“Los historiadores del futuro van a tener un problema muy grave porque ya no nos escribimos cartas”



Sergi Pitarch Garrido encontró por casualidad dos cartas de suicidio de un represaliado del Franquismo. Tras su pista reconstruye en el corto documental ‘El último abrazo’, nominado a los Goya, la sorprendente historia de Mariano Rawicz

“Los historiadores del futuro van a tener un problema muy grave porque ya no nos escribimos cartas”

Hay veces que las historias parece que buscan un narrador, una salida al exterior para ser contadas. Algo así es lo que le pasó al periodista Sergi Pitarch Garrido en 2002. En medio de una subasta de antigüedades entre amigos, calentó el inicio de una puja casi por inercia. Alzó la voz con un euro a cambio de un viejo bolso de piel. Nadie más pujó y se lo tuvo que quedar casi con cara de circunstancias. En su interior, los papeles viejos que el anticuario había metido para rellenar tenían facturas antiguas, algún recibo y dos angustiosas cartas de suicidio fechadas en los primeros años de la postguerra.

Es el punto de partida de ‘El último abrazo’, un cortometraje documental nominado este 2015 a los premios Goya y que reconstruye los pasos de la persona que escribió de su puño y letra esas dos cartas, Mariano Rawicz. Con juegos narrativos que recuerdan a ‘Searching for Sugar Man’, Pitarch Garrido parte de un trabajo historiográfico para saber quién era Mariano, cómo acabó siendo un represaliado político durante la Guerra Civil, cuál fue el desastroso destino de toda su familia o qué sucedió finalmente con él. La historia, que funciona a modo de foto fija de esas décadas oscuras, tiene guardadas sus sorpresas.

Después de meses de recorrido aún sigues de promoción con ‘El último abrazo’. ¿Hay vida después de los Goya?

Al revés, la vida empieza ahora con los Goya. Hicimos el documental y nos pusimos de meta los Goya para tener un límite temporal y acabar el trabajo. No hemos ido a ningún festival, a ningún concurso… Lo primero ha sido a los Goya. A partir de ahora es cuando hemos empezado el recorrido de festivales. Ahora es cuando empieza la vida útil de un documental, que suele ser de dos años.

Historias encontradas

Trasteros, maletas abandonadas, subastas, rastros, mercadillos… son los hábitats de cartas, negativos, historias dormidas que esperan (a veces para siempre) la llegada de una mirada con determinación que las descubra al gran público. El espectador abraza las historias extraordinarias protagonizadas por gente (aparentemente) corriente. Por eso este subgénero está creando tanta expectación. Por eso y porque, además, dentro de poco la digitalización convertirá estos encuentros azarosos en un rara avis. Investigar sobre una vida, reconstruir un suceso o una obra a través de una fotografía o una carta son historias encontradas. Aquí algunos ejemplos:

  • ‘En busca de Vivian Maier’ (John Maloof, 2014) reconstruye la obra fotográfica de una niñera que murió en 2009 sola, pobre y sin conocimiento de la repercusión que su legado obtendría cinco años después de su muerte. En una subasta en 2007 John Maloof compró por unos 300 euros un archivo de 100.000 negativos que retrataban la década de los 50 en Estados Unidos.
  • ‘Los Modlin’ (2014) es un libro de Paco Gómez, fotógrafo madrileño al que una noche de 2003 avisaron de que por la acera de la calle del Pez de Madrid estaban dejando esparcidas fotografías, cartas y libros. Estos documentos pertenecían a los Modlin, una excéntrica familia estadounidense de pintores y actores. Sergio Oksman rodó un documental llamado ‘Una historia para Los Modlin’ en 2012.
  • ‘La maleta mexicana’ (Trisha Ziff, 2011). Perdido en un armario de México D. F. esperó 20 años escondido un relato fotográfico de la Guerra Civil española. Cerca de 4.000 fotografías tomadas por Robert Capa, David Seymour, alias Chim, y Gerda Taro, tres de los mejores fotógrafos del pasado siglo.
  • Con lo maltratados que suelen estar los cortometrajes y los documentales, ¿cómo se promociona un corto documental?

