“Hay clubes que traen niños y no tienen ningún consentimiento de nadie, ni de los padres”



Román llegó con poco más de 13 años a España para jugar al fútbol y acabó en la calle abandonado por un representante sin escrúpulos. Su historia habla de la mercantilización de un deporte con menores de por medio

“Hay clubes que traen niños y no tienen ningún consentimiento de nadie, ni de los padres”

Su nombre es Hermógenes Alogo Ondo, pero para todo el mundo es Román. Con ese nombre intenta abrrirse camino en el mundo del fútbol, a pesar de tener una historia que muestra la cara oculta del deporte profesional. Con poco más de 13 años llegó a España para jugar al fútbol y en un año acabó en la calle pasando hambre. Casi una década después vive su historia con la perspectiva de quien ha tenido que madurar contra la adversidad. Hoy es monitor de tiempo libre en un colegio de Torrent, entrenador de varios grupos de niños dentro de la Asociación Juvenil Nova Vida, que se ocupa en la ciudad de l’Horta de alrededor de 200 menores, y jugador en Regional Preferente. Con la suma de todo ello va saliendo adelante. Volvería a coger la oportunidad que le trajo a Europa, aunque aplicando todo lo que ha aprendido estos años sobre un deporte mercantilizado que “trata a los jugadores como negocio”, aunque sean menores.

¿En qué momento comienzas a tener contacto con el fútbol?

Soy de Guinea Ecuatorial y empecé a jugar a fútbol a los cinco años. Mi padre murió cuando tenía nueve años. Un día me vio una persona jugar y me llevó a una escuela donde empecé a entrenar. Fui mejorando un año tras otro hasta el punto de que me decían que me podían traer a Europa y probar.

¿Cuándo fue la primera vez que viniste a Europa?

Me trajeron de viaje a visitar España. Fuimos a Barcelona, a conocer la fundación de [Samuel] Eto’o, y volvimos a Guinea a prepararnos para un torneo en Valencia en el verano de 2006. Llegamos a jugar la semifinal de aquel torneo en Mestalla y me vieron varios equipos entre los que estaban Atlético de Madrid, Zaragoza y Villarreal. Un ojeador nos comentó el interés de los equipos por uno u otro chico, con la intención de que nos quedáramos.

El viaje se hace dentro de la estructura de la escuela de fútbol en la que jugabas en Guinea Ecuatorial.

Claro. La persona que nos acompañaba dijo que no nos podíamos quedar y que al menos tendríamos que viajar a Guinea, despedirnos de la familia y llegar a un acuerdo, porque no todo lo que se cuenta de Europa luego es lo que es. Volvimos a Guinea y mi representante empezó a llamar y nos dijeron que me podía incorporar a los entrenamientos del Villarreal, pero no teníamos billete, ni sabíamos qué quería el club. El agente fue a hablar con mi familia y se firmó una autorización bajo la que se hacía cargo de mí, tanto en Europa como en Guinea.

¿Esa persona era un agente autorizado para intermediar con los equipos que habían mostrado interés en ficharte? Algo que, en principio, queda un fuera de la normativa FIFA con tan poca edad.

Tenía poco más de 13 años. Decidimos venir a España a probar, aunque hubo quien nos advertía en Guinea de la forma de actuar de esa persona que se había convertido en mi representante. Los responsables de mi escuela no se lo acabaron de creer y nos vinimos a Castellón, a la residencia del Villarreal.

¿Llegas a firmar algún contrato antes de salir de tu país?

No. Solo se habló, sin ningún papel por medio. Llegamos a Villarreal y empecé a entrenar con el equipo juvenil de liga nacional teniendo casi 14 años. Todo bien hasta que una tarde llegó mi representante y me dijo: “Nos tenemos que ir”. Inocentemente, no sabía qué decir ni preguntar. Era un niño y todo esto me venía grande. Vino con su Mercedes, cogí mi maleta y, sin ninguna explicación, me dijo que tenía que ir a la escuela del Levante.

En ese momento, solo entrenabas y no había ningún tipo de relación contractual con ningún club

De todo lo que hablaban yo estaba al margen. Solo hablaban entre el representante y el club. Ni siquiera la persona que me trajo de Guinea y que se hacía cargo de mí estaba al tanto.

