“El Deleste nunca va a ser un festival que nos dé para vivir, lo tenemos asumido”



Quique Medina es uno de esos heroicos dinamizadores culturales de Valencia sin cargo público. Fundó la revista ‘Redacción Atómica’ para hablar de su vicio. Luego vino el festival Deleste, València Vibrant y su paso al equipo de La Rambleta

“El Deleste nunca va a ser un festival que nos dé para vivir, lo tenemos asumido”

Son días de mucho ajetreo para Quique Medina, con la segunda edición de València Vibrant al caer, el trabajo en el departamento de comunicación de La Rambleta y la promoción y cierre de los últimos detalles de la cuarta edición del Deleste Festival. Recientemente han anunciado uno de los reclamos más llamativos de este año, la presencia de Pep Gimeno ‘Botifarra’ en el cartel. “Una bomba”, describe, y explica que ya lo intentó el año pasado, pero no tuvo tiempo. Ha tenido que convencer a su propio equipo y al ‘cantaor’ de Xàtiva para unir dos mundos que conviven en la distancia, y que se tocarán el próximo mes de octubre. “Si apostamos por el folk americano, ¿cómo no vamos a apostar por el nuestro?”, se pregunta, y afirma que cree que el público lo entenderá, aunque no es lo más importante. Eso, descubrir cosas nuevas, es una de las claves del Deleste. Y disfrutar de la música sin las exigencias de los festivales al uso, sin las incomodidades y la baja calidad de sonido. Tres años después de empezar han llegado los números verdes, aunque siguen sin sacar un euro del Deleste. Empecemos por ahí, por el festival de música gourmet, como lo ha definido en ediciones anteriores.

¿Qué se ha cumplido y qué no de los objetivos iniciales del Deleste?

A nivel artístico y técnico, no echamos de menos nada. A veces se nos achaca que no traigamos grupos internacionales, el año pasado no los hubo. Y fue el año que hicimos ‘sold out’. Te voy a dar un dato, y luego me matarán mis socios, pero así la entrevista tiene chicha. Nuestro presupuesto para grupos este año es de 23.000 euros. Y traemos a 17 grupos. Mira el cartel y piensa la apretada que le pegamos a los grupos. Nombres como Low o La Habitación Roja, y otros más humildes, porque esa es la gracia del Deleste, que vienes a descubrir cosas. Pero me refiero a que somos un festival de 800 abonos y no podemos irnos de ciertos números. Estamos luchando en un mercado que está un poco loco y, a veces, un grupo internacional oye la palabra festival y te dice: “No, yo cobro esto, me da igual 800 que 5.000”. Hemos estado cerca de grupos de los que somos fanáticos, en los que hemos estado a punto de gastarnos el 60% del presupuesto, como una locura, y al final no han entrado ni por eso.

Low tendrá un caché alto…

Sí, pero hemos conseguido apretarles una locura. Van a tocar el sábado en el Deleste. Intentamos convencer a los grupos de lo que es este festival y si ellos, sus mánagers o sus agencias lo entienden, vienen. Si no, no.

¿Qué porcentaje de éxito tenéis en esas negociaciones?

Pues a los internacionales obviamente se la trufa más, porque piensan que se van a Madrid y les dan el doble, o ni siquiera pasan por Valencia. Y los nacionales lo entienden más, hacen un esfuerzo. Saben a lo que vienen y que no pueden cobrarnos lo mismo a nosotros que al Low Festival, con todos mis respetos. McEnroe saca disco, lo presenta aquí, se da a conocer en el Deleste, y ahora sacan nuevo disco y vuelven a presentarlo. Y les importa poco lo que van a cobrar. Eso es lo que más mola. ¿Qué nos falta? Pues como empresa, no estamos aún en números verdes. Este va a ser el cuarto año, somos cinco socios y hay tensiones, porque cuando los números no están en positivo, cuesta continuar. Eso se puede achacar tal vez a que no somos buenos gestores… No lo sé. Hay que tener mucha paciencia.

Es un trabajo largo sacar beneficios.

