Doula, una compañera en la maternidad



Hace décadas la mujer vivía la maternidad en permanente compañía. A su lado siempre tenía otra mujer con experiencia. Aunque hoy la información abunda, se hace difícil contar con ese referente. La doula trabaja para paliar esa carencia. Es una profesional que se pone a disposición de otras mujeres para…

Doula, una compañera en la maternidad

Hace décadas la mujer vivía la maternidad en permanente compañía. A su lado siempre tenía otra mujer con experiencia. Aunque hoy la información abunda, se hace difícil contar con ese referente. La doula trabaja para paliar esa carencia. Es una profesional que se pone a disposición de otras mujeres para ayudarlas durante el embarazo, el parto y el postparto.

El apoyo incondicional de una doula crea un clima de serenidad que favorece el bienestar de la madre.

El apoyo incondicional de una doula crea un clima de serenidad que favorece el bienestar de la madre.

En realidad, siempre han estado ahí. Hace décadas eran la madre, una tía o la vecina. No recibían el nombre de doulas pero sí cumplían con su función: mujeres con una experiencia previa que ayudaban a las futuras madres con el nacimiento y la crianza del bebé. Con la hospitalización del parto y la evolución de las redes familiares, este entorno femenino alrededor de la maternidad se disolvió. Pero sigue siendo muy necesario. La mujer embarazada afronta una etapa llena de cambios, de dudas y temores. Aunque acompañadas de la pareja, muchas se sienten incomprendidas o solas, necesitan un apoyo emocional y logístico que a día de hoy el sistema no ofrece.

La doula busca compensar ese vacío. A pesar de que tiene conocimientos de fisiología, puericultura y educación prenatal, su formación no está reglada, por tanto, no es personal sanitario ni tampoco viene a suplir el papel del obstetra o de la comadrona, sino a complementarlo. La doula trabaja aspectos prácticos y físicos, pero también se mueve en el plano emocional. Acompaña. Es una guía que en algunos casos puede llegar a marcar la diferencia entre sufrir o disfrutar un embarazo.

Una doula no intenta a suplir el papel del obstetra o de la comadrona, sino a complementarlo

Joana Llavata  se formó como doula tras acompañar a una prima en su camino a la maternidad. Para ella, ser doula “es la vida, es acompañar a personas en un momento crucial, no sólo en el parto o postparto, también puede ser en el duelo o en una interrupción del embarazo”. La empatía es clave para conectar con la madre, la familia y sus necesidades sin ser invasiva. Joana lo explica con la imagen de un gato, que ”se mantiene a tu lado discretamente, en silencio, respetuoso y aparece sólo cuando hace falta “.

Joana Llavata trabaja como doula e imparte clases de yoga para embarazas.

Joana Llavata trabaja como doula e imparte clases de yoga para embarazas.

La tarea de la doula será la que necesite la madre. Durante la gestación, la ayuda a prepararse -también al padre-, física y emocionalmente para recibir al bebé. A la hora del parto, que será donde la familia haya decidido, en el hospital o en casa, la doula comparte todo con la madre, está con ella desde las primeras contracciones, la comprende, la anima, la masajea, la relaja, se convierte en su apoyo incondicional.

Con la llegada del bebé, la doula comparte su experiencia para afrontar un período en el que la felicidad por el nacimiento se mezcla con el agotamiento y con los cambios hormonales. Ayuda en la recuperación física, la lactancia y los cuidados del recién nacido, también con la nueva vida de familia y pareja.

Tener el sostén de una doula puede tener múltiples beneficios. Según publica notjustskin.org, ayuda a reducir la tasa de cesáreas, el uso de oxitocina, de epidural o de analgésicos. Su presencia contribuye a rebajar la ansiedad en la madre o la posibilidad de sufrir depresión post-parto. De hecho, es una figura que surgió a raíz de un estudio médico realizado en Guatemala que pretendía reducir el elevado gasto farmacéutico derivado de intervenciones en partos en los años 70. Las mujeres que tuvieron a su lado a otra que ya había sido madre necesitaron menos intervenciones que aquellas que fueron asignadas al personal sanitario, como era habitual.

