Una cesta de la compra soberana

En los últimos años son constantes las noticias que describen cómo los alimentos más básicos de la dieta universal se convierten en un objeto más de especulación en los mercados internacionales. Como si se tratase del petróleo o la deuda emitida por los estados, el precio del trigo, la carne,…

Una cesta de la compra soberana

En los últimos años son constantes las noticias que describen cómo los alimentos más básicos de la dieta universal se convierten en un objeto más de especulación en los mercados internacionales. Como si se tratase del petróleo o la deuda emitida por los estados, el precio del trigo, la carne, el grano o los productos lácteos fluctúa según soplan los vientos de la mano invisible.

La consecuencia más inmediata es que el problema del hambre en el mundo no encuentra solución. Según diferentes estudios de varios organismos internacionales (destacamos el de ATTAC, pero son múltiples las entradas en los buscadores más conocidos), detrás del problema de la carestía de alimentos está el aumento de la demanda por parte de economías emergentes, la falta de inversión para optimizar la producción en territorios en vías de desarrollo, y el cultivo de grandes extensiones para producir biodiésel en lugar de alimentos.

El frágil equilibrio del mercado global de alimentos es uno de los problemas más graves que acechan al bienestar de la población mundial. Infinidad de conflictos bélicos y de migraciones en masa están motivados por la lucha por los recursos naturales, y por hambrunas provocadas por una mala planificación de la explotación de la agricultura o la pesca.

Frente a todos estos problemas florecen en la Península y en el País Valenciano las corrientes que simpatizan con la soberanía alimentaria, entendida como el derecho de los pueblos a controlar sus propias semillas, tierras, agua y producción de alimentos, garantizando, a través de una producción en armonía con la Madre Tierra, local y culturalmente apropiada, el acceso de los pueblos a alimentos suficientes, variados y nutritivos.

Al margen de sellos de calidad, de certificados o denominaciones de origen; basadas en la confianza y la relación directa entre el productor y el consumidor, se han creado multitud de cooperativas de productores y consumidores, que han elaborado sistemas de intercambio de alimentos que permiten hacer realidad una cesta de la compra soberana.

Con semillas autóctonas recuperadas, sean o no rentables, crezcan a un ritmo más alto o más bajo, alejados de la producción extensiva, sin la intermediación que hinche los precios, multitud de productores se asocian para crear una alternativa a las grandes cadenas de distribución que fomentan precios bajos en el campo y altos en los escaparates, y que convierten la agricultura en un sector residual y en peligro de extinción.