Aquí también tiembla la tierra

Hace exactamente un año la tierra nos pilló desprevenidos. Esta vez no fue una inundación o un incendio. 15 eternos segundos de vibración bastaron para sumir al pueblo de Lorca en un caos del que hoy, 12 meses después todavía no se ha recuperado. Una historia con final amargo que…

Aquí también tiembla la tierra

Hace exactamente un año la tierra nos pilló desprevenidos. Esta vez no fue una inundación o un incendio. 15 eternos segundos de vibración bastaron para sumir al pueblo de Lorca en un caos del que hoy, 12 meses después todavía no se ha recuperado. Una historia con final amargo que podría haber pasado mucho más cerca de lo que pensamos.

Puede que resulte difícil de asimilar pero, los terremotos son un fenómeno habitual en provincias como Alicante, Murcia o Granada. La culpable es la zona de contacto entre las placas Euroasiática y Africana que, al encontrarse muy próxima a nosotros, crea cinturones de sismicidad muy comunes en las inmediaciones del sistema Bético y Pirenaico. O lo que es lo mismo al noreste y al sureste de la península. Quizá la frecuencia de estos ‘grandes’ terremotos, si la comparamos con la vida media del ser humano, pasa desapercibida para el común de los observadores, pero a lo largo de la historia, es raro el siglo en que no haya ocurrido una catástrofe similar.

Según el Instituto Geográfico Nacional, el primer gran terremoto del que existe constancia escrita en España, tuvo lugar en Orihuela en el año 1048. Un movimiento sísmico de intensidad VIII que destruyó por entero la mezquita con que contaba la ciudad en la época. Desde entonces la Comunitat Valenciana ha registrado gran cantidad de sismos documentados que provocaron destrozos importantes en poblaciones como Tavernes de la Valldigna, Muro de Alcoy, Estubeny o Montesa. Pueblos, que prácticamente tuvieron que ser reconstruidos de nuevo.

Un grabado de la época reproduce el terremoto de Torrevieja en 1829.

Un grabado de la época reproduce el terremoto de Torrevieja de 1829.

Pero el más devastador de todos ellos fue el que tuvo lugar en Torrevieja en marzo de 1829. Según el historiador Francisco Rebollo, «seis meses antes comenzaron a registrarse en la zona más de 200 movimientos de menor importancia, hasta que al anochecer del día 21 un temblor de magnitud 6,6 destruyó por completo Torrevieja, Guardamar y Almoradí, y produjo derrumbe de casas en la mayoría de las poblaciones de la Vega Baja.” El balance fue de casi 400 víctimas mortales.

¿Un peligro real?

La historia, y la geografía en este caso también, se encargan de recordarnos que los valencianos no podemos vivir ajenos a los fenómenos sísmicos. Con esta premisa se puso en marcha en 1990 la Unidad de Registro Sísmico de la Universidad de Alicante. El investigador Pedro Jáuregui es quién se encuentra al frente de la parte técnica del departamento. «A principios del siglo XX sólo existían tres sismógrafos en la península y uno de ellos se instaló aquí, en Alicante. La instalación se quedó obsoleta y en los años 90 desde el departamento decidimos retomar esa tradición investigadora de la sismicidad en la provincia».

Y por lo visto trabajo no les falta. Desde la red de estaciones de observación distribuidas por todo el territorio alicantino recogen y estudian los datos de cualquier temblor que se produzca en la mitad sur de la Comunitat Valenciana. «Estamos registrando alrededor de 70 eventos sísmicos al año. La mayoría están entre 1,5 y tres grados de magnitud y sólo son apreciables por los instrumentos. Eventualmente, hay alguno de magnitud un poco mayor y estos por lo general la gente sí que los nota, incluso antes que nosotros».

La provincia de Alicante se encuentra en una de las zonas con mayor riesgo de sismicidad de España.

La provincia de Alicante se encuentra en una de las zonas con mayor riesgo de sismicidad de España.

No hay temblor de tierra, por pequeño que sea, que escape a sus detectores. ¿Pero es posible predecir un terremoto? En este sentido Jáuregui es categórico, «hoy por hoy esto es algo que está fuera de nuestro alcance. Una predicción no se limita a anticipar que va a ocurrir un fenómeno. Se debe saber dónde, de qué intensidad, en qué momento…y esto es algo que la ciencia todavía está lejos de conseguir».

Sin embargo, la razón de ser de observatorios científicos como el alicantino es otra. «Lo que intentamos es conocer lo mejor posible el fenómeno y actuar sobre su prevención, que es algo muy distinto a la predicción. Se pueden tomar medidas o procurar aconsejar a los poderes públicos en la toma de decisiones que contribuyan a mitigar el efecto de esos terremotos que nos es imposible predecir».

Estas medidas de prevención comienzan con una toma de conciencia por parte del estado y de la población de cuál es realmente el peligro sísmico. Algo que asombró a medio mundo hace unos meses fue la rápida y ejemplar reacción del pueblo japonés ante el terremoto que tuvo lugar el 11 de marzo de 2011, exactamente dos meses antes que el que de Lorca.

Según Jáuregui, «lo que pasa en Japón o en Chile, es que están mucho mas acostumbrados y sensibilizados. Todos: científicos, técnicos, la población y la administración publica. Sin embargo aquí ha sido un tema al que durante muchos años no se le ha prestado atención».

889 edificios fueron gravemente dañados en el terremoto de Lorca. Foto: Nletamedia

889 edificios fueron gravemente dañados en el terremoto de Lorca. Foto: Nletamedia.

La tragedia de Lorca puso en evidencia que en la mayoría de los casos no se habían tenido en cuenta las normas técnicas de sismorresistencia en la construcción. De esta manera el resultado fue la cifra de 889 edificios gravemente dañados, de los cuales 13 de ellos colapsaron o tuvieron que ser totalmente demolidos.

La gravedad de estos hechos ha conseguido cambiar esta tendencia. Sin ir más lejos, se ha dado un nuevo impulso al Plan Nacional Frente al Riesgo Sísmico. De este modo, ahora no sólo las Comunidades Autónomas han elaborado sus planes de prevención, sino que también se están ejecutando a nivel municipal, como es el caso de la propia ciudad de Torrevieja.

Aunque un gran porcentaje de los habitantes de la Comunitat viva en zonas con riesgo moderado de terremotos, esto no significa que deba hacerlo con miedo. Este tipo de fenómenos son comunes y naturales y, por mucho que digan algunos apocalípticos, no son señal de que vaya a acabarse el mundo ni nada parecido. «Nosotros estamos en contacto con la actividad sísmica de todo el mundo y tenemos una visión general de la sismicidad. No está sucediendo nada fuera de lo común a lo que venía pasando en los últimos 20 años».