Así pues, la doula ofrece una atención personalizada frente a un tratamiento demasiado estandarizado. A la madre se le plantea todo un abanico de posibilidades entre el que escoger para recibir a su hijo, sólo que muchas veces se desconoce. Vamos donde nos lleva el sistema. La doula permite abrir ese abanico y descubrir a la mujer sus capacidades. Nunca juzgará, ni tomará decisiones, pues tomarlas corresponde a la futura mamá, pero lo hará teniendo más información. En ese sentido, su trabajo empodera a la mujer. Joana lo que busca es ayudar a la madre “a recuperar su instinto, a despertar un don innato, como es el de dar vida, que permanece dormido. Vivimos tan rápido, que queremos hacerlo todo. Incluso, queremos ser iguales que los hombres. Y no lo somos. Ser diferentes es divino. Hay que valorar la diferencia. La principal es que tu cuerpo es capaz de hacer un cuerpo y eso hay que disfrutarlo”.

De guardia permanente

El trabajo de la doula es extremadamente flexible, en cuanto a horario y funciones, y su precio oscila en función de lo contratado. Hay países europeos en los que el coste lo cubre la seguridad social. En España es un servicio que ha ido creciendo en los últimos diez años hasta que la crisis ha frenado esta progresión. Durante el embarazo, se plantean cuatro o cinco sesiones en las que la doula detecta las necesidades de cada madre o pareja, se planifica el parto y se proponen actividades con el fin de hacer más fácil el proceso, como pueden ser sesiones de yoga, talleres o diferentes terapias. En esta fase el precio del trabajo oscila alrededor de los trescientos euros.

“Lo que antes hacían las madres o las hermanas, ahora lo hacemos las doulas”

A partir de la semana treinta y siete, entra en guardia permanente durante las 24 horas para acudir donde sea en cuanto se presente el parto. Por su acompañamiento en esta parte del proceso puede cobrar unos 300 euros. El post-parto, un momento en el que muchas familias se ven desbordadas, también se mueve en torno a los trescientos y contar con ella durante la lactancia cuesta alrededor de doscientos euros. El precio de todo el proceso, embarazo, parto y postparto, es de unos 700 euros. Las doulas normalmente están agrupadas en torno a asociaciones locales o regionales, así que los precios suelen ser parecidos.

Ana, Elsa y su doula

Ana, Elsa y Joana.

Ana, Elsa y Joana.

“Todas necesitamos una doula desde el minuto uno”, cuenta rotunda Ana. Quiere que su historia se conozca y ayude a otras mujeres. “Yo tuve dos abortos y mi doula me siguió desde el principio. Es una parte del trabajo de la doula que no se conoce, porque vivimos el duelo del aborto en silencio. Todos te dicen “ya tendrás otro” pero se te ha muerto un ser que tenías dentro de ti. Además, es cruel que el legrado te lo hagan en el paritorio mientras oyes a otros niños llegar al mundo”.

El tercer embarazo vino por sorpresa y con él, el terror a un tercer aborto. Con la doula trabajó para perder ese miedo. Al quinto mes, estando de baja por embarazo de riesgo, su marido la abandonó. “El papel de la doula fue vital. Si no llega a ser por ella me hubiera hundido en la miseria. El sufrimiento hizo que llegara a olvidar que estaba embarazada. Mi doula me ayudó mucho. Juntas hicimos muchas actividades, yoga, terapia prenatal… Me acompañó a comprar ropita para el bebé y a preparar su habitación. Gracias a ella, a las tres semanas volví a conectar con mi bebé. Ahora tiene un año y seguimos teniendo una conexión muy intensa. Di a luz con un parto natural que duró dos horas. A la comadrona la ví sólo un par de veces. Luego, mi doula estuvo conmigo durante la lactancia.

Como Elsa se adelantó quince días, mi cuerpo no estaba preparado para dar de mamar. Fue la semana más dura, pero con su apoyo en tres días, se cogió y aún sigue”. Ana tuvo la suerte de tener a su doula en la familia. Joana es tía suya. Cumplió con ese ritual ancestral femenino que es acompañar a la maternidad, y lo hizo como familiar y como profesional: ”lo que antes hacían las madres o las hermanas, ahora lo hacemos las doulas. Lamentablemente, necesitamos un diploma para todo. Tal y como vivimos hoy, creo que es una figura muy necesaria. Nos hemos alejado tanto de la naturaleza femenina que la mujer da el paso de ser madre con un gran desconocimiento. Creo que llegará un momento en que la doula forme parte de la comunidad. Cuando la mujer viva su naturaleza con más libertad, sin presiones, todas compartirán su experiencia, todas serán doulas”. Mientras ese momento llegue, contar con una, al menos es una decisión que nadie nos podrá quitar.