“¿En qué país vivimos si pienso una cosa pero no puedo escribirla por miedo?”



María Lluch acaba de ser condenada a dos años de cárcel por enaltecimiento del terrorismo y humillación a las víctimas por varios comentarios vertidos en su cuenta personal de Twitter bajo el pseudónimo de Madame Guillotine

“¿En qué país vivimos si pienso una cosa pero no puedo escribirla por miedo?”

María Lluch Sancho acaba de ser condenada por la Audiencia Nacional a dos años de cárcel por enaltecimiento del terrorismo y humillación a las víctimas. La sentencia le acusa de ambos delitos por una treintena de comentarios vertidos en su cuenta personal de Twitter (@melodalger) bajo el pseudónimo de Madame Guillotine, entre los años 2012 y 2014. El caso de esta tuitera valenciana, licenciada en Historia del Arte y fotógrafa de profesión, ha copado las principales portadas de los medios, que se hicieron eco de la noticia dentro del debate que en las últimas fechas se ha generado en torno a la libertad de expresión y las redes sociales. Los casos de los concejales madrileños de Podemos, Rita Maestre y Guillermo Zapata, o los titiriteros de la compañía ‘Títeres desde abajo’, han puesto sobre la mesa el debate acerca de qué puede expresarse libre y públicamente y qué es delito.

Lluch, a la que no se le ha aplicado la Ley de Seguridad y Protección Ciudadana, conocida como Ley Mordaza, porque sus delitos son anteriores a la misma, cuenta su versión de lo vivido en el último año. Nos recibe con ganas de poder dar su versión de los hechos y defenderse de las acusaciones recibidas en los últimos meses, tanto a nivel judicial como de la propia opinión pública.

¿A qué te ha condenado y por qué exactamente la Audiencia Nacional?

Se me ha condenado por enaltecimiento del terrorismo y humillación a las víctimas, a dos años de cárcel, ocho de inhabilitación absoluta y dos de inhabilitación para el sufragio pasivo. Es exactamente la pena que pedía la Fiscalía, la máxima para este tipo de delitos, a pesar de que me ofrecieron pactar y aceptar la mitad de la misma. Pero yo tenía claro desde el principio que no iba a pactar, porque no tenía antecedentes y no quería que mi caso cayese en el olvido, quería por lo menos que se escuchase mi alegato de defensa.

¿Cómo se produjo tu detención y cómo llegaron hasta tus tuits?

Hay una brigada de la Guardia Civil que monitoriza y filtra Twitter, con algunas palabras de mayor y menor peligro. Mi cuenta llamó la atención y se inició la investigación, pero nunca me quisieron decir si había alguna denuncia concreta. Un año después del último tuit del que se me acusa, un día que me iba a clase, dos agentes me hicieron identificarme y me comunicaron que estaba detenida. Supuse que era por mis comentarios en Twitter y me lo confirmaron en comisaría. Tengo que decir que se portaron muy bien conmigo, al menos por la imagen que yo tenía de ellos: no me esposaron ni me encerraron en un calabozo, y en el juicio destacaron que yo había colaborado en todo.

¿En qué consistió tu defensa durante el juicio?

Para los tuits por los que se me acusa de humillación a las víctimas, nos amparamos en el humor negro, ya que se trataba de chistes sobre Irene Villa o Miguel Ángel Blanco que no he inventado yo, sino que están en la red y todo el mundo conoce. Chistes y bromas por las que no creo que nadie deba ser condenado a cárcel. En cuanto a los tuits relacionados con el delito de enaltecimiento del terrorismo, por algunos “goras” a ETA y similar, eran comentarios enmarcados en el carácter irónico y chistoso de mi propio perfil, que se descontextualizaron.

¿Te preguntaron directamente durante el juicio si de alguna manera justificas la violencia de la banda terrorista ETA?

No, no me lo preguntaron, que creo que habría sido importante, y no, no justifico ni apoyo a ETA.

Pero, dejando a un lado los tuits relativos a chistes y humor negro, hay casi una decena en la que expresas directamente “gora ETA” o realizas proclamas como instar a la banda terrorista a asesinar a policías.

Ese último fue un tuit que escribí cuando se produjo la Primavera valenciana en mi facultad, en 2012, e hice una foto a una pintada que había en un muro que ponía “Maderos a la guillotina, ETA mátalos” comentando “las paredes de mi facultad dicen la verdad”. Es verdad que quizá no debería haberlo escrito, fue un calentón, pero la semana anterior casi me habían abierto la cabeza de un porrazo. Fue fruto de la rabia y el contexto socio-político del momento, pero tampoco fui yo quien hizo la pintada.

¿Por qué crees que te detuvieron a ti, una tuitera relativamente desconocida?

Creo que Internet es un medio de comunicación que escapa al control del Gobierno y del sistema. Es muy difícil ponerle puertas, ya que está al alcance de todo el mundo. Y los poderes, como no pueden acotarlo, intentan actuar escarmentando, deteniendo a 15 ó 20 y esperando provocar miedo en los demás. Pero el tiro les está saliendo por la culata, porque la solidaridad en este país y en este contexto, es enorme.

¿Crees que Internet debe regularse de alguna manera, o que en la red todo vale?