Supongo, pero cuando vas a un festival que en su primera edición el presupuesto es de un millón de euros, pues algo hay ahí. Un inversor. Y bien por ellos. Pero no es el caso. Si apareciese, probablemente llamaríamos a esos grupos y subiríamos el abono.

¿No perdería un poco la esencia del Deleste?

Sí, imagino que sí. Por eso creo que el Deleste nunca va a ser un festival que nos dé para vivir, lo tenemos asumido. Ahora bien, sería genial recuperar lo invertido y que, cuando acabe, te dé unos números que te permitan cobrar por el trabajo, y guardar para el año siguiente para traer grupos más potentes. Pero nunca te va a dar para vivir. A no ser que una marca se vuelva loca, cosa que celebraríamos. Pero no, seríamos tan gilipollas que traeríamos a un grupo de estos de 20.000 euros.

¿Antes que recoger beneficios?

Pues conociéndonos, seguro que sí. Porque hemos estado a punto de hacerlo sin tener el dinero. Si nos los dieran… Podéis haceros a la idea que 800 personas dan para lo que dan. Surf’o’rama, que es un festival flipante que se hace en La Rambleta, va bien, pero tampoco da para vivir. Te puede dar unos beneficios, pero no para vivir.

Este año destaca Pep Gimeno ‘Botifarra’ en el cartel.

Sí, es una bomba. ‘Botifarra’ es una obsesión más mía que de nadie en el equipo. El año pasado ya lo intentamos traer, pero fue un poco precipitado. Él también es encantador, pero especial. Yo me encontraba en dos frentes. Por un lado, a la gente del ‘Botifarra’ debía explicarles por qué tenía que tocar para un público que no es el habitual, llamémoslo ‘indie’. Aunque no nos gusta la palabra, pero vende mucho. Porque aquí traes de todo, hardcore, metal, surf, punks, garage… pero bueno, un festival catalogado como ‘indie’, con un público más del mundo ‘hipster’ o como quieras. El año pasado no tuve tiempo de hacerlo ver. También es verdad que ‘Botifarra’ tiene un caché y una agenda de locura. De hecho, he cerrado ahora la fecha de octubre, y actuará el viernes de milagro. Y luego, reconozco que dentro del equipo había gente que no lo acababa de ver. Aquí todo es muy democrático. Cada grupo que entra en el cartel es un poco coñazo. La democracia mola, pero a veces es un poco pesada. Con el ‘Botifarra’, imagínate, había gente que decía que estaba loco. Ha sido un año entero pasándoles vídeos, documentándoles y explicándoles quién era. Les decía que si traíamos a grupos de country americano, de su folklore, que nos encanta, nosotros también tenemos nuestro folklore, las canciones que cantaban nuestros abuelos, en el campo. Pensamos en traerlo aquí para explicarle eso a la gente. Al final ellos mismos, los socios del Deleste, me animaban a que insistiese con el ‘Botifarra’. Y luego él también pensó que estaría muy bien que la gente se llevase ese impacto que nos hemos llevado nosotros al verle en directo.

¿El público del Deleste lo entenderá?

Supongo que no todo el mundo. Pero tampoco pretendo que entiendan el concierto de El Páramo. Viene un grupo de hardcore metal al auditorio, como también vino Toundra, y tampoco la gente lo entendía. ¿Qué hacía un grupo de hardcore en el auditorio? Y hoy Toundra está en todos los festivales de España. El Páramo es un grupo de metal. Creo que tocan dos canciones en un concierto de 45 minutos. La gente va a entender más al ‘Botifarra’ que a El Páramo. No creo que entiendan menos esto que otras cosas. Creo que el 80% se van a emocionar. Y habrá a quien no le guste. Eso pasó también con Josh T. Pearson el segundo año, un psicópata de Texas que se puso sólo con la guitarra a tocar canciones anticatólicas que duran 10 minutos, y luego, entre canción y canción, sólo hablaba de armas, de mujeres, muy machista… Era un tío de Texas, profundo. Mucha gente silbó y se salió del concierto.

Hablemos de Valencia. ¿Cómo la ves desde tu punto de vista de promotor musical? ¿Es una ciudad muerta?

