Desentrañando una serie de televisión: el guión



Las series de televisión se han convertido en los últimos años en el producto estrella del mundo audiovisual. El fenómeno ha encontrado en Internet una plataforma de difusión sin límites, con millones de espectadores. Pero, ¿cómo nacen estas historias? El mundo del guión se abre paso y empieza a ganar…

Desentrañando una serie de televisión: el guión

Las series de televisión se han convertido en los últimos años en el producto estrella del mundo audiovisual. El fenómeno ha encontrado en Internet una plataforma de difusión sin límites, con millones de espectadores. Pero, ¿cómo nacen estas historias? El mundo del guión se abre paso y empieza a ganar reconocimiento.

Ejemplo del contenido de un guión.

Ejemplo del contenido de un guión.

El espaldarazo que ha dado Internet a las series de ficción como género televisivo en los últimos años es un fenómeno equiparable a muy pocos. Son, junto a las redes sociales, la seña de identidad de la generación del siglo XXI. Las plataformas de visionado y descarga, ya sea de forma legal o a través de otros polémicos medios, han generado un torrente de consumo audiovisual nunca visto hasta la fecha. Pese a que la televisión sigue atrayendo a millones de espectadores, la pantalla del ordenador se ha convertido en la ventana donde mirar y compartir.

Pese a que el uso de la red ha marcado un antes y un después en el impacto que las series han generado en el ocio y el entretenimiento, detrás de este hecho se esconde un avance artístico de una gran envergadura. El salto cualitativo en el desarrollo y contenido de las series ha resultado en la producción de obras maestras a lo largo de la última década. Y ese salto cualitativo se debe, fundamentalmente, a los guiones.

Pero, ¿cómo nace una serie? El origen de estos productos televisivos está en la figura de los “showrunners”, el término anglosajón referido a los creadores. Aunque éstos tienen hoy día un gran reconocimiento, sobre todo en EEUU, no fue hasta principios de los años 90 que los escritores de series alcanzaron cierto renombre en la industria.

La idea inicial de una serie, el concepto como tal, suele concebirse en la mente de su creador como algo muy general y abstracto. “Un padre de familia enfermo terminal que decide meterse en el mundo de las drogas”, “los bajos fondos de la ciudad de Baltimore”, “las relaciones personales de un grupo de seis amigos” o “el drama personal interno de un capo de la mafia” son algunos de los puntos de partida de grandes éxitos de los últimos tiempos. El tono, género y desarrollo, vienen después.

Homeland, Emmy 2013 al mejor guión dramático.

Homeland, Emmy 2013 al mejor guión dramático.

El origen de todo: la “biblia”

En nuestro país, a diferencia de lo que pasa en EEUU, el inicio de una serie no lo establece o marca un canal de televisión. En el sentido más estricto, el dial simplemente compra y emite el producto que otros han desarrollado. Son los creadores y guionistas los que acuden a una cadena con una idea y, si interesa y es viable, se buscan una productora que la ponga en práctica. Pero, ¿cuál es ese material inicial? En el mercado de las series españolas se conoce como “biblia” el documento que un creador muestra al director de programas de un canal para intentar convencerle de dar luz verde a la producción de una serie. Aunque su contenido puede variar, existen algunos elementos fundamentales en el mismo. Toda biblia que se precie contiene una descripción de la serie en cuanto a la idea fundamental, su sinopsis o argumento, la duración de cada capítulo, el género al que pertenece y la estética o tono general.

Además, el pilar maestro de cualquier biblia es el conocido como “mapa de tramas”. Aquí, a modo de pequeñas notas, se desarrolla toda la primera temporada, desde el inicio del episodio número uno hasta el cierre final. Es el equivalente al clásico corcho en la pared con cientos de post-its pegados, que los guionistas utilizan a modo de mural en el que ir plasmando sus ideas. Con este mapa de tramas el lector puede hacerse una idea general de cómo y qué va a suceder en una primera temporada, pero además, la biblia suele acompañarse del guión del primer episodio, el “episodio piloto”. Este guión sirve como ejemplo más detallado y exacto del tono y ritmo de la serie.

