“En los juzgados de violencia sobre la mujer lo que hacemos es gestionar el fracaso”



Susana Gisbert es la portavoz de los fiscales de la provincia de Valencia. Desempeña su día a día en la sección de violencia contra la mujer y las secciones especiales de jurado, víctimas del delito y delitos tecnológicos

“En los juzgados de violencia sobre la mujer lo que hacemos es gestionar el fracaso”

Nos recibe en su despacho del tercer piso de la Ciudad de la Justicia de Valencia. En su mesa se amontonan varias pilas de carpetas y papeles que forman parte de ese desorden ordenado con el que suelen convivir aquellos que se ven obligados a trabajar en muchas cosas a la vez. Sin embargo, su profesión no le ha hecho dejar de lado su pasión por la letra escrita, que intenta poner en práctica siempre que tiene ocasión. “De toda la vida me ha gustado mucho escribir. Además de artículos para los periódicos con los que suelo colaborar, también he escrito algunos relatos y otras cosas por el mero placer de escribir”.

Otro de los aspectos que hacen de ella una fiscal atípica es su faceta de bloguera. Puntualmente dos veces por semana alza el telón de su pequeño teatro digital para hablar de todo aquello que rodea su trabajo y su vida. “Mi intención desde el principio era la de que fuera un blog muy didáctico que le pudiera interesar a todo el mundo, sin que hiciera falta que fueran juristas o gente relacionada con el mundo del derecho. Mis objetivos son dos: disfrutar escribiendo e intentar hacerle llegar a la gente unas pinceladas de cuál es nuestra labor”.

Una fiscal bloguera y twitera es algo muy difícil de encontrar.

Es cierto que, al margen de casos especiales, es difícil encontrar jueces o fiscales que se atrevan a escribir o aparecer en los medios. Y si nos fijamos en las redes sociales, mucho más. En Twitter apenas hay jueces o fiscales que se atrevan a tener una cuenta con su nombre.

¿Por qué tanto miedo a aparecer en los medios?

Por las características de nuestro trabajo es cierto que muchas veces nos preocupa especialmente mantener nuestra intimidad y exponernos lo menos posible. Sin embargo, esto es mucho más sencillo de lo que parece. Hay mucha literatura en esto y muchos piensan que en cuanto digas algo públicamente van a empezar a aparecer trolls y a criticarte por todos lados, e incluso que pueda afectarte en tu carrera el hablar libremente sobre según qué temas. A mí, personalmente, todavía no me ha pasado nada fuera de lo normal.

Sin embargo, a los periodistas nos sigue costando mucho acceder a jueces y fiscales.

Eso es algo en lo que trabajamos cada día desde aquí. Mi objetivo como vocal es intentar dar todas las facilidades posibles a los medios, sin embargo chocamos muchas veces con la inmediatez que reclama la prensa. Además, también hay otro factor que es la falta de formación en comunicación de los compañeros. Yo puedo solicitarles una información y que ellos me remitan un informe a los dos días, cuando para el periodista ya es demasiado tarde.

Viviste de cerca cómo se gestionó desde la Fiscalía el accidente de Metrovalencia

Creo que este ha sido un ejemplo muy importante de hasta qué punto es fundamental una buena relación con la prensa. Cuando ocurrió el accidente, desde la fiscalía se estuvo en contacto permanente con los medios y se iba informando casi al minuto de todo lo que iba ocurriendo. Otra cosa es lo que luego hiciera cada medio con los datos que nosotros les facilitábamos. Años después, para conseguir la reapertura del caso, la prensa también tuvo un papel fundamental, junto a la Asociación de Víctimas. La clave no fue que a raíz de la emisión del programa ‘Salvados’ la gente se sensibilizara más sobre el tema, sino que consiguieron sacar a la luz nuevos datos y nuevos testimonios que permitieron tener una base sólida para solicitar la reapertura.

Últimamente hasta en la prensa del corazón se habla de aforamientos, imputados, investigados… ¿Se transmite bien la información por nuestra parte?

Se necesita didáctica y entender las cosas. Cuando tratamos con los medios yo siempre me ofrezco a que me pregunten cualquier cosa, por simple que pueda parecerles. Un ejemplo muy actual es el de los aforamientos. Sobre ese tema hay una cantidad inmensa de ciencia ficción circulando por ahí que lleva a la gente a sacar conclusiones equivocadas. Cuando se dijo que en España hay más de 10.000 aforados la gente se echaba las manos a la cabeza. Sin embargo, lo que no se explica es que hay diferentes tipos de aforamiento: un fiscal, por ejemplo, solo está aforado para aquello que sea consecuencia de su actividad profesional. Si a mí me pillan conduciendo borracha, tendré exactamente el mismo trato que cualquier ciudadano. Sin embargo, si se tratara de Rita Barberá a ella solamente le podría juzgar el Tribunal Supremo y después de una serie de trámites. En nuestro caso se hace principalmente para evitar que pueda juzgarte un compañero, pero en el caso de los políticos, en mi opinión, no está justificado.

La violencia de género es otro de los temas que también crean mucha controversia informativa

Cualquier asunto relacionado con violencia de género tiene una repercusión bestial. Siempre te encuentras a los defensores de la tesis de no hablar de los crímenes machistas porque dicen que puede dar ideas a posibles maltratadores. Y, sin embargo, no ven mal que se hable de los atentados yihadistas. Después llega el manido debate de si la violencia tiene o no tiene género.

