Modestos mecenas para grandes ideas

Una de las frases más repetidas por políticos y economistas durante estos tiempos de penuria social y económica es que la crisis puede ser una oportunidad. Ante todo la palabra crisis está relacionada con la idea de ruptura y de cambio, como se puede comprobar en la mayoría de acepciones…

Plataforma crowdfunding Verkami

Una de las frases más repetidas por políticos y economistas durante estos tiempos de penuria social y económica es que la crisis puede ser una oportunidad. Ante todo la palabra crisis está relacionada con la idea de ruptura y de cambio, como se puede comprobar en la mayoría de acepciones que el diccionario contempla. Las transformaciones siempre implican oportunidades porque obligan a reinventarse, a revisar los modelos y sistemas empleados hasta entonces y reflexionar sobre si es posible mejorarlos. Todo esto puede resultar un poco ofensivo cuando la cuenta corriente está en números rojos. Pero esos números rojos suelen convertirse en un catalizador del ingenio y de la capacidad de adaptación del ser humano. Todo nace de la necesidad.

Un ejemplo: un músico quiere grabar un disco pero no tiene financiación. Hace años (no muchos) le podría haber caído una subvención pública del cielo o alguna discográfica se podría haber permitido arriesgar algo de dinero. En esta misma situación se encuentran directores de cine, emprendedores, onegés, escritores, etc.

En este contexto, de esta necesidad, surge una alternativa a la financiación tradicional: el crowdfunding. La traducción literal de este término sería financiación colectiva. Es decir, un grupo de personas, una comunidad, realiza una serie de aportaciones individuales con el objetivo de emprender un proyecto y, a cambio, reciben una pequeña recompensa de los creadores: salir en los créditos de una película como coproductores, participar en el proceso creativo de la obra, recibir un producto de merchandasing o, simplemente, el placer de dejar de ser un consumidor pasivo para convertirse en un ‘prosumidor’ (productor + consumidor), más acorde con el concepto de usuario que con el de espectador.

Este método de financiación, empleado desde hace años por partidos políticos e instituciones de caridad, está revolucionando la web, que se antoja su caldo de cultivo ideal. Las redes sociales son buenas aliadas para crear comunidades, difundir ideas y democratizar la industria cultural.

Esto supone un cambio de paradigma, no sólo en cuanto a financiación, distribución y producción de cualquier obra, producto o servicio, sino también en relación al concepto de competencia. Internet es una herramienta diseñada para compartir más que para competir. Y si hablamos de ideas, el significado de compartir se amplifica. Así lo justificaba el escritor irlandés George Bernard Shaw antes de la irrupción de internet: “Si tú tienes una manzana y yo tengo otra y las intercambiamos, entonces tú y yo seguiremos teniendo una manzana cada uno. Pero si tú tienes una idea y yo tengo otra y las intercambiamos, entonces cada uno de nosotros tendrá dos ideas”.

Plataforma crowdfunding Flattr

Éste es el fundamento de conceptos como el crowdfunding o las licencias Creative Commons, que son las que suelen regir los proyectos y plataformas de financiación colectiva por su carácter abierto: permiten conservar la propiedad intelectual de una obra, al igual que el copyright, pero el autor tiene la potestad de permitir el uso de la obra bajo ciertas condiciones, más o menos restrictivas.

Entre las plataformas de crowdfunding más destacadas en España, se encuentra Lánzanos, la primera en nacer, que cuenta con proyectos de todo tipo, desde una revista de divulgación científica hasta una web de series de animación. Recientemente, los fundadores de Lánzanos han puesto en funcionamiento Seedquick, un portal de crowdfunding para startups y emprendedores. Goteo es una red social de producción, microfinanciación y distribución de recursos para el sector creativo, cuyo objetivo es el fortalecimiento del procomún (utilidad pública). Verkami pone en marcha, sobre todo, proyectos creativos y, al contrario que las anteriores, no se limita únicamente a la comunidad de habla hispana, acepta proyectos de todo el mundo. Otras plataformas son Volanda, Fandyu, Ivnus o Injoinet.

Estas empresas establecen un número de días (40 en el caso de Verkami) para que los pequeños inversores alcancen la cifra propuesta. En este caso, los creadores del proyecto reciben el dinero (si no se llega a la cifra establecida el dinero se devuelve a los inversores) y ceden un porcentaje a la plataforma de crowdfunding (suele ser de un 5%). Fuera de nuestras fronteras, los portales más populares son Kickstarter, IndieGoGo o Flattr. Esta nueva fórmula de negocio está en constante innovación y especialización: en Carnet de Mode los internautas financian colecciones de moda; en Emphas.is y Spot.us, se hace fotoperiodismo y reportajes, respectivamente, por encargo de los usuarios; en PledgeMusic se financian bandas de música.

Parece que el crowdfunding ha llegado para quedarse. El concepto ha arraigado y es cuestión de tiempo saber en qué dirección se desarrollará. Cualquier persona con talento e imaginación puede poner en marcha proyectos alejados de los designios de la industria, serán los prosumidores, en una elección horizontal, los que decidirán si esa idea vale la pena. Esto no quiere decir que vayan a desaparecer los sistemas tradicionales de financiación, el crowdfunding se antoja un complemento perfecto para los métodos ortodoxos y su toma de decisiones vertical. Una manera creativa de buscarse la vida.