Sólo El Cabanyal resiste al apocalipsis zombie

El Apocalipsis ha llegado. El sistema se ha venido abajo, la destrucción es total. Los zombies avanzan por Valencia destrozando todo lo que encuentran a su paso. ¿Todo? Bueno, un pequeño barrio resiste, ahora y siempre, a su extinción. Solo aquí tienen el antídoto y la clave para sobrevivir en…

Sólo El Cabanyal resiste al apocalipsis zombie

El Apocalipsis ha llegado. El sistema se ha venido abajo, la destrucción es total. Los zombies avanzan por Valencia destrozando todo lo que encuentran a su paso. ¿Todo? Bueno, un pequeño barrio resiste, ahora y siempre, a su extinción. Solo aquí tienen el antídoto y la clave para sobrevivir en ‘Cabanyal Z‘; una nueva webserie colaborativa, muy ‘cabanyalera’ y reivindicativa.

Se recomienda no salir de casa y destruir el cerebro. Foto: Israel Sánchez Beato.

Se recomienda no salir de casa y destruir el cerebro. Foto: Israel Sánchez Beato.

La cosa en el fondo se veía venir. Sobre todo tras los ataques, éstos de índole más mediática y especulativa, que se han cernido sobre El Cabanyal durante los últimos años. Por eso no es de extrañar que los primeros dedos acusadores señalen hacia el ayuntamiento valenciano, y más concretamente, hacia su alcaldesa, Rita Barberá, como parte de su “plan maléfico” para seguir degradando el barrio. Esta vez en forma de arma biológica extendida, según se rumorea, por medio de ultrasonidos, el sistema de aguas, o los famosos ‘chemtrails‘.

Así, parece ser que el virus habría sido creado por el ejército norteamericano y se iba a utilizar en poblaciones de Afganistán o Irán. Para probar su eficacia el ayuntamiento de Valencia decidió, amablemente, ceder la ciudad, y más concretamente este barrio portuario, como campo de pruebas y, de paso, así conseguir el empujón final a la prolongación de Blasco Ibáñez, hasta hace pocos meses paralizada.

Sin embargo, algo salió mal. De hecho algo salió muy mal y este agente infeccioso acabó convirtiendo a los afectados en zombies, y los zombies acabaron propagándose por el resto de la ciudad. Esto trajo los consiguientes cortes de tráfico, confusión, caos, destrucción y muchos muertos. El ejército intervino, bombardeando monumentos tan emblemáticos como el Micalet o Mestalla. En total se calcula que los daños pueden ser más elevados que los de la visita del papa, una maqueta de Calatrava, la Fórmula Uno, y la depuradora de Pinedo. Todos juntos.

El centro histórico está hecho un Cristo, la Generalitat colapsada, las clases pudientes se han refugiado en la base de la OTAN en Bétera y las comunicaciones se han venido abajo. ‘Canal 9′ ha dejado de emitir. Sólo queda en pie ‘Radio Malva’, desde donde se coordina la resistencia, y se trata de contactar con otros posibles focos de supervivencia en barrios combativos como Benimaclet o Patraix, y quién sabe, puede que incluso algún ruzafero extraviado.

Aunque lo parezca, no es noche de Cremà. Captura de 'Cabanyal Z'.

Aunque lo parezca, no es noche de Cremà. Captura de ‘Cabanyal Z’.

Yonkies contra zombies

En realidad el origen de la destrucción de Valencia fue otro y le salió completamente gratis al erario público. Llegó el día en que Gerardo J. Núñez y Joan Alamar pusieron en común dos proyectos: uno, que consistía en hacer una historia de zombies, y otro basado en realizar un retrato audiovisual de El Cabanyal. La epifanía le llegó a Gerardo el día en que vio en el barrio a un toxicómano tratar de alcanzar, lento pero visiblemente cabreado, a un grupo de niños que “le hacían putaditas”. “Me imaginé que entonces aparecía un zombie y comenzaba una persecución” -señala- eso sí, una persecución “de una hora y media”. De ahí que la primera idea fuera realizar un “yonkis contra zombies”. El crossover definitivo.

