Al otro lado de la cámara



Clint Eastwood, George Clooney, Ben Affleck… No es difícil encontrar en la cartelera directores con nombre de actor, pero en España aún sorprende que los nuestros den el salto a un vacío lleno de ilusión y arte. Incluso después de la era ‘Torrente’ y el brazo sabio de Santiago Segura….

Al otro lado de la cámara

Clint Eastwood, George Clooney, Ben Affleck… No es difícil encontrar en la cartelera directores con nombre de actor, pero en España aún sorprende que los nuestros den el salto a un vacío lleno de ilusión y arte. Incluso después de la era ‘Torrente’ y el brazo sabio de Santiago Segura.

“Nadie dirige mejor a un actor que otro actor”. Una afirmación rotunda y plagada de argumentos por la que abogan muchos de esos actores que dirigen, o directores que actúan. Toda combinación es posible en un sector que sin gozar del apoyo que merece (económico, claro), ofrece siempre infinitas posibilidades. Es normal, pues, que todo el que se zambulle en mundillo del cine, quiera más. Los Hitchcock pro-cameos saben ya a poco en un momento en el que se multiplican los actores que deciden ponerse tras la cámara. Motivación y ventajas les sobran.

Uno de los pocos supervivientes de la fiesta cinematográfica en Valencia, el Festival Internacional Cinema Jove, que esta noche se clausura, llega este año con muy buena salud en una de las secciones con más éxito entre sus seguidores. Un hueco en el festival dedicado a esos intérpretes que se miden en la dirección a través de sus respectivos proyectos, y representados en esta 29 edición por Leticia Dolera, Zoe Berriatúa y Fede Celada, con los que pudimos hablar en un primer encuentro, y por Eduardo Casanova, recién aterrizado ayer desde Cuba y que tampoco se ha perdido la cita con un Festival al que le debe mucho.

Fede Celada, Leticia Dolera, Jorge Castillejo y Zoe Berriatúa en el encuentro de 'Actores tras la cámara' de Cinema Jove. Foto: María Verdoy.

Fede Celada, Leticia Dolera, Jorge Castillejo y Zoe Berriatúa en el encuentro de ‘Actores tras la cámara’ de Cinema Jove. Foto: María Verdoy.

Unos llevan más años que otros sudando tinta en el set de rodaje, metiéndose en otras pieles. Pero todos tienen en común las ansias por contar sus propias historias, dejar su marca personal y compartir lo que han aprendido entre toma y toma. Porque eso es precisamente lo que tienen ganado de antemano. Según explica Dolera, que presenta su tercer cortometraje, ‘Habitantes’, y que hace dos semanas terminó de dirigir su primer largo, “de entrada con el actor ya tienes una relación de confianza asegurada. Yo he estado ahí y sé lo que se siente, sé lo perdido y frágil que se puede uno sentir ante una cámara. Es una relación de empatía muy bonita y que a mí me emociona mucho”.

Zoe Berriatúa, que trae el corto ‘El último plano’ y respira aliviado tras finiquitar también su primer largometraje, lo tiene claro: “si el director ya ha hecho lo que está exigiendo, el resultado siempre es mejor”. Una baza para Berriatúa que, insiste, hay que aprovechar. “Reivindico la importancia de ponerse en el lugar del otro, los directores deben ponerse a actuar y los actores a dirigir. Y a partir de ahí, exijámonos y hagamos buen cine”.

“Nadie dirige mejor a un actor que otro actor”, afirma el actor y ahora director Zoe Berriatúa

Casanova, tan reconocido por su bien labrado Fidel de ‘Aída’, ha elegido Cinema Jove para presentar, por primera vez en España, su cuarto cortometraje ‘La hora del baño’(proyección que no deja indiferente a nadie para celebración del actor). Admite que siempre ha considerado “la interpretación como el puente hacia la dirección. Cuando actúo, estoy pensando en cómo me dirige el director. Actuar ha sido como una escuela”.

El arte de dirigirse a uno mismo

Ahora bien, atreverse a dirigir conlleva un reto mayor aún si, además, el nuevo actor-director forma parte del reparto. Más todavía, si éste resulta ser el protagonista. No intentamos rizar el rizo, la que se nos ha adelantado es la propia Leticia Dolera, que ha vivido esa dualidad en su primer largo. En ‘Requisitos para ser una persona normal’, donde una chica “bastante friki” intenta a toda costa ser una más, sin saber muy bien de qué va la normalidad, ella misma dirige, escribe y protagoniza. Ahí es nada.

Dolera ha conocido los pros y contras de tener la sartén por el mango. “Hay una ventaja divertida, y es que metida en plano puedes dirigir a los actores desde dentro de la escena, ya sea improvisando para ver cómo reaccionan, cambiando el tono sin que lo esperen… puedes jugar a lo que quieras y con las emociones nuevas que consigues del actor. Todo un trabajo de investigación que me apetece seguir explorando”. Sin embargo, reconoce que por momentos es fácil olvidarse de dirigirse a uno mismo, y que el factor tiempo impide chequear las propias tomas, una revisión dejada irremediablemente para la fase del montaje. “Esa sartén es tuya para bien y para mal: te permite jugar, pero es una gran responsabilidad”.