¿Cuánto tiempo pasaste en esta situación?

Alrededor de un año desde que llegué de Guinea, porque después de intentarlo con el Levante, también estuve entrenando con Crack’s un tiempo.

¿De qué vivías en esa época?

Todavía estaba aquí la persona que me trajo de Guinea y se hacía cargo del hotel, la comida y los viajes. Cuando acordamos que me quedara en España con el representante y esa persona se fue, a los dos o tres meses el representante me dejó en la calle. No llegó a ningún acuerdo con ningún club y no me llegó a decir realmente qué habían dicho los equipos con los que había estado negociando.

Viviste momentos duros en los que estabas literalmente en la calle.

Era la persona que se ocupaba de mí. No tenía para comer, no tenía para desplazarme, no tenía ropa… Nada de nada. No volvió a cogerme el teléfono y no volví a saber nada de él.

¿Cómo se sale de esa?

Un día en la calle me encontré a Javier Noguera, responsable de la Asociación Juvenil Nova Vida de Torrent, y tal y como me vio dijo “este chaval pasa hambre”. Me invitó a una panadería y me pidió que le contara mi historia. Me ayudó a pagar lo básico durante un tiempo y en ese año me volvió a llamar el Villarreal. En ese momento el club nos informó de las intenciones que tenía el representante. Quería un contrato para un menor de 14 años.

Algo que está prohibido por la normativa.

El Villarreal dijo que no. Ese fue el motivo de que fuera sacándome de todas las escuelas. Me explicaron que los clubes, cuando traen a un chaval de África, se ocupan de los gastos, los estudios y los viajes del niño para ver a su familia. Hasta que no cumpla la mayoría legal, no se puede firmar un contrato. El Villarreal me ofreció jugar en liga nacional, pero para ello debía tener permiso de residencia, y no lo tenía. Así que empezamos a pelear de nuevo.

¿Fuiste una inversión fallida de un representante?

Claro. Se aprovechan porque cuando vienes de África te lo pintan todo bonito y no es la realidad. La realidad es que para quedarte en un equipo, tienes que pelearte para ganar un puesto. Cuando ven que no sacan dinero contigo, te meten la patada.

¿Está pasando esto con más menores?

Muchos. De este mismo representante conozco otras historias. Es una persona que va a lo que va. Y, si no llega a sacarte nada, no quiere saber nada de ti.

¿Hay alguna forma de evitar este problema en el origen?

Lo que pasa es que en Guinea, por ejemplo, no conocen la realidad. No saben qué sucede con los niños cuando llegan a Europa y piensan que no me falta de nada.

Desde tu punto de vista, ¿los clubes trabajan bien con menores que vienen de fuera del país?

La mayoría sí. Villarreal, Atlético de Madrid y Barcelona están entre las mejores escuelas en cuanto al trato. Los representantes lo único que buscan es sacar su pasta y dejarte.

En los últimos años se han detectado irregularidades en clubes europeos en lo que se refiere a fichajes de menores, sobre todo africanos. ¿Dentro de este mundo se conocen estas prácticas?

Clubes conozco. Siendo africano sé lo que pasa. Algunos vienen y no tienen la edad que dicen que tienen, por ejemplo. Hay clubes que traen niños y no tienen ningún consentimiento de nadie, ni de los padres. ¿Quién va a reclamar? No hay interés en descubrir nada.

Bien no se estarán haciendo las cosas cuando hay oenegés denunciando estas situaciones y clubes como Barcelona, Real Madrid o Atlético de Madrid están bajo sospecha e incluso han sido sancionados.

Están mercantilizando el fútbol y no se están haciendo bien las cosas. Deberían ser las escuelas las que denuncien. No puedes ir a un club, coger a un niño sin más siendo menor y llevártelo a otro club con promesas. En mi país pasa un montón entre escuelas. Los padres y los agentes trabajan con estas cosas. Cuando no se cumplen los acuerdos, las canteras están obligadas a hablar.

¿Cómo se puede acabar con este tráfico de menores?

Se puede denunciar, pero acabar es complicado. Los padres deben ver la realidad de sus hijos antes de que vengan a Europa, ver dónde se va a quedar, con quién se va a quedar, qué acuerdos tienen y que no te pase como a mí, que me trajeron a Europa sin más.