No, para nada. A pesar del gobierno que hemos tenido, de lo poco que se ha hecho por la cultura desde las instituciones, que es cero. Y estoy hablando de la música pop y rock, aunque también podría hablar de artes escénicas. La ciudad está muy viva. No creo que ninguna persona a la que le gusta consumir música sienta que vive en una ciudad en la que no tiene la oportunidad de ir cada fin de semana a cuatro o cinco opciones interesantes. Para mí, eso es una ciudad viva. Eso es gracias a las salas, a gente como la que lleva los teatros pequeños, l’Espai Inestable, también Rambleta, o salas como 16 Toneladas, Magazine, Wah-Wah… En Valencia ocurren muchas cosas, y de mucho nivel artístico, de músicos con propuestas brutales. Ahora mismo estoy escuchando los discos de Ramirez o de Maronda, y es para flipar. Estamos en un momento muy rico. Sin importar la coyuntura, hay gente que está haciendo cosas interesantes en la música.

Fuera de la música, en Valencia Vibrant reivindicáis precisamente eso.

Exactamente. La filosofía principal de Valencia Vibrant, el primer mandamiento, es que hemos estado en una etapa de quejarse. No hay trabajo, no hay dinero. Pero al mismo tiempo estábamos detectando a gente que hace cosas guapas y que están en esta ciudad. ¿Por qué estamos hablando mal siempre de Valencia, de nosotros mismos? Hay que quejarse, siempre, también ahora, aunque haya otro gobierno. Pero vimos que mucha gente estaba haciendo cosas interesantes. ¿Por qué no poner en valor todo lo que sí se está haciendo? ¿Por qué no lo contamos? Dijimos: vamos a pensar en positivo, sin dejar de reivindicar, pero vamos a sacar a la luz todas las cosas molonas de la ciudad. Y si luego se puede sacar algo, bienvenido. Pero no hay unas pretensiones ni políticas ni de conseguir cambiar nada directamente, nada concreto. No, por ejemplo, conseguir que se baje el IVA cultural. Lo que queremos es mostrar que hay gente interesante. Y luego, si puedes hacer algo con ese lobby, que era una palabra que nos hacía gracia, fenomenal. El año pasado, cuando anunciamos al evento, ya se veía, y sin querer ser pretencioso, lo que iba a pasar en estas elecciones. Fue demasiado el ruido que hicimos. De repente hicimos una cosa apolítica y positiva, y todo el mundo empezó a llamarnos, y el impacto político y social fue brutal. Incluso nos dio miedo, porque las expectativas eran muy altas. Hubo gente que vino cuando acabó y nos dijo: “Muy bien, he venido, pero no me dais soluciones”. Ya, pero es que tampoco queríamos solucionarte la vida. Y es algo que queremos hacer este año, dar más respuestas.

¿Cuál sería para ti el papel ideal de las instituciones respecto a la promoción de la cultura: ponerlos, soplar a favor, dirigirlo ideológicamente?

Pues me conformo con la segunda, que soplen a favor. Prefiero que sople a favor a que que los pongan. Tiene que haber un presupuesto para cosas interesantes, y eso tiene que estar bien vigilado, con concursos y todo lo que tenga que haber. Lo que merezca la pena apoyar, que se apoye económicamente. Pero creo que las empresas no se pueden crear pensando que van a tener dinero público. Hay que crear la empresa y buscar patrocinios privados, o hacerla económicamente viable. Y luego, obviamente, si pides unas ayudas, bien. Pero no puede ser tu pilar básico. Eso también ha sido un error del pasado. Y que no pongan zancadillas en cuestión de salas, de inspecciones, poniendo trabas a que se toque música en los bares. Estamos en una ciudad en la que luce el sol constantemente, que debería haber conciertos en la calle constantemente, y aquí está prohibido tocar en la calle. O en los bares. ¿No puede ir un chaval con una guitarra a un bar a tocar sus canciones, que es lo más bonito del mundo? A todo eso me refiero con poner trabas. Sólo soplar a favor, ceder espacios, con condiciones… Pero la música es buena, dinamiza, es bueno para el turista incluso. Deberían promocionar cosas culturales en la calle. En esta ciudad, hacer eso es lo mismo que si estuvieses drogándote. Es la misma ley. Y luego, deberían interesarse más, que veas a políticos en cosas culturales.

