Cetáceos a toda vela



Es sábado de madrugada y con las primeras brisas ‘La Morena’ surca la costa con todo el trapo desplegado. Esta goleta de época de 31 metros de eslora es una de las piezas que forman parte del proyecto ‘Cetáceo Libre’. Su objetivo es el avistamiento de delfines, cachalotes, rorcuales o…

Cetáceos a toda vela

Es sábado de madrugada y con las primeras brisas ‘La Morena’ surca la costa con todo el trapo desplegado. Esta goleta de época de 31 metros de eslora es una de las piezas que forman parte del proyecto ‘Cetáceo Libre’. Su objetivo es el avistamiento de delfines, cachalotes, rorcuales o incluso tortugas marinas en su medio natural, el Mar Mediterráneo.

La Goleta Morena mide 31 metros de eslora y pesa 100 toneladas.

La Goleta Morena es de madera, mide 31 metros de eslora y pesa 100 toneladas.

A bordo de esta impresionante embarcación de madera que lleva navegando desde 1951, viajan biólogos, marineros profesionales y lo más importante, personas anónimas con ganas de colaborar en este proyecto científico. Son los eco-voluntarios. Cada uno de ellos ha comprado un pasaje para esta aventura donde durante tres días formarán parte de esta expedición que se adentra en la costa del sureste Mediterráneo con la misión de observar, catalogar y documentar la existencia y los hábitos de estos animales.

Turismo científico

Avistamiento de delfines desde la cubierta de La Morena.

Avistamiento de delfines desde la cubierta de La Morena.

Nadie dijo que la ciencia debía ser aburrida. Aunque el objetivo principal de estas salidas al mar es el estudio de los cetáceos, la mayor parte de los eco-voluntarios que se embarcan en el proyecto, lo hacen con el propósito de vivir una experiencia diferente. José Juan Miranzo, el patrón de ‘La Morena’, se entusiasma cuando habla del proyecto: “Se trata de travesías abiertas a todo el mundo y en las que para participar no es necesario ser un experto en nada. Aunque contamos con un equipo de biólogos que dirigen las actividades, todo aquel que se encuentra a bordo colabora con las diferentes tareas que comporta un viaje de este tipo: navegación, guardias, observación y toma de datos… hay tiempo para todo, menos para aburrirse.”

A lo largo de todo el verano la goleta tiene diez salidas programadas en las que navegará a lo largo y ancho de la costa alicantina y murciana. El trayecto se decide casi sobre la marcha. José Juan lleva toda su vida dedicado a la mar y sabe que “cuando se navega a vela en una embarcación de este tipo quien manda es el tiempo, y es el que finalmente decide hacia dónde pondremos rumbo”.

A lo largo de todo el verano la goleta tiene diez salidas programadas y busca voluntarios con ganas de colaborar

“En primer lugar necesitamos que el mar esté en calma para favorecer la visibilidad de nuestro estudio. Además habrá que alejarse algunas millas de la costa, ya que estos animales buscan aguas profundas con grandes desniveles donde poder alimentarse”. Este es uno de los motivos que hacen que sea difícil detectarlos desde tierra, aunque esto no quita que todos los años se registren avistamientos desde zonas como la Serra Gelada o el Cabo de San Antonio.

Para todo aquel que se embarca, además de estar colaborando en una labor de voluntariado, resulta una forma de viajar diferente. Bañarse en alta mar, navegar en un antiguo velero y pasar un fin de semana contemplando estos grandes mamíferos marinos en libertad son motivos más que suficientes para unirse a esta tripulación. Sin embargo desde la organización han lanzado la posibilidad de poder colaborar a todos aquellos que no quieran o puedan embarcarse a través de una campaña de micromecenazgo. “Desgraciadamente en momentos de crisis como el que estamos pasando, la mayoría de entidades privadas y organismos públicos han dejado de interesarse por proyectos como este y tenemos que financiarlo casi todo a través de las aportaciones voluntarias de la gente”, lamenta José Juan.

Los grandes simios del mar

Dos voluntarias observan un delfín desde La Morena.

Dos voluntarias observan un delfín desde La Morena.

Están aquí, más cerca de lo que pensamos, pero sin embargo siguen siendo todavía unos grandes desconocidos. Nuestro Mar Mediterráneo es el hogar de grandes cetáceos como el Delfín Mular que, con permiso del ser humano, está considerado el animal más inteligente del planeta. Una inteligencia que no ha conseguido evitar que su supervivencia se vea cada día más amenazada.

Se trata de animales que han desarrollado un sistema de comunicación, similar a nuestro lenguaje con más de una treintena de sonidos diferentes, y que además son capaces de aprender e interpretar códigos gestuales o de símbolos con los que interactuar con el ser humano. Son también, junto a los grandes simios, los únicos animales capaces de reconocerse a sí mismos frente a un espejo, y sus relaciones sociales y familiares son tan complejas que han generado un gran debate en la comunidad científica sobre hasta qué punto se parecen a nosotros.

En la anterior cumbre de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS), se llegó a promover incluso la creación de una nueva legislación internacional, donde se considerara a estos animales ‘personas no humanas’. Una iniciativa no exenta de polémicas y consideraciones éticas que ponen en entredicho, entre otras cuestiones, el uso que se hace de los cetáceos en delfinarios, parques temáticos y números circenses.

El delfín mular está considerado el animal más inteligente del planeta después del ser humano

Es a raíz de esta necesidad de respetar y garantizar los derechos de los animales de donde brotó el proyecto ‘Cetáceo Libre’. Se trata de una iniciativa co-dirigida por ‘Proyecto Gran Simio’, ‘Goleta Morena’ y ‘Marinos-Voluntariado’. Además del estudio y la recogida de datos en su medio natural sobre los cetáceos presentes en el Mediterráneo, el proyecto tiene una vertiente educativa y de sensibilización. Como declaró Pedro Pozas, Director Ejecutivo del Proyecto Gran Simio en España, “queremos hacer bandera contra la cautividad y explotación de estos animales. Para observarlos no hace falta introducirlos en diminutas bañeras, en cárceles acuáticas de pequeño tamaño infligiéndoles un maltrato continuado. El mar es su hábitat y en él es donde hay que verlos en plena libertad”.

Un navío singular

PCL (34)La Goleta Morena es un velero de madera de 100 toneladas y 31 metros de eslora. El barco se construyó en 1951 en Alemania y pasó 26 años dedicándose a la pesca en el Báltico.

En 1977 se restauró para utilizarla como barco turístico en la ría de Kiel, pero el paso del tiempo provocó que su estado fuera deteriorándose progresivamente. En julio de 2001 José Juan emprendió el sueño de su vida y dedicó sus ahorros a comprar la goleta con la intención de crear un buque escuela.

El traslado desde Alemania hasta España duró casi un año, en el que su patrón tuvo que enfrentarse a vías de agua, temporales, averías e incendios. Después de una restauración casi total, la Goleta Morena es ya una imagen clásica del muelle de poniente del puerto de Alicante.

En nuestro país solo existen cinco buques de pasajeros de características similares. En sus diferentes programas educativos ya han participado más de 125.000 personas.