“Dirigir a los actores desde dentro de la escena y jugar con las emociones nuevas que les produces es una gran ventaja”, señala Leticia Dolera

“Un juego de malabares continuo” del que el mismísimo Woody Allen huye. Tal y como apunta Berriatúa: “Allen es muy listo, por eso cuando tiene un protagonista con peso dramático real, no lo interpreta él. En sus películas suele ser un autor que habla”. Hasta para los dioses del séptimo arte es complicado hacer dos cosas a la vez.

El valor añadido de una historia íntima

Las historias que cuentan estos artistas parten de muy adentro, y se nota. Se deja ver una ilusión que quizá no viven tanto los “directores de oficio”. La motivación no es dirigir “porque toca”. Lejos de un director que realiza películas por encargo, ellos se pasan al otro lado porque tienen algo que contar. Normalmente, algo muy personal que le da un valor añadido a la cinta, una implicación extra.

Cartel del encuentro 'Actores tras la cámara'. Foto: Cinema Jove.

Cartel del encuentro ‘Actores tras la cámara’. Foto: Cinema Jove.

De ahí que Leticia Dolera no tenga inconveniente en declararse no apta en cuanto a técnica. “Yo no sé cambiar una óptica, pero sí sé decir si quiero un plano corto o medio, marcar el rumbo de la historia y su estética”. Y para eso está el equipo, “para materializar el sueño del director y que éste se convierta en el de todos”. Según la actriz, “ésa es realmente la magia del cine: que todo un equipo sienta una historia como suya”.

Pero a veces las historias surgen por casualidad. Al actor y músico Fede Celada no le llamó el gusanillo de la dirección, a él le llamó una buhardilla en ruinas que decidió reformar y una fiesta con amigos músicos. “Nos grabamos cantando, pasándolo bien, y cuando nos dimos cuenta, teníamos material para montar algo grande”, cuenta Celada, quien ha inventado el término “docudream” para etiquetar su ‘bUhARdiLLA & bLUES’. “No reivindico nada, pero enseño que hay pasión y amor por la música. Hablo de gente que no sabe vivir sin la música pero que no puede vivir de la música”.

Lograr financiación y no desistir en el intento

“Da igual que seamos actores o directores, siempre nos hace falta un productor”. Aunque los cuatro han tenido que involucrarse al máximo en la producción de sus obras, Berriatúa es seguramente el más crítico con el sistema de financiación cinematográfica en España. Asegura estar “engullido, consumido” por la producción de sus películas, y de ello culpa a un país en el que faltan productores y sobran intermediarios, “que sólo aprueban tu proyecto si entra en sus criterios de producto para todos los públicos”. Lamenta, y mucho, que entonces “sólo se puede hacer cine de renuncia social, no de denuncia. Un cine comprometido con las causas sociales pero blanco y con final feliz”.

Tres cortos autofinanciados y uno salvado gracias al crowdfunding. Es el cuento de nunca acabar de Eduardo Casanova. Ahora, cree que ha llegado la hora de que confíen en él: “yo ya me he pagado mis cuatro cortos, lo que haga ahora quiero que me lo paguen. No quiero ganar dinero, quiero comer de esto. Es lo que hace que a un artista se le respete, el dinero. Por eso no quiero producirme más cosas, da igual que tenga dinero o no, les toca a ellos”.

“La cultura de un país es el legado de un país, y a través del cine nos entendemos a nosotros mismos como pueblo”, afirma Dolera

Mejor suerte corrió Leticia Dolera, que a pesar de haber convencido a productores y televisiones para financiar su obra, confiesa que le costó que empezaran a aprobar sus proyectos y asegura que su nombre, más consolidado, no le ha abierto más puertas que a otros. Algo en lo que difiere Berriatúa, que opina que los actores, y especialmente los de éxito, “tienen unas herramientas geniales a su favor que es legítimo sacar. El hecho de que ya nos conozcan es una ventaja, además de saber dirigir a actores. Y éstas son dos cosas que tenemos que aprovechar si queremos hacer cine”.

Democratización del cine versus calidad

El acceso a las nuevas tecnologías pone en bandeja la posibilidad de hacer cine a cualquiera, algo que según Celada, “globaliza las oportunidades, que es una parte muy buena”, pero existe otra cara de la moneda, y es que “aunque esta democratización facilita las cosas, empobrece mucho la calidad”. ¿Cualquiera puede hacer una película? Probablemente. ¿Cualquiera puede hacer una película buena? No tan probable.

“La democratización del cine es algo maravilloso”, dice Dolera, que confía en que la iniciativa de los recién horneados chavales de la escuela de cine ESCAC “creará el cine del futuro”. Sin embargo, está lejos de apoyar “el cine por amor al arte”: “al final la gente tiene que trabajar de otra cosa para poder rodar, y eso nos lleva a una desprofesionalización de la industria”.

Dificultades, muchas (qué novedad). Ilusión, más. Al menos por el momento hay valientes que ganan la batalla. Lo importante, sea delante o detrás de una cámara, es no perder de vista la esperanzadora reflexión que nos regala Dolera: “la cultura de un país es el legado de un país, y a través del cine vemos quiénes hemos sido, nos entendemos a nosotros mismos como pueblo. Ese legado ha de seguir existiendo, tenemos que seguir haciendo cine”.