días, y hoy se ha convocado a una concentración contra Bankia en la calle Xàtiva.