“Sería deseable activar un programa de compensación por efectos de las vacunaciones, generaría confianza”



Resumir el currículum de José Vicente Tuells no es sencillo. Decir que es una de las personas que más sabe sobre vacunas de España debería bastar para ubicar a este científico que dirige la Cátedra Balmis de vacunología de la UA

“Sería deseable activar un programa de compensación por efectos de las vacunaciones, generaría confianza”

Hace apenas un mes, el caso de un niño de Olot (Girona) al que sus padres voluntariamente no habían vacunado y que contrajo la difteria (una enfermedad de la que no se conocían casos en nuestro país desde 1987) hizo que las vacunas volvieran a ser objeto de acalorados debates durante unos días. Hoy, una vez pasado el morbo y el factor sorpresa del asunto, ha disminuido la atención mediática. Sin embargo, se presenta la ocasión perfecta para entender qué hay detrás de una polémica que mantiene dos frentes de padres. Quedamos con el doctor José Vicente Tuells, director de la Cátedra Balmis de Vacunología de la Universidad de Alicante en pleno centro de la ciudad. Lejos de lo que cabría esperar, no responde al arquetipo del sabio que vive en su mundo y no levanta la nariz de los libros. Al poco de empezar a hablar, uno se da cuenta de que para este investigador la ciencia y la medicina están al servicio de las personas y que es muy amigo de llamar a las cosas por su nombre. El lugar elegido para nuestro encuentro no es casual: la plaza del doctor Balmis. Al comenzar la sesión de fotografías nos confiesa que para él, ya es casi una tradición hacerse fotos junto al busto del célebre médico alicantino: “Tengo ya una buena colección y seguro que esta foto no será la última que me haga junto él”.

Los grandes retos de la vacunología

Para el Doctor Tuells, el gran reto en el ámbito de las vacunas sería “proseguir el camino hacia la eliminación de enfermedades como el sarampión, la varicela o la tosferina, desarrollar vacunas eficaces contra malaria, tuberculosis y sida, y, sin duda alguna, restituir la confianza de la población en las vacunas”.

Dentro de la Cátedra Balmis de la Universidad de Alicante, se han marcado cuatro grandes objetivos: “Los dos primeros son de investigación. Por un lado llevar a cabo estudios de vacunología social, es decir, cómo son representados, comunicados en los medios, debatidos en las redes sociales los aspectos que identifican la confianza de la población en las vacunas. Por otro, proyectos de vacunología clínica aplicada. Esto es, estudios sobre el terreno que favorezcan el conocimiento epidemiológico de las enfermedades vacunables y la efectividad de las vacunas. También creemos que es clave la formación en vacunología a través de cursos y seminarios, y por último, la difusión de la vacunología mediante una web específica de la cátedra”.

No todo el mundo sabe que un alicantino fue uno de los pioneros en la vacunación a nivel mundial.

Balmis llevó a cabo la primera campaña global de vacunación contra la viruela de la historia, haciendo un recorrido alrededor del mundo al mando de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna (1803-1806). Los expedicionarios viajaron en barco desde A Coruña, pasando por las Islas Canarias y llegando a Venezuela, para posteriormente vacunar en varios países americanos (Cuba, México, Ecuador, Perú, Chile, Bolivia…) pasando después a las Islas Filipinas. Fue innovador el método para transportar la vacuna: se utilizaron los niños vacuníferos, que eran los portadores humanos de la vacuna y a los que se iba inoculando sucesivamente de brazo a brazo a modo de cadena humana.

Eso fue hace dos siglos. ¿Hasta qué punto las vacunas han mejorado nuestra calidad de vida?

Las vacunas salvan tres millones de vidas anualmente. Han permitido erradicar la viruela del mundo, eliminar la polio, excepto en tres países, y reducir extraordinariamente la incidencia del tétanos, la difteria o el sarampión. Hace 25 años se producían 400.000 casos al año en España.

Entonces, ¿por qué existe gente contraria a las vacunas? ¿Son peligrosas?

