“Cuando le pones nombre a las cosas o las expresas a través del arte resultan más fáciles de sobrellevar”



Su sueño era vivir del cómic y la vida les empujó a hacerlo. Con sus dos primeras novelas gráficas Cristina Durán y Miguel Ángel Giner consiguieron transformar los escollos que les iba poniendo el destino en historias llenas de optimismo

“Cuando le pones nombre a las cosas o las expresas a través del arte resultan más fáciles de sobrellevar”

Cristina Durán y Miguel Ángel Giner se conocieron en la Facultad de Bellas Artes y tardaron varios años en ser pareja. Miguel Ángel y dos amigos estaban creando un fanzine, y decidieron fijar su atención en la única chica de la clase que hacía cómic. Así nació el Equipo Grúa. “Afortunadamente hoy en día la situación es la inversa, pero entonces era raro encontrar mujeres que quisieran dedicarse al cómic”, señala Cristina. Tras acabar los estudios ambos comenzaron a hacerse un nombre en el mundo de la ilustración y llegaron a hacer de todo, desde animación hasta ilustraciones para folletos o libros de texto. Sin embargo, la pasión por el cómic no les abandonó nunca. “A Miguel Ángel siempre le rondaba la idea de dedicarse al cómic, pero por una razón u otra nunca llegaba el momento”. Hace doce años Cristina y Miguel Ángel tuvieron una hija con parálisis cerebral. Los médicos les dijeron que había una posibilidad entre mil de que sobreviviese. Se aferraron a ella con todas sus fuerzas hasta conseguir que la pequeña saliera adelante. “Fue cuando nació nuestra hija Laia, a raíz de la experiencia que vivimos con ella, cuando pensamos que aquello había que contarlo”, dice Cristina.

Y esa experiencia personal marcó también un punto de inflexión profesional.

C. Es curioso pero a raíz de esto todo cambió. No solo a nivel familiar, sino también laboral, ya que ahora es al cómic, que era nuestra verdadera pasión, a lo que le dedicamos más tiempo. Siempre bromeamos diciendo que llevamos toda la vida dibujando y hemos sacado nuestro primer cómic después de haber cumplido los cuarenta.

Quizá eso también influyó en el éxito del cómic.

C. Por supuesto. ‘Una posibilidad entre mil’ (2009) es una obra que hicimos después de 15 años de experiencia. Seguro que si Miguel Ángel hubiera hecho el guión más joven no hubiera salido igual de redondo.

¿Fue duro hurgar en la herida?

M. Fue un proceso largo y duro para nosotros, ya que estábamos hablando de algo que pasó hace años y que hubiéramos querido borrar de la mente. Arrancar nos costó mucho. Muchas veces escribir los guiones me dejaba destrozado. Se los daba a Cristina para que los leyera y teníamos que dejarlo a mitad porque acabábamos llorando los dos. Sin embargo llegó un momento en que conseguimos vernos a nosotros mismos como personajes y a los hechos como una historia. A partir de ahí todo resultaba mucho más fácil.

¿Os sirvió de terapia?

C. Nuestra principal intención al hacer el libro no era esa, pero sí que nos ha ayudado. A posteriori hemos sabido que todo ese proceso tiene una explicación psicológica, y cuando tú le pones nombre a las cosas o las expresas a través del arte, resultan más fáciles de sobrellevar. Lo llaman proceso resiliente.

Tratáis un tema como la parálisis cerebral y pese a todo se trata de una historia optimista.

M. Es que al fin y al cabo es un reflejo de cómo somos nosotros. Siempre hemos sido gente muy optimista y alegre. La gente de nuestro alrededor, que conocía nuestra historia, fueron los que más nos animaron a contarla.
C. Mucha gente de entrada es reticente a leerlo porque piensan que por el tema que trata lo van a pasar mal. Sin embargo yo les digo que lo lean sin miedo, porque el objetivo de la historia es todo lo contrario.

Vuestro libro podría ser un alegato en defensa de la sanidad pública. ¿Hoy podríais decir lo mismo?

C. Nosotros siempre habíamos creído en la sanidad pública de nuestro país y esto nos lo confirmó. Un médico nos llegó a decir que nuestra hija estaba viva gracias a haber nacido aquí. Pero esto fue hace años. Hoy no sé si le hubieran hecho todas las pruebas exhaustivas (muchas de ellas carísimas) y los tratamientos que le suministraron en su día.
M. De hecho si en vez de nacer aquí hubiera nacido en Estados Unidos, donde la sanidad es privada, estaríamos directamente arruinados. Es una lástima porque parece que en los últimos años están intentando cargarse algo que funcionaba realmente bien.

Vuestra siguiente obra, ‘La máquina de Efrén’ (2012), también fue autobiográfica. En ella contáis el proceso de adopción en Etiopía de vuestra hija Selam.

C. Antes de Laia nosotros ya teníamos en mente la idea de una adopción. Es cierto que cuando nació no nos sentíamos con fuerzas y dejamos aparcada la idea. Sin embargo con el tiempo Laia empezó a progresar cada día más y eso nos fue devolviendo el optimismo.

También debió ser un proceso duro.

M. La verdad es que después de lo que tuvimos que pasar con Laia aprendimos a relativizar muchísimo las cosas.
C. Fueron tres años y medio, pero una experiencia mucho más llevadera. De hecho me consta que ahora la adopción internacional se ha puesto mucho más difícil.

¿Y lo de hacer un cómic contando el proceso estaba ya claro desde el principio?

