El teatro no se rinde

Mientras el teatro atraviesa uno de los peores momentos de las últimas décadas, Russafa Escènica arranca su segunda edición al margen de apoyos institucionales apostando por la interdisciplinariedad y los formatos no convencionales. Un festival que ha duplicado este año el número de espectáculos para reivindicar la vitalidad de las…

El teatro no se rinde

Mientras el teatro atraviesa uno de los peores momentos de las últimas décadas, Russafa Escènica arranca su segunda edición al margen de apoyos institucionales apostando por la interdisciplinariedad y los formatos no convencionales. Un festival que ha duplicado este año el número de espectáculos para reivindicar la vitalidad de las artes escénicas valencianas.

Jerónimo Cornelles, director artístico del festival Russafa Escènica, habla sobre la segunda edición. Vídeo: ErrequeErre.

Cartel de la segunda edición de Russafa Escènica que comienza hoy en Valencia.

Cartel de la segunda edición de Russafa Escènica que comienza hoy en Valencia.

Es un lugar común decir que el teatro siempre está en crisis. Sin embargo, para entender un poco la situación del teatro en la Comunitat Valenciana hacen falta solo dos datos. Las transferencias públicas a Teatres de la Generalitat, que han pasado de más de 14 millones en 2009 a menos de 11 en 2012, lo que supone una reducción del 22% en tres años. Y el cierre de salas, que durante este mismo periodo se ha llevado por delante a más de media docena, tanto públicas como privadas, además de la suspensión de diversos festivales. Todo ello, sin contar con la reciente subida del IVA. En resumen: cada vez hay menos recursos y menos espacios.

Como contraste, entre hoy y el 30 de septiembre se celebra en el barrio valenciano de Russafa la segunda edición de Russafa Escénica. Un festival de teatro sin apoyos institucionales, financiado por medio del micromecenazgo, y que ha abogado por invadir espacios privados como un alternativa a las salas convencionales.

Pero ¿qué se necesita para hacer teatro? La pregunta puede parecer engañosa. Y en realidad lo es. Para Jerónimo Cornelles, director artístico del festival, la base “evidente” es la de un público y un actor o una actriz. Sin embargo, lo que se necesita, sobre todo, son ganas de hacer. “Te puedes quejar y debes quejarte, pero además tienes que actuar”, señala. “Esto es una bofetada a la realidad porque estamos actuando, estamos demostrando que con personas, con voluntad, con gente, se pueden hacer las cosas”.

La invasión de la privacidad

¿Qué más se necesita? Viendo los diferentes espacios donde se celebrará el festival, poco más: alguna silla, una maleta, una pantalla, unos pocos focos. En algunos casos ninguno. El resto lo ponen los propios espacios donde se desarrollarán algunas de las piezas: una floristería, una galería de arte, una peluquería o una piscina. Y es que si por algo se caracteriza Russafa Escènica es, además de la indisciplinariedad, la apuesta por los formatos no convencionales. Interdisciplinario porque a pesar de que prima lo escénico cada compañía va acompañada de un artista plástico (fotografía, escultura, audiovisual, pintura…). Y los formatos no convencionales vienen dados por los propios espacios donde se realizan las representaciones, un total de 15 reunidas bajo el nombre de ‘Viveros’, con el lema ‘La Invasión de la Privacidad’ y una duración media de unos 25 minutos.

Clip promocional del Bosque 1: ‘El agua y yo’, de Alejandro Tortajada. Vídeo: ErrequeErre.

Además para esta edición el festival también incluye la coproducción de dos espectáculos de mayor formato, en cuanto a capacidad de público y duración, reunidos bajo el nombre de ‘Bosques’. Uno, dirigido por Alejandro Tortajada en colaboración con la piscina Termia, denominado ‘El agua y tú’. Y el otro, llamado ‘TC 4/6’, que dirige Vicente Arlandis en la Sala Russafa.

Para Fran Guinot, coordinador de estos espacios, la realización de este tipo de iniciativas resulta fundamental. Más aún en un momento como el presente. “Ofrece a los artistas la posibilidad de experimentar en un tipo de creación muy concreta y fuera las líneas convencionales”, destaca. “Además de que se trata de una aproximación hacia el espectador, en un lugar íntimo, a un precio asequible, y con mucha variedad”. Así, las piezas incluyen teatro textual, de objetos, danza, música o performances.

Russafa Escènica está financiado por medio del micromecenazgo y se desarrolla en espacios poco convencionales.

Russafa Escènica está financiado por medio del micromecenazgo y se desarrolla en espacios poco convencionales.

La cultura como necesidad

Es éste aspecto, el de la proximidad, uno de los que más llama la atención del festival. Y seguramente una de las principales razones del éxito de público de la edición pasada, que atrajo a unos 3.800 espectadores. Realizado en comercios o viviendas particulares, el aforo está limitado a entre 15 y 30 personas, que en algunos casos comparten el espacio escénico con los actores. Entonces lo necesario para hacer teatro se resume “en tener algo que decir y decirlo”.

Esa es la opinión de Jessica Belda, que junto a Jose Banyuls participan este año con ‘Blues, camino de Cempasúchil’. Un ejemplo de transformación de un espacio cotidiano, como es una galería, en toda una experiencia. La vez anterior lo hicieron con el espectáculo ‘No es está mal en el paraíso’, que sirvió de boceto para una obra del mismo nombre que se estrenó en Espacio Inestable. Sin embargo, tras alguna función en Almussafes, se acabaron los bolos. “El teatro a solas hoy por hoy no es una industria que genere dinero pero no lo es por una razón: no hay educación en la cultura de este país”, señala Jessica. “La cultura es valorada como un artículo de lujo y no como un bien de necesidad, y así es como se debería contemplar”.

Clip promocional del Bosque 2: ‘TC 4/6’, de Vicente Arlandis. Vídeo: ErrequeErre.

Reivindicaciones parecidas se escuchan en otros participantes del festival. Algunos que comienzan, y otros con varios años de experiencia en los circuitos oficiales. Como la actriz María José Peris, que dirige y participa en el vivero ‘Concierto Sentido’, un espectáculo musical en el que también colabora su marido: el arquitecto, escenógrafo y pintor Carlos Montesinos. Para María José la situación es grave pero, en cierta manera, previsible. “Es que aquí en Valencia las cosas nunca tienen futuro, nunca se planifica a largo plazo, así que lo que ocurre no es nada nuevo y que no se viera venir”. La única alternativa sería lo que se hace ahora. “Trabajar gratis”, bromea Carlos (o no). Pero sobre todo “seguir haciendo, porque la gente del teatro necesita hacer teatro”.

En opinión del autor, actor y director de escena, Rafael Calatayud, este desinterés y abandono no se limita a las artes escénicas, sino a la cultura en general. “Cualquier época de crisis como ésta te hace ser más creativo porque tienes algo por lo que luchar, algo que contar y que manifestar; algo que reivindicar y algo que criticar… y el teatro está precisamente para eso”. Él mismo participa este año con ‘El enigma de Consuelo Simple’. Una adaptación de una pieza corta de Tenesse Williams cuya trama puede resultar alumbradora. Una florista descubre una mañana que alguien ha atentado contra sus petunias. El “terrorista” se presenta en la tienda. La razón de su atentado es que el aroma de dichas flores (que, por cierto, son las que suelen adornar el puente de las Flores de Valencia) idiotiza a sus conciudadanos.