    Bastante mal, porque es un género que no tiene el reconocimiento por parte de la industria y de los exhibidores que debería tener. Un cortometraje no es el formato del futuro, es el formato del presente. Estamos acostumbrados a formatos más cortos. Se debería apostar más. Actualmente en España, a parte de los festivales, es muy complicado colocar un cortometraje en una televisión o en una sala.

    Las cartas llegaron a ti casi por casualidad en una subasta, pero ¿qué se activó en ti para desarrollar la historia?

    La subasta ocurrió hace mucho tiempo, sobre 2002. Encontré las dos cartas, las leí y me dije “aquí hay una historia detrás”. Por cuestiones de la vida se convirtió en una de esas cosas que dejas en una carpeta aparcada, pensando “cuando tenga tiempo, ya lo haré”. Trabajaba en Canal Nou y cuando cerraron la televisión pensé que era tiempo de retomar los proyectos pendientes, saqué la carpeta y dije “ahora sí”. Tenía la energía, la motivación e incluso los recursos económicos para dedicarme a buscar quién había sido el autor de las cartas.

    ¿Cómo se empieza a buscar sin más datos que el contenido de las dos cartas y el nombre de pila del autor?

    En principio no lo planteé como un documental al uso. Encontré las cartas y sabía que estaban firmadas por un tal Mariano pero no sabía quién era. Empecé a grabar mientras investigaba con la intención de evidenciar que es casi imposible encontrar a un persona como esta en nuestra sociedad. Por eso, los primeros testimonios que grabo no saben quién es el autor.

    Partes de un trabajo casi historiográfico.

    Cuando fui al perito caligráfico, al psicólogo y al historiador, no sabía quién era el autor de las cartas. Queríamos hacer una cosa que hemos venido a llamar documental observacional. Conforme iba avanzando, íbamos grabando. Al saber quién era Mariano, todo aquello varió.

    ¿Es en ese momento cuando la historia atrapa del todo?

    Fue brutal. Cuando descubrimos quién era Mariano Rawicz fue un shock. Lo primero porque es una persona interesantísima, con una historia poco común detrás. Lo segundo, porque es un ejemplo de toda una generación y a través de su vida se podía explicar la de toda su generación. Yo tengo familiares que fueron represaliados durante el franquismo y sufrieron algo parecido a lo que sufrió este hombre. Me gustó por poder ser una historia ejemplarizante. Lo más flipante es que este hombre [ATENCIÓN SPOILERS] no solo sobrevivió a todo esto, sino que escribió unas memorias y en la página 444, en el primer párrafo, describe cómo escribe las cartas. Encontré el propio testimonio de la única persona que me podía contar de dónde venían las cartas.

    Mariano Rawicz tiene una historia personal y profesional muy intensa. Fue uno de los mejores diseñadores gráficos de la época y uno de los precursores de muchas técnicas europeas en España. Cuánto talento se ha perdido por culpa de conflictos como los vividos en el siglo XX en Europa.

    Mariano Rawicz es un ejemplo absoluto del verdadero corte social, económico y artístico que hubo con el Franquismo. Mariano fue un diseñador gráfico que en su época fue de los más reconocidos en España. Hay más de 40 portadas suyas expuestas en el IVAM actualmente. Era una persona muy cotizada pero cuando acabó la guerra acabó en la cárcel, su recuerdo se disipó y hasta 1997 no se recuperó un poco su figura.

    Por sus manos pasó, por ejemplo, la adaptación a cerámica de la marca Nitrato de Chile, uno de los iconos de la publicidad en España.