Esta idea, en manos de Joan, guionista y realizador del primer episodio, acabó convirtiéndose en Cabanyal Z‘. Una webserie que se define como colaborativa, reivindicativa, y sobre todo muy ‘cabanyalera’. El capítulo piloto vio la luz el 30 de noviembre del 2012 y se espera cerrar la primera temporada a finales de 2013, con un total de entre cinco o diez episodios. La trama es clara: ha llegado el Apocalipsis, el sistema se ha colapsado y los supervivientes, del barrio de El Cabanyal, tienen que organizarse para resistir al mismo tiempo que avanzan hacia un nuevo modelo de sociedad. Pero  “con el pequeño inconveniente -señala Gerardo- de que, de vez en cuando, llega una manada de zombies”.

Lo demás sigue abierto: las subtramas, las localizaciones, la financiación, o el equipo responsable de llevarlo a cabo, que no para de crecer. Si para el primer episodio, rodado en siete días, se contó con 20 personas, se prevé que para el segundo episodio el número alcance las 30 ó 40.

La razón principal por la que El Cabanyal sea el único barrio superviviente en la ficción es que aquí es donde se genera el único antídoto. Un anticuerpo, todo sea dicho bastante adictivo, pero que permite contrarrestar los efectos de un mordisco zombie, e incluso hacerte pasar desapercibido. Pero sobre todo porque el barrio cuenta con una experiencia contrastada de resistencia y colaboración: proyectos como ‘Radio Malva’, el fanzine ‘La 13/14’, ‘Fustería’, o ‘L’escola d’El Cabanyal’. Todos ellos de espaldas a los poderes públicos y basados en un modo de participación asamblearia.

En este sentido, tras la serie hay mensaje. Pero como dicen sus creadores, más que una moraleja sería un grito de resistencia. El que señala que “otra manera es posible. Una manera colaborativa y solidaria -según el propio Joan- contraria a la actual ‘ludopatía’ de las clases dominantes. Pensar que la acumulación y hundir al prójimo es lo que te va a hacer sobrevivir es un error, porque cuando la riqueza se acumula vas a acabar creando zombies, y viviendo estresado y con miedo a estos zombies”. En este aspecto es contundente: “Al Apocalipsis solo se sobrevive en grupo”.

Zombie pobre, zombie bueno

El retrato robot del zombie ‘cabanyalero’ sería el de toda la vida: con pinta de muerto viviente y sediento de carne humana. Con una particularidad, eso sí, está visiblemente cabreado. Esa es la opinión de Gerardo. “Vivimos en una ciudad cabreada y es normal que nuestros zombies, aunque sean lentos, tengan esa mala leche”. Emilio Valente, responsable del sonido directo en la serie, añade más matices. «Su piel podría ser salada, por la proximidad al mar, y probablemente sus vestimentas y actitudes serían mediterráneas». Algo en sintonía “con un barrio variopinto como éste y rico en experiencias”.

Imagen de la webserie, diseño de Jorge Abuin.


Imagen de la webserie, diseño de Jorge Abuin.

Pero lo más importante es que, en este caso, el zombie no es “el malo de la película, sino otra víctima”. Así lo señala Xusa Molla, encargada de producción. En ese sentido serían un grupo marginal más, menos culpables de los fallos del sistema que aquellos que realmente lo provocan.

A pesar de eso, se recomienda a la población no mostrar una actitud demasiado comprensiva. Lo mejor es evitarlos y en caso extremo, destruirlos. En este aspecto ‘Cabanyal Z’ es fiel a la ortodoxia. A un zombie se le mata dañando el cerebro. Pero, ¿por qué hay tantas historias de zombies hoy en día? Es más, ¿por qué gustan tanto? Para Emilio, se trata de la riqueza de matices que aporta. Para Gerardo son, nada más y nada menos que “el monstruo de finales del siglo XX. Lo que le hace especial es que no es un individuo, sino la masa”. Una masa que nos plantea ahogarnos, absorbernos, “y eso es terrorífico porque son nuestros miedos ahora mismo; uno se plantea que quiere ser diferente al resto, no uno más. Y luego hay gente que quiere ser uno más, formar parte del grupo… eso es lo que atrae de los zombies”.

