“Los planes de estudios musicales deberían ser más abiertos y dejar rienda suelta a la creatividad”



Francisco Blanco ‘Latino’ es la cabeza visible del colectivo de músicos Sedajazz y su director musical. Más de 25 años a sus espaldas con un firme objetivo: posicionar el jazz entre el gran público y los jóvenes músicos

“Los planes de estudios musicales deberían ser más abiertos y dejar rienda suelta a la creatividad”

Una alquería del barrio valenciano de La Torre da cobijo desde hace unos años a Sedajazz, colectivo de músicos que trabaja desde hace más de 25 años por la divulgación y formación alrededor del jazz en Valencia. Talleres para jóvenes, cursos, festivales… cualquier tipo de iniciativa que logre mostrar al mundo la música que llevan en las venas. Francisco Blanco, más conocido como ‘Latino’, es el director musical y se prepara estos días para el ajetreo de un verano caluroso. Dentro de nada comienzan su escuela de verano y el próximo 10 de julio celebran un concierto en el Palau de la Música con una pieza original del pianista Albert Sanz: ‘La suite de l’emigrant, una composición dedicada a toda la gente que se ha tenido que ir a buscarse la vida fuera por culpa de la crisis, entre ellos el propio Sanz.

¿Cómo se puede definir el proyecto de Sedajazz?

Es una ilusión desde hace mucho años por llevar el jazz a manos de gente que no tiene oportunidad de aprenderlo. Tanto posibles alumnos, como aficionados. Sobre todo, realizamos una labor de promoción del jazz, la música que nos gusta y la que queremos expandir. El lema es “mientras más seamos, más nos reiremos”. Hace más de 25 años que abrimos el primer taller de jazz, una big band, y hasta hoy no hemos parado de hacer actividades diferentes relacionadas con expandir esta música y dar a conocer lo que nos gusta, con vistas a trabajar y crear una profesión. Hay un montón de músicos de jazz que están trabajando en ello y empezaron con nosotros.

Os habéis convertido en un punto de encuentro alrededor del jazz.

Gracias, sobre todo, a la actividad didáctica que hacemos y a la creación de grupos y formaciones de todo tipo. Desde formaciones de gente que está iniciándose, hasta formaciones súper profesionales con gente de mucho prestigio. Con nuestra sede y los talleres itinerantes que hacemos, hemos conseguido algo importante: reconocimiento y calidad. Cada año vamos renovándonos. Siempre hay proyectos nuevos, siempre hay ideas nuevas… no hay idea que no se lleve a cabo. Aquí hacemos todo lo que se nos ocurre.

A lo largo de tanto tiempo, habréis podido ser testigos de la evolución de muchos músicos que han llegado a Sedajazz bien pequeños.

En pequeños cursos, clases puntuales o talleres itinerantes, ves cómo los niños se enganchan. Muchos vienen después a nuestros seminarios. Ahí se reafirma la afición. Se dan cuenta de que les gusta más el jazz que otras músicas que están estudiando. Hay que recordar que el jazz no se podía estudiar en el conservatorio hasta bien poco y en el superior nada más. En grado medio no existe. Hemos visto cómo chavalines a los que les han hecho ‘chispirritinas’ los ojos en un taller, se han ido metiendo y ahora mismo son profesionales y tienen plaza como profesores en la ESMUC (Escola Superior de Música de Catalunya), Musikene (Centro Superior de Música del País Vasco) o el Conservatorio de Valencia.

Un camino largo que va atrapando poco a poco.

Nosotros somos mucho de tocar, el músico se hace tocando. Grupos que están empezando, en un cuatrimestre ya están tocando, aunque sea en una fiesta y cuatro temas, pero ya están tocando. Nuestra idea es que el músico se debe hacer en el escenario.

¿Qué es lo más importante del trabajo con niños dentro de la enseñanza musical?

La elección del repertorio es importante. Que sea atractivo para ellos es importante, además de la manera de enseñarles. No es fácil. Hay que considerarse un niño más y adaptarse un poco a ellos, aunque con un poco de disciplina. Siempre me ha gustado trabajar con niños y conecto con ellos bastante bien.