    Es a él a quien se le atribuye el dibujo de la silueta del caballero de Nitrato de Chile, que está dibujado de tal forma que no sabes si va o viene. Una cosa que a los agricultores les hacía mucha gracia. Hay todo un mundo de diseño anterior a la guerra, que además fue una explosión, no solo por la revolución técnica que supuso las nuevas imprentas y la introducción del color, sino también por la irrupción de nuevas corrientes que venían de la Unión Soviética. Era espectacular y en Valencia lo era aún más, porque la ciudad era la capital de la imprenta casi desde el siglo XVI y siempre ha tenido una tradición de artes gráficas que se rompió con la guerra.

    ¿La historia de Mariano sirve como foto fija para conocer los efectos de la represión franquista?

    Tiene, como cualquier historia personal, la dos cosas: sirve como ejemplo, pero tiene su casuística. El historiador en el cortometraje nos cuenta que aunque no haya estudios, en la postguerra se incrementó notablemente el número de suicidios en España. Gente que aún no estando represaliada directamente, no pudo soportar la presión de un mundo que se había hundido completamente y acabó suicidándose. Es un tema aún por estudiar, el impacto psicológico que tuvo a nivel social la represión.

    Se nos olvida que el estrés postraumático no es una cosa que se haya inventado en el siglo XX, sino que lo han sufrido todas las generaciones que han padecido una guerra.

    Es curioso. El psicólogo nos contó que en aquella época, el estrés postraumático se llamaba melancolía de guerra y que actualmente en guerras como las de Afganistán o Iraq hay más muertes por cuestiones psicológicas después que en el propio conflicto. La hija de Mariano recuerda que había noches que se despertaba gritando porque tenía pesadillas aún.

    Fue encarcelado, represaliado, perdió a su esposa y a su familia. Es una historia personal muy dura.

    Además, tenía un agravante mayor: estaba absolutamente solo. Cuando le condenan a cadena perpetua y su mujer se suicida, se queda solo en el mundo. Es un polaco que pierde la nacionalidad, su ciudad queda repartida entre Alemania y la Unión Soviética y no tiene si quiera quién le visite. No tenía nadie que le pasara algo de comida dentro de la cárcel, como era normal en la época. Gracias a dos hermanos anarquistas de los que se hace amigo en la cárcel, los hermanos Pellicer, conoce a Lolita Pellicer, que será su novia.

    ¿Cómo llegas a los primeros datos que permiten tirar del hilo?

    Lo primero que hice fue confirmar que las cartas fueran reales con un perito calígrafo. Luego fui al psicólogo para ver si lo que decían las cartas tenía viso de ser verdad y me lo confirmó. Una vez que el historiador confirmó que cuadraban las fechas, no me quedó otra que buscar a los destinatarios de las cartas. La primera iba dirigida a Enrique García Carrilero, un pintor que murió sin descendencia. La más larga, destinada a Faure e investigándolo vimos que había tenido una empresa de artes gráficas y nos pusimos a buscar a su familia llamando Faure por Faure a todos los que había en el listín telefónico de Madrid.

    Se puede encontrar a una persona antes de que Google apareciera en nuestras vidas.

    Yo creo que más que ahora. Los historiadores del futuro van a tener un problema muy grave porque ya no nos escribimos cartas, nos escribimos mails y eso, conforme viene, se va.

    Las cartas de Mariano, paradójicamente, no se llegan a enviar nunca.

    La realidad es que escribió tres cartas, una de ellas dirigida a Lolita y las otras dos a estos dos amigos. Les puso un sello, era un hombre muy ordenado, y se suicidó. A él le encuentran, lo llevan al hospital y la persona que lo encontró entregó la carta a Lolita y guardó dentro de un cajón las otras dos. Allí estuvieron 70 años junto a otros papeles. Este hombre murió, se vació su piso, un anticuario se quedó con algunos muebles y cuando hizo la subasta metió los papeles dentro de un bolso para darle volumen.

    Dan ganas de volver a calentar una subasta por solo un euro.

    La verdad es que sí. Esto me hace pensar la cantidad de historias que pasan por delante de nosotros y no nos fijamos.