Las vacunas están diseñadas para producir un beneficio mayor que el riesgo que comportaría padecer la enfermedad frente a la que se vacuna. Ha habido un rechazo hacia las vacunas basado sobre todo en la desconfianza generada sobre su seguridad y, en algunas ocasiones, su eficacia. Sería deseable que en España se activase un programa de compensación de daños por efectos adversos de las vacunaciones, semejante al del resto de países desarrollados. Esto supondría un factor generador de confianza.

¿Pero pueden los padres legalmente negarse a vacunar a sus hijos?

No existe obligatoriedad de vacunarse en España, la elección es libre. Las vacunas se recomiendan según el calendario infantil. Las coberturas vacunales en España están por encima del 95%. Por tanto, pocos niños, no llegan al 5%, están si vacunar. Las razones de no vacunación son sociales (exclusión, marginalidad) o rechazo crítico hacia las vacunas.

En la era de internet, ¿hasta qué punto es importante saber dónde nos informamos?

Hay de todo. Páginas web en las que se promueve información fiable y otras en las que prevalece el contenido dudoso, sesgado o tremendista. Hay que aprender a discernir entre unas y otras. En el fondo, la gente tiene necesidad de creer, confiar y aceptar, aunque en ocasiones las erráticas políticas públicas vacunales o el afrontamiento de las crisis (pandemia de gripe), inducen actitudes críticas.

A mí mismo me costaría explicar qué es exactamente una vacuna.

Las vacunas son productos biológicos compuestos por microorganismos inactivados o atenuados que se introducen en el organismo (antígeno), casi siempre mediante una inyección, para inducir una respuesta inmunitaria (anticuerpo), que actúa como elemento protector frente a determinadas enfermedades. La primera vacuna conocida fue la de la viruela que descubrió Edward Jenner en 1798, sentando las bases de la ciencia de la vacunología.

Cada vez que asistimos a un brote mediático de una enfermedad, como el ébola, vuelve a surgir el debate sobre la industria de las vacunas y la necesidad o no de los países de hacer acopio de ellas.

Hay un grupo de enfermedades que se conocen como olvidadas. El ébola ha sido una de ellas. La puesta en marcha de vacunas contra estas enfermedades es lenta, les falta financiación porque no tienen mercado o se producen en países muy pobres. Durante 20 años se trabajó en una vacuna contra el ébola que no pasaba de la fase dos. La emergencia explosiva en África Occidental del conocido brote que empezó hace un año y la posibilidad que se extendiera al mundo occidental ha activado de forma espectacular la producción de una vacuna anti-ébola. Ya hay dos distintas aplicándose en fase tres en población africana.

¿Cómo se desarrolla una vacuna?

Una vacuna puede tardar en desarrollarse entre 15 y 20 años. En primer lugar es necesario encontrar la parte del germen causante de la enfermedad que, sin ser dañina para el hombre, conserve sus características y pueda ser introducida en el organismo para desarrollar inmunidad. Las formas de tratar el germen es inactivándolo o atenuándolo. Las vacunas atenuadas, por ejemplo, reproducen en el organismo la enfermedad de forma muy suave. Muchas madres saben que tras poner la vacuna contra el sarampión, sus hijos pasan durante un par de días un levísimo sarampión.

¿Entonces es posible desarrollar vacunas para cualquier enfermedad?

No se pueden desarrollar vacunas contra todo tipo de enfermedades, ya que algunos virus o bacterias tienen una estructura o morfología muy compleja. Tal es el caso del virus del sida. La genómica, a través de lo que se denomina vacunología reversa, una forma de desarrollo de vacunas a partir del genoma de cada germen, ha supuesto el adelanto más destacado de los últimos años. La puesta en marcha de una vacuna necesita primero la investigación básica, estudios en animales en animales de experimentación, pasar a experimentos con voluntarios para verificar dosis y seguridad (fase uno, con diez o 15 personas), ampliar en la fase dos a pruebas en 100 o 200 individuos, pasando a la fase tres, vacunando en lugares de endemia a miles de individuos. Y, si todo ha salido bien, la fase cuatro es la de su seguimiento tras la comercialización.