Dentro de nada empieza la Escola d’Estiu que organizáis cada verano.

Son un poco más lúdicas. Se intenta formar a los chavales y montar un grupo, una orquestita de jazz. Se forma un grupo con todos ellos, con la idea de hacer un concierto final. En todo ese proceso tenemos desde la lectura a primera vista, pasando por juegos y cosas que ayuden a comprender mejor la improvisación, la creatividad, la composición… Aprenden el lenguaje de la música moderna. Se intenta que se lo pasen bien, pero que aprendan que hay muchas más líneas de estudio a parte del clásico.

Creatividad e improvisación son cuestiones muy complejas y que habrá que apuntalar bien en los niños.

Sobre todo en el jazz. Hay cosas que no van a encontrar en el conservatorio. Aquí se potencia mucho la creatividad. Los músicos de jazz son capaces de hacer una improvisación con una estructura de acordes y con mucho ritmo. El músico moderno tiene que conocer desde el reggae hasta el tango o cualquier ritmo más actual.

¿Está bien planteado el sistema actual de educación musical?

Creo que hay un vacío muy importante en el terreno moderno porque casi ninguno de los profesores que hay ha hecho moderno. La mayoría han estudiado clásico, pues dan clásico. Algunos se están acercando a nosotros, vienen a formarse y sacan mucha información que luego pueden aplicar a sus clases.

Da la sensación de que la enseñanza reglada es muy rígida.

El clásico es así. Hay mucha gente que quiere innovar y muchas veces no se les permite porque hay un plan de estudios y tienes que seguirlo. Los planes de estudio deberían ser más abiertos y dejar que los profesores den rienda suelta a la creatividad.

En todos estos años habéis organizado talleres, encuentros, festivales, cursos… ¿todo lo habéis podido hacer solos?

Ayudas hemos tenido muy pocas. La última, de 3.000 euros y hace tres años, aún no la hemos cobrado. Cantidad de veces nos la hemos tenido que jugar. Casi todo lo que hemos hecho ha sido arriesgándonos. Seminarios internacionales como el que organizamos en el Palau de la Música tienen poco presupuesto y, quitándole IVA y demás, queda poco más de 5.000 euros para gastar.

Al final la experiencia dice que no se debe depender de las instituciones.

Por eso estamos vivos todavía, porque no dependemos de ellas. Hay formaciones auspiciadas por el Instituto Valenciano de la Música que con la crisis han desaparecido prácticamente. Estaría bien que nos dieran ayudas para crecer; no será porque no hemos enviado proyectos.

Ahora, por ejemplo, se abre una nueva e interesante etapa en el Palau de la Música.

Nosotros seguiremos intentando hacer cosas, como siempre. Espero que haya voluntad y que el que entre quiera hacer las cosas bien. Cada vez que íbamos a presentar un proyecto te trataban casi como a un ladrón. Igual que a mí, le pasaba a mucha gente. Una sensación horrible.

El problema ahora es doble: no solo la falta de voluntad, sino también de presupuestos.

Nosotros con muy poco presupuesto hemos hecho virguerías siempre. Por ejemplo, hemos llevado a todos los grupos de la escuela a tocar en el Palau y eso no lo pagan.

A nivel de público, el jazz tiene una audiencia bastante fiel. Pero, ¿cómo atraer a más público?

No es fácil. Hay que inventar cosas y llevarlo más a la calle. Hacer conciertos en la calle y gratuitos sería bonito. En España no ha habido jazz hasta hace unos años, no ha habido una cultura que te ofrece el conocimiento de esta música. El jazz durante el franquismo no entraba, era una música que te llevaba al vicio y la perdición, casi como el flamenco. Hasta hace pocos años te tenías que buscar la vida para encontrar música, ahora con internet lo tenemos más fácil, pero cuando éramos jóvenes te ibas a una tienda a comprarte un casete, transcribíamos la música y aprendíamos de ahí. Partituras había pocas. Solo, libros como ‘Real Book’, que es casi como la ‘Biblia’ y en el que había transcripciones de muchísimos discos.