Se buscan muertos vivientes, razón aquí

La webserie, a pesar de contar con una trama principal para la primera temporada sigue abierta a posibles cambios. De ahí que no se descarten zombies ilustres, nuevos virus, antídotos multicolores, otros barrios en resistencia o mutaciones. Por ejemplo, ¿cómo sería un zombie vegano? se pregunta Gerardo. Seguramente mucho más maligno.

Tampoco se cierra a nuevas colaboraciones. Y es que cualquiera que lo desee, sea o no del barrio, puede participar. ¿Cómo? Pues escribiendo un email a cabanyalz@gmail.com y ofreciéndose como zombie, como parte del equipo técnico (con prioridad al que ya funciona), o enviando su propia trama. En este sentido no se descarta abrir la realización a otros grupos. La idea sería que cualquier persona o colectivo pudiera hacer su propia historia en el universo ‘Cabanyal Z’. Con absoluta libertad en cuanto a género. Las únicas condiciones serían que se hiciese en el barrio y no entrase en conflicto con el resto de tramas.

Ponte tu "mono zombie" y colabora a destruir Valencia con 'Cabanyal Z'.

Ponte tu «mono zombie» y colabora a destruir Valencia con ‘Cabanyal Z’.

Otra manera de participar sería, como no, apoyando con dinero. Y es que la serie se financia capítulo a capítulo, con un presupuesto aproximado de 1.500 euros por unidad, con el que se hace frente gastos básicos como vestuario, discos duros, fungibles, o dietas. Las maneras de autofinanciarse: merchandising en forma de pins o camisetas, donaciones privadas, acudiendo al Samaruc los jueves a cenar o beber algo, y por medio de Verkami, en el que irán apareciendo periódicamente los capítulos.

Una manera de funcionar que permite que siga vivo el proyecto y mantener la independencia, pero sobre todo, tener “sentido del humor”. Es este aspecto el que Joan destaca por encima de todos a la hora de valorar la serie. “Un problema audiovisual del estado español es que aquí la gente no se atreve -señala- hay censura y autocensura y todo se queda al final muy blando, muy blanco”. Algo que no pasa, paradójicamente, en otros países como los EE. UU. “Aquí los poderes no tienen sentido del humor, no tenemos capacidad de reírnos de nosotros mismos; pero eso es precisamente lo que atrae, lo que el público yo creo que valora”.

Frentes de resistencia ‘cabanyalera’


Pastillita radio 2 Radio Malva 104.9 – Medio de comunicación creado en 1999 de funcionamiento asambleario, horizontal y autogestionado.

Pastillita 13-14 2 La 13/14 – Proyecto de fanzine mensual creado en 2010, “entre el escombro-yonki, y la corrección académica”.

Pastillita escola 2 L’escola d’El Cabanyal – Espacio creado hace dos años y abierto a propuestas artística, sociales y culturales.

Pastillita intim 2 Cabanyal Intim – Nacido en 2011, este Festival trata de acercar las artes escénicas de vanguardia, en pequeño formato, a las casas amenazadas de demolición.

Pastillita Fustería 2 La Fusteria – Centro Social Ocupado Autogestionado de El Cabanyal con talleres, actividades culturales, etc…

Pastillita regadera 2 La regadera – Asociación cultural gastronómica y vegetariana en El Cabanyal. Comida y actividades culturales.

Pastillita Samaruc 2 El Samaruc – Espacio ocupado donde se realizan exposiciones, proyecciones de cine, actuaciones, café, y vida “de barrio”.

Pastillita Mayhem 2 Proyecto Mayhem – Centro Social Ocupado Autogestionado desde finales de 2006 con actividades culturales y conciertos.