Monedas digitales que se hacen reales

No se pueden guardar en un monedero, ni en una caja fuerte, ni en un hucha. Tampoco debajo del colchón. Son monedas digitales que no se pueden tocar y sin embargo están acaparando la atención de la economía mundial. Los bitcoins se han hecho un hueco en el mercado de…

Monedas digitales que se hacen reales

No se pueden guardar en un monedero, ni en una caja fuerte, ni en un hucha. Tampoco debajo del colchón. Son monedas digitales que no se pueden tocar y sin embargo están acaparando la atención de la economía mundial. Los bitcoins se han hecho un hueco en el mercado de monedas cotizadas sin control alguno de ningún organismo.

Todas las transacciones con bitcoins se realizan a través de internet. Foto: Zach Copley.

Todas las transacciones con bitcoins se realizan a través de internet. Foto: Zach Copley.

El bitcoin es una moneda digital, que únicamente existe en líneas contables y que no tiene representación en dinero contante y sonante. Algo que no le ha impedido ganar una notable popularidad en los últimos meses, fundamentalmente al calor de las enormes fluctuaciones de su precio que, en pocos días, e incluso horas, ha ganado y ha perdido varias veces su valor en el mercado. Es precisamente el mercado el que determina su valor, sin intervenciones de ningún tipo. Ningún organismo internacional o económico controla su valor, su comportamiento o el tipo de cambio. Son los usuarios quienes, con sus compras, hacen que la moneda se mueva por unos precios o por otros. En lo que llevamos de 2013, por ejemplo, ha aumentado un 600% su valor.

Muchos de los convencidos de esta nueva religión económica llegaron a ella atraídos por la desregulación del mercado y, claro está, por las posibilidades de ganar dinero con su apreciación en sólo unos días. Sin trabas de ningún tipo, ni impuestos que penalicen transacciones, ni entidades bancarias que se queden una enorme comisión al cambiar una moneda por otra. El mundo digital del bitcoin salta todas esas trabas y reescribe las reglas. De ahí que una gran parte de la comunidad académica mirara con recelos su evolución en un primer momento. Miedos que se han ido disipando a medida que los economistas han empezado a utilizar bitcoins. Muchos de los usuarios que comienzan a familiarizarse con las monedas virtuales sufren la misma metamorfosis: al hablar de conceptos en abstracto, no se convencen de las grandes posibilidades hasta que comienzan a usarla, tal y como reconocen en privado varios compradores de bitcoins. “Es algo más que una forma de comprar en internet”, avanza uno de ellos.

Dinero pensado en digital

Pero, ¿de dónde sale esta moneda? ¿Quién está detrás de ella? El algoritmo informático que está en el origen de los bitcoins se atribuye a Satoshi Nakamoto y fue publicado en 2008. No hay casi ningún dato sobre el autor, hasta el punto que cree que es un seudónimo bajo el que se esconden una o varias personas que crearon todo un sistema basado en la valoración del trabajo como respaldo del valor de la moneda. En lugar de crear un organismo emisor (como funcionan, por ejemplo, el euro y el dólar con el Banco Central Europeo y la Reserva Federal, respectivamente), los bitcoins no tienen ningún tipo de control centralizado y ahí es donde radica su éxito. Es el concepto más novedoso desde el punto de vista económico, puesto que ninguna moneda había sobrevivido hasta ahora sin regulación.

En este sentido, para hacer más sencilla su explicación, se compara el bitcoin con el oro, ya que ambos tienen un mercado en el que no pueden intervenir más que los compradores y los vendedores. Comparación que se hace más evidente al preguntarse cómo se puede obtener un bitcoin.

Pioneros y compradores

¿Cómo puede tener uno un bitcoin? Pues exactamente igual que pasa con el oro. Si quieres tener bitcoins debes comprarlos a alguien que quiera venderlos o buscarlos en la mina de bitcoins. La red creada por Nakamoto y que acompaña al algoritmo establecía una cantidad limitada de bitcoins que era la que iba a poner en circulación. Ni uno más ni uno menos. Lo complicado es que había que buscarlos en una maraña de código fuente encriptado que hay que trabajar. La traducción digital de los míticos buscadores de oro del lejano oeste. En un primer momento muy pocos conocían las posibilidades de la moneda y menos aún se apuntaron como pioneros. Quienes lo hicieron han ganado mucho dinero, con apreciaciones de más del 1.400% de su valor. Las ganancias atrajeron a mucha más gente y, como pasó con el oro, los que tenían más potencia y medios para ‘minar’ se han quedado con el mercado. Hoy, con un simple ordenador es casi imposible obtener bitcoins por minería. Hace falta una potente tarjeta gráfica, el elemento que más trabaja en la búsqueda de bitcoins, y un equipo de última generación. Si aun así quieres probar, sólo tienes que bajarte un programa cliente de bitcoin para tu sistema operativo y comenzar a ‘picar piedra’.

Si quieres tener bitcoins, debes comprarlos a alguien que quiera venderlos o buscarlos en la mina digital. Algo que ahora está revervado a los ordenadores más potentes

La alternativa es el mercado de compra-venta. Se puede comprar bitcoins con cualquier moneda de curso legal, con oro y plata e incluso con otras monedas virtuales como las que se han creado en redes sociales como Facebook o la malograda Second Life, y que sólo tenían valor dentro de esas plataformas.

El sistema es totalmente anónimo y el usuario dispone desde el primer momento de un monedero virtual en el que se guarda su dinero, pero que también sirve para verificar las transacciones. Aunque se realicen bajo seudónimo se verifica que la extracción es única y no se puede copiar. El propio sistema tiene a personas que ganan recompensas legitimando esas operaciones, llamadas cierre de bloque. Algo esencial en un sistema monetario que sólo pondrá en circulación un número limitado de monedas (actualmente se calcula que sólo hay en circulación 11 millones de bitcoins) y que asegura con este modelo de datos que está todo bajo control.

Local donde se acepta el pago con bitcoins. Foto: Freeborn.

Local donde se acepta el pago con bitcoins. Foto: Freeborn.

A pesar de ese control, el anonimato está garantizado. No hay ningún registro de personas ni de quienes están detrás de esas transacciones. De ahí que sus detractores le acusen de ser un mecanismo potencial para el blanqueo de dinero o para el movimiento de capitales provenientes del narcotráfico. Las transacciones con bitcoins están diseñadas para no ser rastreables, lo que hace que muchos los utilicen para pasar pequeñas cantidades de dinero de país a país, evitando los controles de bancos y entidades gubernamentales.

La visión libertaria y antisistema ha ayudado mucho a la popularidad de la moneda digital. Cada vez hay más empresas y tiendas online españolas que aceptan la compra con botcoins e incluso algunos locales de las principales capitales mundiales, entre ellas Madrid, aceptan pagos en esta moneda. Comienza a ser un signo de distinción, con pegatinas en la puerta que ya compiten con las de Visa o Master Card.