Desigualdad y revolución en clave futurista



Siguen llegando a las pantallas películas de ciencia-ficción con componentes de comentario político. El director de ‘The Host’ trata del cambio climático y las diferencias socioeconómicas situando la acción de ‘Snowpiercer’, su último filme, en una Tierra congelada. Se diría que el crack financiero y la crisis económica, y temas…

Desigualdad y revolución en clave futurista

Siguen llegando a las pantallas películas de ciencia-ficción con componentes de comentario político. El director de ‘The Host’ trata del cambio climático y las diferencias socioeconómicas situando la acción de ‘Snowpiercer’, su último filme, en una Tierra congelada.

Se diría que el crack financiero y la crisis económica, y temas asociados como la fragilidad del estado social, han agitado las aguas de la ciencia-ficción cinematográfica. Producciones comerciales como ‘In Time’, ‘Desafío total’ o ‘Elysium’ han presentado escenarios venideros de desigualdad extrema, y han guiñado el ojo al malestar ciudadano o a las demandas de una mayor cobertura sanitaria. Parece que vuelve el cyberpunk, tan de moda durante el reaganismo, que planteaba amenazas reales como las privatizaciones (‘Robocop’, ‘Fortaleza infernal’) o la dualización de la sociedad (‘Blade Runner’).

Bong Joon-ho  vuelve a aderezar una historia convencional con elementos inesperados en Snowpiercer.

Bong Joon-ho vuelve a aderezar una historia convencional con elementos inesperados en Snowpiercer.

Siguiendo esta estela, el realizador surcoreano Bong Joon-ho (‘Memories of murder’) vuelve a aderezar una historia convencional con elementos inesperados en ‘Snowpiercer’ . Adaptación de un cómic francés, incluye sus ya característicos tiempos muertos, además de personajes extravagantes que pueden remitir a los mundos futuros de Terry Gilliam (‘Brazil’, ’12 monos’). El resultado es una curiosa distopía que se desarrolla espacios reducidos, modera las dosis de acción presentes en las últimas superproducciones del género y, sobre todo, potencia su carácter de parábola sociopolítica.

No juegues con el clima

El cine fantástico ha alertado repetidamente de los peligros de la carrera armamentística, pero también ha cuestionado otras facetas más bienintencionadas de la experimentación científica. ‘Soy leyenda’, por ejemplo, especulaba sobre un virus anticancerígeno que transformaba a los humanos en vampiros. ‘Snowpiercer’, por su parte, nos traslada a una Tierra devastada: un gas diseñado para contrarrestar el calentamiento global ha provocado una glaciación.

Probablemente el filme advierte sobre la soberbia humana, pero también puede entenderse como una llamada a la inacción ante el cambio climático. La derecha negacionista estaría encantada con el planteamiento… si no fuese porque se aboga implícitamente por la redistribución de riqueza y recursos.

En la línea de las recientes ‘In Time’ o ‘Elysium’, Bong muestra una sociedad físicamente segregada por criterios económicos. Pero no hay paradisíacas estaciones orbitales, ni colonias extraterrestres como las de ‘Blade Runner’. En ‘Snowpiercer’, ricos y pobres están mucho más cerca: en un solo tren con aires de Arca de Noé, que circula ininterrumpidamente por un mundo congelado. Los excluidos ocupan los últimos vagones, hacinados y autogestionando su miseria. Eso sí, las élites les proporcionan alimento.

El filme advierte sobre la soberbia humana, pero también puede entenderse como una llamada a la inacción ante el cambio climático

El comentario de la deriva política del primer mundo, de Reagan y Thatcher (el cómic original se publicó en 1984) hasta el presente de crisis económicas, es evidente. Se exagera una deriva real: la sustitución de los derechos ciudadanos por la vieja beneficencia. Los antagonistas de la ficción insisten en que cada persona tiene su lugar inamovible en el mundo. Uno de los personajes liquida el concepto de ascensor social con un monólogo clasista, sobre cabezas y pies, que concluye con un consejo delirante: “sed un zapato”. Quien no lo acepte se expone a castigos terribles.

Los proletarios como bazo

Sí, como bazo: ese órgano que almacena sangre de reserva, entre otras funciones. La plebe de ‘Snowpiercer’ no va a ser, salvo raras excepciones, empleada por las élites que ocupan el resto del ferrocarril. Ellos no serán clase trabajadora, ni siquiera esclavos, sino más bien material biológico de repuesto, conservado en las condiciones mínimas de supervivencia.

El realizador no se detiene en los múltiples vagones que visitan los protagonistas, con lo que esta sociedad acomodada sin apenas subalternos genera algunas preguntas. Pero queda claro que estamos ante un microcosmos de crecimiento cero, rigurosamente adaptado a los recursos proporcionados por el ecosistema del tren. Podría ser una utopía de sostenibilidad ambiental, pero el mecanismo de control demográfico es… más bien distópico.

Lampedusa y la revolución

El protagonista de la ficción es Curtis, joven líder de un motín. A pesar de haber fracasado previamente, los desposeídos intentan de nuevo la toma del ferrocarril. El cineasta observa el alzamiento con simpatía, y asume el punto de vista de sus impulsores. Mientras que los antagonistas son militares crueles, enmascarados sin rostro, o personajes bizarros de discurso psicopático.

‘Snowpiercer’ no proyecta ese horror hacia la masa tan característico del individualista cine estadounidense, en el que obras como ‘V de Vendetta’ resultan anómalas. Pero, de la misma manera que otro blockbuster actual con aires pro-revolucionarios, Atlas de las nubes, muestra a insurrectos pereciendo en sacrificios aparentemente fútiles.

Bong y compañía llevan más allá el escenario de triunfo casi imposible. Los rebeldes no se enfrentan solo a la fuerza de las armas, o a la capacidad de adaptación del sistema: en ese futuro posapocalíptico, el sistema se autoprotege precisamente mediante revueltas periódicas. Así, sigue la estela de ‘El Gatopardo’ (“Si necesitamos que todo permanezca como está, necesitamos que todo cambie”), esta vez en clave de planificación social con toques genocidas. El mensaje es descorazonador, y recuerda las palabras del antihéroe de otra distopía, ‘2013: rescate en Los Ángeles’: “cuanto más cambian las cosas, más siguen igual”.