Viajar sin dinero en busca de lo auténtico

Decía Chesterton que «el viajero ve lo que ve; el turista lo que ha ido a ver». De eso trata un viaje… de dejarse llevar por la corriente y empaparse. En el camino aparecen alternativas para los viajeros ávidos de experiencias que cuentan con un presupuesto ajustado. Requisitos: tiempo, altruismo,…

Viajar sin dinero en busca de lo auténtico

Decía Chesterton que «el viajero ve lo que ve; el turista lo que ha ido a ver». De eso trata un viaje… de dejarse llevar por la corriente y empaparse. En el camino aparecen alternativas para los viajeros ávidos de experiencias que cuentan con un presupuesto ajustado. Requisitos: tiempo, altruismo, empatía, ganas de trabajar y curiosidad.

Un viajero que se dejar llevar por la corriente. Foto: A.K. Photography.

Un viajero que se dejar llevar por la corriente. Foto: A.K. Photography.

Echar a andar con lo justo puede ser el límite más difícil de superar cuando uno quiere viajar largo y tendido. Sin embargo, en esta época de turismo masivo y de aventura prefabricada, hay fórmulas para darle la vuelta a la tortilla: no tener límites puede significar ahorrarse dinero. Y disfrutar de un viaje más auténtico. Entiéndase no tener límites como una predisposición a integrarse en cualquier entorno durante un plazo más o menos prolongado.

Es curioso que la misma herramienta que nos transporta a cualquier lugar del mundo en un par de clicks, con la consiguiente falta de sorpresa cuando se llega al destino, sea capaz de ofrecernos alternativas al ir, ver y volver (el conectar y el conocer no aparecen en la mayoría de viajes). Internet tiene estas contradicciones que tanto nos apasionan. Y en este caso nos ofrece un abanico bastante amplio de alternativas para ganar algo de dinero, o ahorrarlo, mientras se camina por el mundo. Y se descubre.

Cobijo y comida por trabajo

El ‘wwoofing’ es una forma de salir del circuito turístico y dejarse empapar por experiencias más auténticas. WWOOF (World-Wide Opportunities on Organic Farms) es una red de granjas orgánicas que facilitan trabajo de voluntariado por todo el mundo. Es un trueque de techo, comida y la oportunidad de aprender métodos de cultivo ecológico y sostenible por ayudar unas horas en las labores de la granja. Para hacerse miembro basta con pagar una pequeña cantidad anual y la organización remite un directorio de todas las granjas y el tipo de trabajo a realizar en cada una. Contacto con el mundo rural e intercambio cultural a cambio de unos callos en las manos.

Wwoofing en Spring Rain Farm (Washington) en 2010. Foto: Egan Snow.

‘Wwoofing’ en Spring Rain Farm (Washington) en 2010. Foto: Egan Snow.

Dorothee Loeffler, ‘wwoofera’ y estudiante alemana que residió durante varios años en España, pasó tres semanas en Trets, una localidad francesa cercana a Aix-en-Provence, en una finca productora de verduras ‘bio’, y cinco semanas más en el Parque Regional Les Alpilles con una pastora de cabras y productora de queso. «Ambos lugares me ofrecieron la posibilidad de entrar en la realidad francesa, con sus costumbres, su lenguaje, su forma de vivir», rememora.

Respecto a la experiencia en Les Alpilles, dice: «vivía en una caravana en medio de la nada. Pura naturaleza alrededor. Aprendí a pastorear, a guardar la manada con dos perros y a hacer queso». «Lo recomiendo a todo el mundo que está interesado y abierto en conocer otras formas de vivir, porque facilita un contacto con personas que normalmente no son tan fácilmente accesibles», destaca Dorothee sobre el ‘wwoofing’.

Aunque WWOOF es la más conocida, existen otras plataformas. Helpx pone en contacto a propietarios de granjas, albergues, hostales, ranchos y veleros con viajeros que quieran trabajar por comida y alojamiento. Workaway tiene ofertas que van desde echar una mano en casa, dar clases de español o inglés en un pueblo perdido hasta trabajar en una plantación o ayudar en la cocina de un colegio. La intención de ambas redes es principalmente proporcionar un intercambio cultural entre viajeros y población local. Pero también es una buena fórmula para aprender o perfeccionar idiomas e, incluso, puede ser un primer paso para encontrar un puesto de trabajo en el extranjero.

Para los que disfrutan del mar y de la navegación, la red ofrece multitud de webs con ofertas de trabajo en cruceros y buques mercantes. Es lo que se conoce como ‘crewing’ y se pueden encontrar puestos de todo tipo, desde personal de limpieza y mantenimiento hasta médicos, músicos, animadores, profesores, cocineros, croupiers, camareros, cantantes, socorristas, y un largo etcétera que dependerá de las características de la embarcación.

Los rostros del CouchSurfing. Foto: TheLazyDesigner.

Los rostros del ‘couchsurfing’. Foto: TheLazyDesigner.

Nuevo paradigma de la hospitalidad

El ‘couchsurfing’ es la joya de la corona para vivir una experiencia altruista y única. El portal conecta a viajeros que buscan cobijo (el sofá –couch- es el símbolo) con anfitriones dispuestos a cederlo gratuitamente. El sitio web lo creó en 2003 Casey Fenton, que con este proyecto ha puesto en contacto a más de tres millones de internautas de más 240 países.

A Fenton se le iluminó la bombilla tras comprobar la solidaridad de los islandeses en un viaje a la isla en 1999. El emprendedor envió más de 1.500 correos aleatorios a estudiantes de la Universidad de Islandia pidiendo acomodo en sus casas. Recibió 50 respuestas afirmativas. Pero el ‘couchsurfing’ es mucho más que alojamiento gratuito en una casa. Es una nueva forma de viajar. Como reseña ‘The New York Times’: «tomamos la antigua noción de hospitalidad y la introducimos en un nuevo paradigma».

El año pasado surgió un agria polémica alrededor de esta web solidaria, cuando en agosto de 2011 dejó de ser oficialmente una organización sin ánimo de lucro. La entrada de capital financiero no sentó bien a los asiduos de un servicio que, pese a ser gratuito, acepta donaciones.

Aunque fuera de la red, la Working Holiday Visa es una buena forma de compaginar vacaciones con trabajo. Es un visado que tramitan algunos países a través de acuerdos bilaterales y que autoriza a jóvenes de entre 18-35 años (depende del acuerdo) a trabajar temporalmente (un año suele ser lo más habitual) mientras viajan para autofinanciarse. En la cultura anglosajona este permiso de residencia está muy extendido. España, hasta el momento, tiene convenios con Canadá y Nueva Zelanda.