Soledad Vélez, poderosa melancolía

Soledad Vélez habla de la misma manera que canta: con pasión y madurez pero sin perder la frescura de sus veinticuatro años. El pasado abril lanzó su primer LP, ‘Wild Fishing’ (Absolute Beginners), con sonidos sombríos, melancólicos y muy intensos, envueltos, cómo no, de folk y blues. Esta cantante chilena afincada…

Soledad Vélez, poderosa melancolía

Soledad Vélez habla de la misma manera que canta: con pasión y madurez pero sin perder la frescura de sus veinticuatro años. El pasado abril lanzó su primer LP, ‘Wild Fishing’ (Absolute Beginners), con sonidos sombríos, melancólicos y muy intensos, envueltos, cómo no, de folk y blues.

Soledad Vélez, en una actuación en la Sala Matisse. Foto: Ana Crespo.

Soledad Vélez, en una actuación en la sala Matisse. Foto: Ana Crespo.

Esta cantante chilena afincada en Valencia esboza una sonrisa sincera y algo tímida cuando le mencionan que varias personas ven paralelismos entre su música y la de Joan Baez o Patti Smith, uno de sus iconos “más importantes”. Dice sentirse inspirada también por otras mujeres con carácter como PJ Harvey, Billie Holliday, Feist, Cat Power o Violeta Parra. “La actitud que tienen es otra, no son dulces, son mujeres reales”, explica. “En algunas canciones del disco me he mostrado más dulce, pero también tengo tormentos”.

Soledad canaliza los tormentos (y muchas otras emociones) a través de su poderosa voz, grave y muy particular, que acompaña de percusión y de instrumentos como la guitarra, el teclado, el banjo o el ukelele. Sus letras, que define como “sencillas y muy repetitivas por influencia del blues”, evocan a menudo imágenes de la naturaleza, como el bosque, la montaña, el mar o los animales que habitan estos parajes. Es el caso de ‘Black Light in the forest’, ‘Sea man’ o ‘Wild fishing’, que da título al disco. La importancia de la naturaleza en su música tiene sus raíces en una infancia que califica de “difícil”. Desde muy pequeña, debido al trabajo de su padre, tuvo que desplazarse y vivir en diversos lugares de Chile. “Era complicado hacer amigos, y la mayoría de los lugares en los que vivimos eran pueblos perdidos en la playa, en la cordillera, en el campo… me sentía más cómoda estando entre árboles o en una roca en el mar que en la ciudad”, dice.

La cantante, que comenzó a componer sus propios temas con doce años, afirma que primero se interesó por el blues y sus sonidos “básicos y percusivos”, que ahora incorpora a sus canciones, aunque hasta llegar al folk también pasó por el punk y el rock. “Para componer hay que ser muy ecléctico, yo escucho de todo, hasta música clásica o reggaetón”, añade entre risas. A pesar de interesarse por la música desde muy temprano, decidió dedicarse exclusivamente a ella durante su primer curso en la universidad, cuando se dio cuenta de que no podría dedicarle tiempo a su pasión. “Entonces conocí a un músico que se interesó por mi proyecto, me acogió y me ayudó muchísimo. Nadie en mi entorno quería que me dedicara a la música, dejé las clases y busqué un trabajo para pagarme el pasaje a España, de donde era él”.

Desde que tomó esa decisión han pasado cuatro años, en los que además del LP que ahora presenta, ha publicado los EP ‘Four reasons to sing’ y ‘Black light in the forest’. Por el camino, se ha atrevido a componer y cantar en catalán, aunque de de momento prefiere expresarse casi siempre en inglés, el idioma que aglutina la mayor parte de sus influencias. Tras presentar sus canciones en España, tiene previsto ir a Reino Unido a finales de año, y también está planeando pasar por México y por su Chile natal, donde ya conocen su música gracias a la red.