Un viaje al corazón de la creatividad (I)

No es necesario demostrar que se puede viajar sin salir de una habitación. A veces con coger un libro, dedicarse a recordar o soñar despierto, o simplemente escuchar a alguien, es suficiente. Pero no cualquier charla tiene la capacidad de evocar o transportar porque la mayoría de gente prefiere andar…

Un viaje al corazón de la creatividad (I)

Durante un debate de Encuentros. Foto: Gustavo Ten

No es necesario demostrar que se puede viajar sin salir de una habitación. A veces con coger un libro, dedicarse a recordar o soñar despierto, o simplemente escuchar a alguien, es suficiente. Pero no cualquier charla tiene la capacidad de evocar o transportar porque la mayoría de gente prefiere andar erguida, con la mirada a la misma altura, una altura homogeneizada y cómoda. Algunos intrépidos, pocos, optan por andar de cuclillas o tumbarse en el suelo para palpar lo subterráneo, o por subirse al alféizar de las ventanas y coger perspectiva, al menos, variar la perspectiva.

Este grupo extravagante de gente cuando habla, cuando cuenta, lo hace desde una alfombra fabricada en los talleres de Las mil y una noches, y uno tiene la sensación de que está volando o de que se ha colado en lo subterráneo por una trampilla escondida bajo la alfombra. Lo curioso no es encontrar a un evocador, a un sherpa de la imaginación, sino encontrar a varios de ellos el mismo día, en la misma habitación y con la noche por delante.

Esta reunión de agitadores sucedió el pasado fin de semana durante unas conferencias o charlas, aunque los organizadores (los estudios Espacio Inquieto y Correo Viejo), que algo vaticinaban del resultado, acertaron en llamarlo Encuentros. Imágenes en proceso. Los cuatro ponentes, el arquitecto Ignacio Carbó, el profesor José Miguel G. Cortés, el fotógrafo Julián Barón y el diseñador Rafa Armero, acudieron con la intención, según los organizadores, de aglutinar diferentes miradas en torno al proceso creativo. El hilo conductor era la imagen y el foro, una veintena de profesionales de la arquitectura, el diseño y la fotografía. Todos dispuestos a dejarse llevar sobre la alfombra a un lugar desconocido, sin límites, como debiera ser el mismo proceso creativo.

José Miguel Cortés, Nacho Carbó, Julián Barón y Rafa Armero. Foto: Gustavo Ten

El primero en saltar a la palestra del estudio que Espacio Inquieto y Correo Viejo comparten en un ático del centro de Valencia fue Nacho Carbó, arquitecto especializado en Edificación y Urbanismo, que apoyó su charla, ‘Arquitecturas en movimiento’, en la tesis doctoral que ha defendido recientemente bajo el título ‘Paisajes en movimiento. Escenarios urbanos dinámicos entre el arte y la arquitectura a finales del siglo XX’. “Os propongo un viaje”, comentó al inicio de su exposición con la confianza de una predicción que sabes que puede cumplirse. El viaje comenzó con los nómadas del desierto del Gobi y la importancia “rotunda” que para sus espacios supone la línea del horizonte.

El relevo lo tomó José Miguel G. Cortés, que basó su conferencia en una noctámbula exposición colectiva que comisarió para el Artium Vitoria. Bajo el título ‘Medianoche en la ciudad’, el doctor en Filosofía y profesor de Teoría del Arte en la Facultad de Bellas Artes de Valencia desveló el porqué de su interés por la noche.  “Se trata de averiguar de qué modo la noche modifica la percepción y las experiencias de la ciudad, redibuja su geografía y reconstruye sus diferentes metáforas. (…)El paisaje nocturno de las ciudades no es un mero lapsus para preparar o esperar el nuevo día que se avecina, al contrario, durante la noche se practican nuevas capacidades, se crean diferentes situaciones y se ponen en marcha diversos itinerarios que durante el día ni se conocen ni se contemplan”.

Al día siguiente, sábado, Julián Barón comenzó su charla, ‘Esto es una fotografía’, rodeado de libros (Boris Mikhailov, John Baldessari, Asger Carlsen, Paul Graham, Joan Fontcuberta, David Jiménez…) y animó a los asistentes a intelectualizar cualquier proyecto fotográfico antes y después de hacer fotos. Durante el desarrollo, hay que dejarse llevar por la intuición para evitar la rigidez. “En el momento de hacer fotos, hay que sentir, emocionarse, meterse en el ritmo…”, explicó el director de la escuela de fotografía Blankpaper en Valencia, quien concluyó la ponencia con una frase que deja entrever parte de su potente discurso: “A mí, hacer fotografías no me gusta, pero tengo que hacerlo, soy fotógrafo”.

El último en exponer, el diseñador Rafa Armero, ha recorrido, durante sus 15 años como profesional, diversos caminos (disciplinas) en busca del corazón de las ideas, del germen de la creatividad y la originalidad. Su ponencia, ‘Realidad invisible’, trató precisamente sobre esto, sobre cómo “enfocar las emociones para mapear la realidad”. La consigna: liberarnos de las etiquetas para romper barreras  y atender a lo sensorial para volver a sorprendernos con cada objeto o sujeto. Para conseguirlo, hay que mirar, oler, lamer, tocar y escuchar todo lo que nos rodea en busca de algún atributo latente que despierte nuestra capacidad para ser originales y ver el mundo con una mirada más profunda y certera.

Ver más: Un viaje al corazón de la creatividad (II)  y Un viaje al corazón de la creatividad (y III)