Música para mejorar el mundo



Algunos piensan que es el dinero lo que mueve el mundo. A otros, les sobra con una idea: un sutil cambio de perspectiva es suficiente para detonar un momento de inspiración. Al productor estadounidense Mark Johnson le sucedió algo así la primera vez que grabó al músico Roger Ridley en…

Música para mejorar el mundo

Roger Ridely. Foto de Playing for change

Algunos piensan que es el dinero lo que mueve el mundo. A otros, les sobra con una idea: un sutil cambio de perspectiva es suficiente para detonar un momento de inspiración. Al productor estadounidense Mark Johnson le sucedió algo así la primera vez que grabó al músico Roger Ridley en las calles de Santa Mónica (California) interpretando Stand by me. Johnson metió en su mochila un equipo de sonido y una capacidad extraordinaria para difuminar fronteras. Viajó por todos los continentes durante cuatro años en busca de músicos callejeros dispuestos a interpretar el tema de soul que Ben E. King alzó a los altares de la música en 1961. A este tema le siguieron otros clásicos del pop, rock, soul o reggae. La idea inicial era realizar un documental, Playing for change: Peace through music (que sería galardonado con un Grammy y varios premios más), con el objetivo de unir a pueblos y personas a través de la música. El resultado: uno de los fenómenos mediáticos con mayor repercusión en internet, con más de 30 millones de visitas en YouTube.

A raíz de esta iniciativa, se formó la banda Playing for change, que abrió el pasado jueves el XV Festival de Jazz del Palau de la Música de Valencia, conformada por algunos de los protagonistas del documental. La intención: dar oportunidades a los músicos de la calle para que puedan vivir de hacer música. Mark Johnson cuenta que uno de los momentos que le catapultó a poner en marcha esta iniciativa fue una conversación con unos músicos callejeros. “Si deseas más que nada ser músico, tocar todos los días en la calle es un éxito”, le dijo uno de ellos. En un momento en que la industria musical ha perdido el horizonte a causa de la irrupción de internet, este proyecto recupera los verdaderos valores de la música y su escenario más antiguo, las calles, para susurrarle a la industria que la música no morirá nunca porque llega al corazón antes que las palabras, porque existe en todos los lugares y porque todos la entienden: no importan la lengua, la religión ni la bandera.

Grandpa Elliot. Foto de Playing for change

El proyecto, que comenzó en 2005 con Roger Ridley en Santa Mónica, pasó por Barcelona, Johannesburgo, Ciudad del Cabo, Nueva Orleans,  Kathmandú, Tel Aviv, Dharamsala, Chennai y Dublín, entre otras ciudades. Aunque la mayoría de intérpretes son músicos de la calle, también se han unido al proyecto cantantes de fama mundial como Bono, Manu Chao o el guitarrista flamenco Niño Josele.  En 2007, Playing for change decidió recompensar  a los músicos y pueblos que habían participado en el documental y creó una fundación homónima dedicada a levantar escuelas de música y cubrir las necesidades de las comunidades con pocos recursos.

El batería Mohammed Alidu, la guitarra eléctrica de Llon Ba, los cantantes Clarence Bekker, Grandpa Elliott, Mermans Kenkosenki y Titi Tsira, que también se encargan de la armónica y la percusión, el batería Peter Brunetta, la guitarra steel de Roberto Luti, la acústica de Jason Tamba y el bajista Reggie McBride dejaron las calles para embarcarse en una gira mundial, cuyo beneficios (los de la gira y los de los CD y DVD que se comercializan) regresarán de nuevo a las calles, para que otros músicos tengan la oportunidad de subirse a un escenario y tocar. Playing for change empieza y acaba en las calles como un movimiento circular y global del que podría tomar nota la industria musical, a la que no le vendría mal ser algo escéptica con aquella afirmación que dice que es el dinero lo que mueve el mundo.