Creo que todo vale, aunque entendiendo que debe haber unos límites. Hay cuestiones que son malas, de forma irrebatible. Pero las opiniones no pueden censurarse. Yo, por ejemplo, no prohibiría un “viva Hitler”. Si pasas de las opiniones a la acción sí debe frenarse.

Sabiendo lo que ha pasado, ¿te arrepientes de haber escrito esos tuits? ¿Volverías a escribirlos?

No lo sé si los escribiría pero lo seguiría pensando. Pero aquí se da el mayor problema. ¿En qué país vivimos, si pienso una cosa pero por miedo no puedo escribirla? ¿Eso es libertad de expresión? Que la libertad de expresión acaba donde empieza la libertad de otro es una paradoja. Porque de alguna manera deberíamos regirnos por una moral común, no individual.

Eso son en cierta manera las leyes…

Creo que las leyes hacen que una libertad invada otra, de forma inevitable. Las leyes deberían ser éticas. Hay cosas que están bien y otras que están mal, independientemente de que nos refiramos a la libertad de expresión.

Pero entonces la libertad de expresión es ilimitada… ¿te legitima hasta el punto de poder decir “viva una banda terrorista”?

Sí. Y no ya porque lo haya dicho yo, que considero que no lo he dicho, pero ¿por qué tiene que estar mal el simple hecho de decirlo? No lo entiendo, pero supongo que es por el miedo que los poderes tienen a que se convierta en propaganda.

Después de ver las consecuencias de tus tuits, ¿ha habido espacio para la autocrítica, para pensar “me he equivocado”?

Por supuesto. Ha sido una situación muy gorda. Sobre todo porque para mí la justicia es una de las cosas más importantes. Pero yo me sigo preguntando qué habré hecho mal. Seguramente he pecado de no tener en cuenta que la gente no está en mi cabeza, que todo puede malinterpretarse. Una vez dices o escribes algo, te expones a eso.

¿Qué te parece cómo han tratado los medios de comunicación tu caso?

De forma poco objetiva y sin informarse. Me sorprendió que en el juicio hubiese solamente una redactora de una agencia de noticias, que ha hecho que todos los periódicos hiciesen un copia-pega de lo que ella escribió, sin interesarse por mi versión o profundizar. Esto me demuestra que se juzga día tras día sin saber, sin comparar. Creo que los medios de comunicación alternativos son imprescindibles porque están fuera del monopolio de financiación del sistema.

Te enteraste de la condena por los medios de comunicación, que filtraron la sentencia…

Sí, mi abogada ya me advirtió de que pasaría. Las filtraciones han sido lo normal. Mi caso se ha filtrado porque hay una masa en Internet, borregos del sistema, que van a hacer un juicio paralelo. Por eso mi caso saltó a la prensa justo una semana antes del juicio, para debilitarme. ¿Qué interés había en mi caso, si apenas tenía 500 seguidores en Twitter?

¿Por qué crees que los medios se centraron en la cuestión del humor negro de tu caso y no en los tuits referidos a enaltecimiento del terrorismo, que a priori parece algo más grave?

A mí desde luego me han hecho un favor. En la televisión me compararon con el concejal Zapata, por ejemplo.

¿Y qué te ha parecido el proceso judicial y el funcionamiento de la justicia?

Pues eso sí que me pareció un chiste. Me juzgaron dos juezas y un juez, que ni me escucharon, que perdieron el hilo del proceso, cuchicheando entre ellos y sin prestar atención. Se reían mientras mi abogada planteaba mis argumentos, con una falta de respeto enorme. Me dio la impresión de que tenían la sentencia escrita de antes, predeterminada. Solamente escucharon al fiscal.

Tu caso se ha resuelto en apenas un año…

Para lo que se tienen que dar prisa, no se la dan. Para recibir la indemnización por despido o evitar un desahucio no son tan rápidos. Deberían dejar de gastarse el dinero en una brigada de ciberdelitos e invertirlo en cosas que de verdad importan.

La opinión pública también se ha hecho eco de todo lo que pasó. Has recibido apoyo pero también muchas críticas.

Personal y directamente he recibido mucho apoyo pero, por otro lado, sobre todo amenazas e insultos, incluso más allá de mi cuenta de Twitter. Tengo guardados todos esos mensajes pero por el momento no me planteo denunciarlos. Me han criticado, llamado niñata e insultado, pero si me conociesen sabrían que soy una persona reflexiva, que me afectan mucho las cosas. Lo he pasado muy mal e incluso estoy tratándome psiquiátricamente. Mi peor jueza soy yo misma.

Lo que te ha pasado, ¿te ha hecho replantearte el modo de expresarte?

Sí, me he dado cuenta de que no puedes decir lo que piensas. Me ha hecho madurar, porque reconozco que he dicho animaladas, pero cuando lo hice tenía 20 años. No he cerrado mi cuenta de Twitter, a pesar de que mucha gente me lo ha dicho, pero ahora tengo más cabeza a la hora de escribir. Sigo publicando cosas sobre temas sociales, voy a intentar no hacer daño a nadie pero no voy a cortarme. Sigo pensando que Internet es un arma que debe utilizarse para decir cosas que no se dicen en otros medios de comunicación.