También se habla mucho de las falsas denuncias por violencia de género.

El número de denuncias falsas y los suicidios de hombres a consecuencia de ellas, son dos mitos muy frecuentes y muy perversos. En primer lugar, no se elabora ningún estudio o estadística que indique la causa de los suicidios. Con lo cual es imposible que se haya podido establecer una causa-efecto. Y en segundo lugar, las únicas estadísticas objetivas sobre denuncias falsas son las que realizan la Fiscalía y el Consejo general del Poder Judicial, que son quienes cuentan con los datos más fiables, y estas dicen que se trata de un 0,01%.

Cuando falla el sistema también se os critica.

Muchas veces se nos cuestiona a posteriori, por ejemplo, por no haber otorgado una orden de protección. Nosotros somos fiscales o jueces y partimos de la presunción de inocencia. Además hay un artículo que permite a la mujer no denunciar. Si la mujer no denuncia y no existen pruebas o más testigos, yo no tengo nada en lo que apoyarme, y por más que en mi fuero interno piense que esa mujer corre peligro, no puedo hacer nada.

No siempre es fácil para una mujer dar el paso de denunciar

Piensa que denunciar es un paso tremendamente difícil. En muchas ocasiones se trata de personas que a raíz de esa denuncia van a tener que enfrentarse a un cambio radical en sus vidas. Si a esto le añadimos el hecho de haber sido agredidas, se convierte en un proceso muy traumático que no todo el mundo es capaz de llevar acabo.

¿Es un problema entonces de la ley?

Yo tengo claro que la raíz de la violencia de género es el machismo. Por más que se pueda criticar pienso que la ley actual es una buena ley. El problema es que es una legislación falta de desarrollo. La ley tiene una parte importantísima que es la que se refiere a educación, publicidad o asistencia a las mujeres en riesgo. Si continuamos permitiendo que los niños estén sometidos permanentemente a ejemplos machistas en los medios, o no se les eduque en este sentido a través de las escuelas, difícilmente vamos a conseguir atajar el problema. En los juzgados lo que hacemos es gestionar el fracaso. Cuando todo lo anterior falla, es cuando intervenimos nosotros. Lo ideal sería que no hiciera falta que existieran juzgados de violencia de género.

¿Qué te parecen las últimas modificaciones legales respecto a los plazos de instrucción?

La verdad es que me parecen una lavada de cara sin sentido, ya que se han hecho modificaciones sin asignar más medios o más presupuesto. Da la impresión de que seamos niños pequeños y hayan querido venir a darnos un tirón de orejas. Te diría que hasta me parece un insulto y que nos están llamando vagos. ¿Alguien de verdad cree que se tarda en instruir un proceso porque nos apetece a nosotros? Todo lo contrario, cuanto antes pueda resolverlo es mejor para mí. Es un problema de medios y esto es como empezar la casa por el tejado.

¿No se llevan bien política y justicia?

Los políticos están haciendo algo fatal, que es no dejarse asesorar por gente que realmente haya pisado un juzgado y sepa cuáles son los problemas reales. Un ejemplo es el de la reducción del papel en los juzgados mediante el sistema LexNet, que permite a las partes el envío de documentos electrónicos. Sin embargo, una vez esos documentos llegan al juzgado, se siguen imprimiendo por cuadruplicado, con lo cual lo único que has conseguido es cambiar la impresora de sitio. Además a día de hoy los juzgados y la Fiscalía siguen utilizando programas informáticos distintos e incompatibles, con lo cual se trabaja el doble para meter los datos en el programa en vez de usar una base de datos común.

¿Es cierto que los fiscales estáis politizados?

Eso es algo que se vive fatal. Nosotros somos profesionales, al igual que los jueces. De hecho, la oposición que tenemos que pasar es exactamente la misma y somos funcionarios al servicio de los ciudadanos, no del Gobierno. Pero se ve como si los jueces fueran independientes y nosotros no. Es verdad que tenemos el principio de dependencia jerárquica, pero eso no significa obediencia ciega ni que dependamos del poder político. Aquí el único que tiene un puesto político es el Fiscal General del Estado. Además el Fiscal General del Estado no nos imparte órdenes sobre lo que tenemos que hacer en cada caso. Su función es la de impartir órdenes de carácter jurídico. Además, en caso de que un fiscal no esté de acuerdo con alguna indicación que pueda darle un superior, tiene mecanismos regulados para defender su propia postura o negarse a aplicarla si no le dan la razón. A mí, a lo largo de toda mi carrera, jamás me ha llamado nadie diciéndome a quién debía o no debía acusar.

¿Y si un día te llegara un asunto en el que apareciera, por ejemplo, el nombre de Rita Barberá? ¿No te llamaría nadie?

Evidentemente cuando te llega algún asunto mediático o muy complejo, lo normal es hablarlo con los superiores. No para pedirles consejo sobre cómo actuar, sino fundamentalmente por una cuestión de mantenerlos informados, ya que al fin y al cabo es parte de su función el estar al corriente de lo que ocurre en su área de trabajo.