M. Sí. ‘Una posibilidad entre mil’ está basado en nuestros recuerdos, y ‘La máquina de Efrén’ está escrita en directo, con lo que todo cambia muchísimo.
C. Además aquí se dio el efecto contrario, ya que en su mayoría estaba dibujando momentos bonitos que me apetecía revivir.

¿Y las niñas, que al fin y al cabo son las protagonistas, cómo lo han vivido?

C. Es gracioso porque la propia Selam cuando le enseñamos el libro de Laia empezó a preguntarnos que dónde estaba su libro.
M. Llegamos incluso a dibujar por adelantado algunas de las páginas donde salía ella para que se quedara tranquila. Y el momento en el que por fin vio por primera vez el libro acabado fue muy divertido. A la niña solo le preocupaba saber si la habríamos dibujado bien con sus zapatillas de Hello Kitty.

Después de dos obras autobiográficas tan intensas, ¿cómo se lleva volver después a la ficción?

M. Aunque sea ficción siempre hay mucho de autobiografía. En este último libro, ‘Cuando no sabes qué decir’ (2015),  los personajes y muchas de las situaciones están inspiradas en nuestro grupo de amigos. Además me gusta ese juego tan de Borges de mezclar datos reales con otros totalmente inventados hasta no saber exactamente qué es real y qué no.

Quizá es porque las grandes historias están escondidas entre lo cotidiano.

M. Yo siempre he pensado que la universalidad en las historias se encuentra en aquello que está más cercano a uno mismo. Los mejores personajes son los más creíbles. Tu puedes tener una historia buenísima pero si no consigues que los personajes que intervienen le sean cercanos al lector te costará mucho engancharle. Cuando nos han encargado cómics para explicar determinados temas siempre he buscado tener libertad para poder contar la historia a mi manera. No quiero hablar de la violencia de género como lo haría un libro de texto, quiero hacerlo a través de una historia sobre la amistad.

Esta semana se celebra el Congreso de Cómic Social en la Universitat de València. ¿Hasta donde llega el potencial del cómic como herramienta?

M. El proyecto ‘Viñetas de vida’ (2014), en el que hemos participado con Oxfam, es el ejemplo perfecto de cómo un cómic puede describir perfectamente los problemas sociales. No es lo mismo explicar una situación con un informe lleno de estadísticas que hacerlo a través de una historia. El mensaje va a calar siempre de una manera mucho más sencilla y natural.
C. Hemos descubierto que existen incluso cómics dirigidos a médicos, dentro de una disciplina que se llama la ‘medicina narrativa’. Cada vez se va desterrando más el mito de que el cómic es algo solo para niños y va siendo habitual utilizarlo en diferentes ámbitos.

Sin embargo cuesta arrancar iniciativas como la Feria TEBEO Valencia.

C. Estamos trabajando desde el sector para conseguir celebrar la feria en breve, pero organizar un evento de este tipo es muy complicado ya que entran en juego muchísimos factores, desde el económico hasta el del apoyo institucional. Al no ser una feria comercial al uso todo es más complejo. No es lo mismo organizar una feria de muebles, por ejemplo, que una de cómic donde el componente cultural o social tienen muchísimo peso.

¿Tan importante es para el sector que se celebre un salón del cómic?

M. No hay que olvidar que el cómic también es un negocio. Y nosotros necesitamos tener sitios y medios para conseguir que nuestras obras lleguen al mayor número de población. Este tipo de eventos consiguen que muchos autores puedan darse a conocer y que mucha gente vuelva a leer  cómic.

Sin embargo parece que las librerías sí que son conscientes de esto.

C. Las librerías hacen muchísimas actividades, talleres, presentaciones… hay una efervescencia cultural increíble en Valencia en este sentido. Y tenemos muchísimos, y muy buenos autores de cómic valencianos.

¿Y la gente lo sabe?

C. Cada vez más. Por ponerte un ejemplo, Paco Roca, que hoy por hoy es nuestro autor más conocido para el gran público, ha conseguido abrirnos un montón de puertas al resto. Hay mucha gente que después de leer ‘Arrugas’ (2007) se ha dado cuenta de que el cómic sirve también para contar historias para adultos y se han aficionado a la novela gráfica. Con nuestros libros, como tratan temas muy sociales también sucede esto. Hay quien se lo lee porque le interesa el tema y acaban enganchados al mundo del cómic.
M. Lo que realmente nos gustaría es que la gente que mueve la cultura fueran conscientes del potencial de nuestro cómic. En España todavía no tenemos un tejido cultural potente alrededor del cómic como el que puede haber en otros países. Que aquí Paco Roca venda 50.000 ejemplares es algo excepcional. En Francia eso sería una tirada flojita para un cómic.

Allí sí existe una verdadera industria.

C. Pero todo tiene sus pros y sus contras. En Francia el trabajo es mucho más rígido, y los editores te presionan mucho más. Aquí como no hay nunca tanto dinero en juego te dan mucha más libertad para trabajar.

¿Pero los dibujantes de cómic también tenéis que pagar las facturas?

C. Claro. Nosotros, por ejemplo, hasta que conseguimos estabilizarnos pudimos subsistir gracias a la ayuda de la familia. Después, combinando diferentes trabajos pudimos llegar a vivir bastante bien, pero eso implicaba estar en muchas cosas. Hacíamos ilustraciones para libros de texto, para libros infantiles… trabajos que te permiten hacer frente a los gastos cotidianos.
M. Ahora el cómic es lo que más nos ocupa. Ganamos menos dinero que antes, pero disfrutamos mucho más.