Finalmente, la biblia debe contener una detallada descripción de los personajes, tanto sus protagonistas como sus secundarios, profundizando en sus aspectos físicos y psicológicos. Con todo, la biblia suele llenar un documento cercano a las 100 páginas. El mercado audiovisual español no ha sido ajeno a la crisis, y en la actualidad una biblia a disposición de un canal interesado puede rondar un valor ligeramente superior a los 30.000 euros. Cantidad que reciben íntegramente sus creadores y que da derecho a su nuevo propietario (el canal) a desarrollar la serie en exclusiva.

Luz verde a la producción

Si un canal apuesta por la idea, suelen sucederse las reuniones entre responsables de contenidos y creadores para fijar un presupuesto para la misma. Tras negociar, el canal concede la cantidad que considera necesaria para cubrir un número determinado de capítulos. Con ese dinero el guionista acude a una productora que ponga en marcha la grabación.

El poder de decisión recae entonces en los productores ejecutivos. En los últimos años se ha dado un fenómeno, copiando el modelo estadounidense, que ha permitido alcanzar cierto peso específico a los creadores y guionistas. Renunciando a cierta cantidad de la asignación por la venta de la idea, los creadores adquieren también ese título de productores ejecutivos. Esto permite mantener el control en el proceso, teniendo voz y voto en, por ejemplo, la elección de los actores, la distribución del presupuesto, la fórmula y estilo de rodaje…

A partir de este momento el trabajo del guionista se precipita. Suele ser un trabajo en equipo, ya que es casi imposible delegar la escritura de una serie a una sola persona. Lo que inicialmente era un mapa de tramas de todos los capítulos, con ideas generales, debe transformarse ahora en descripciones y diálogos completos. Una labor ardua y complicada, ya que el resto de productores ejecutivos e incluso los directores se dedican a tumbar ideas, aportar su visión y plantear cambios. Los escritores noveles deben plegarse a las imposiciones pero, con el paso del tiempo y el reconocimiento alcanzado, cada vez prima más la idea básica y fundamental del guionista.

La exitosa serie de televisión de la HBO Breaking Bad.

La exitosa serie de televisión de la HBO Breaking Bad.

El guión

En términos generales una página de guión equivale a un minuto de cinta. Aunque el contenido es variable, un episodio de 65 minutos (la duración media de un episodio de serie española) rara vez supera las 70 páginas escritas. Los guiones de series, al igual que los de televisión, están sujetos a un formato estándar, incluso en tipografía, sangrías y párrafos. Aunque los escritores introducen variaciones e incluso sellos personales, cualquier obra literaria de estas características debe contener al menos seis elementos básicos: encabezado, descripción, personaje, acotación, diálogo y transición.

En primer lugar, el encabezado y la descripción se refieren al aspecto más narrativo. Indican dónde y cómo se sucede la acción, y sitúan al lector en qué está pasando. A continuación, los personajes, acotaciones y diálogos son las referencias directas a los actores. Establecen quién, cómo y qué se dice, respectivamente. Por último, las transiciones son el aspecto más técnico y en ocasiones incluso suelen dejarse a criterio de los directores.

Porque, de hecho, la obra inicial, conocida como guión literario, no hace referencia alguna al aspecto técnico de la grabación. Si bien es cierto que muchos guionistas conciben su obra también desde la perspectiva visual, no suele recaer en ellos la tarea de decidir si una conversación se desarrolla en una sucesión de primeros planos, si una persecución se graba cámara en mano o si se eligen planos cenitales para situar la acción. El guión técnico, el siguiente documento de trabajo, corresponde a directores y directores de fotografía.

En términos mercantiles, el guión de un episodio de una serie puede superar los 6.000 euros de valor. Una cantidad muy pequeña comparada con el trabajo que se esconden detrás. De hecho, apenas el 10% de los guionistas de ficción españoles se dedica en exclusiva a la escritura. Porque a pesar de que el texto comienza a ganar reconocimiento, el mercado nacional está todavía muy lejos de igualarse al renombre y caché de figuras como David Chase, Vince Gilligan o David Simon.