¿Intuyes que puede ir por ahí el nuevo gobierno del ayuntamiento?

Creo que sí. Tengo que decir que, de los partidos que van a gobernar ahora, he visto a gente en obras de teatro y en conciertos. Suelen interesarse. Da la sensación de que le van a dar importancia a la cultura. Al final, a una sociedad sin cultura le falta un miembro, va a tener más problemas para pensar y desarrollarse. Va a ser mucho menos sana su democracia, y creo que sí que va a implícito en el programa de estos partidos. Luego hay un cuidado de la lengua en el que se van a comprometer más, y me parece perfecto.

¿Sigue existiendo esa separación entre la música en valenciano, reivindicativa, y todo lo demás? ¿Cómo ves los fenómenos que han cruzado la línea como Sénior i El Cor Brutal?

Pues eso creo que es otra de las cosas que hacen que Valencia no vibre. Y a mí me molesta mucho, y he sido hasta medio criticado al mostrar mi opinión en los círculos más defensores de la lengua. Tengo muchos amigos en promotoras como Pro21 o la gente que hace la Valencian Music Association (VAM), y lo que hacen me flipa, es una labor fundamental. Ellos entienden esa transversalidad, pero dicen: “Vamos a hacer música en valenciano”. Y yo les digo: “¿Por qué sólo en valenciano?”. Me parece contraproducente. Y me dan la razón, me dicen que irán abriendo, igual que se han abierto a estilos. Entiendo que la VAM la han hecho justo para eso. Pero a veces es como que la gente te ataca. Y la gente que sólo oye música en valenciano o catalán la veo muy limitada. Ellos son los primeros que te separan, como Deleste, como colega y como todo. Sólo voy al Feslloch o al Festivern, y no voy al Deleste. Pues me pareces muy limitado mentalmente. Y lo mismo al revés, los que dicen que no van a festivales que cantan en valenciano por lo que sea. Yo les digo que me importa una mierda si hablan en valenciano, castellano, árabe o inglés. Es un poco de complejo del que habla valenciano que se está rompiendo con gente como Sénior, o meter al Botifarra en el Deleste, o Arthur Caravan, o Gener, que dicen que cantan en valenciano porque es como se sienten cómodos. Pero lo que quieren es tocar en Madrid y París. Y que me llamen para entrar en el Deleste. Pero no es por obligación. Si un año por lo que sea no me sale ningún grupo que cante en valenciano, no pasa nada. Igual que un año me saldrán cinco. Lo que no me vale es tener que meter un cupo. ¿Por qué? Yo necesito calidad. Ramirez es un chico valenciano, tan valenciano como cualquiera, que habla valenciano, y canta en inglés. Sí que me siento en la obligación de hacer cosas valencianas, de promocionar a grupos de aquí. Pero, ¿que canten en valenciano? Será si molan. La obligación de la lengua a veces me molesta. Eso sí, pocos habrá más fans que yo de Antònia Font, o Sénior, o de Manel, o de Serrat, o Sau. Cuando me ha gustado algo, lo he escuchado, y no he tenido ese prejuicio que se tiene también en el otro lado. Y es importante que lo vean.

¿Se están acabando los guetos?

Sí, totalmente. Y eso es maravilloso. A eso está contribuyendo toda esta vibración y todos estos cambios que son tan sanos. Defensa de la lengua, por supuesto. Es un valor del que tenemos que sentirnos orgullosos. Pero de manera cultural. No le ha hecho ningún bien a grupazos como Obrint Pas que se haya seccionado tanto a un tipo de público y de tema. Es bueno para todos que el rock en valenciano hable de todo. También de política. Creo que es super sano, y va sucediendo. Hay que mezclar todo en los festivales. Estilos y lenguas. El valenciano como una más. Ése será el día en que llegará la normalidad.