El teatro como fiscal de la sociedad

El teatro es un termómetro de la sociedad. Cronistas de sentimientos y verdades, actores y directores siempre han ocupado sobre las tablas un lugar destacado en lo que a creación de conciencia se refiere. Xavi Castillo y Leo Bassi son quizá los mayores exponentes de esta crítica profunda y bestial….

El teatro como fiscal de la sociedad

El teatro es un termómetro de la sociedad. Cronistas de sentimientos y verdades, actores y directores siempre han ocupado sobre las tablas un lugar destacado en lo que a creación de conciencia se refiere. Xavi Castillo y Leo Bassi son quizá los mayores exponentes de esta crítica profunda y bestial. Ambos estuvieron en el Rototom Sunsplash 2011.

Leo Bassi, en el backstage del Rototom Sunsplash. Foto: Rafa Honrubia

Leo Bassi, en el backstage del Rototom Sunsplash. Foto: Rafa Honrubia

En el Foro Social del festival de reggae más grande de Europa, que se ha celebrado hasta este pasado fin de semana en Benicàssim (Castellón), se ha hablado de todo. Movimientos sociales, despenalización de las drogas, integración, igualdad, medio ambiente y, también, de teatro. Se habló de cómo remover los cimientos de la sociedad desde un escenario, de cómo cambiar el lenguaje para llegar a un público aún mayor, de qué espacios públicos deja aún el poder para poder expresarse y, sobre todo, de cómo el teatro puede servir como fiscal de los desmanes que se cometen alrededor nuestro.

“No es cuestión de crear polémica por crear polémica, sino de hacer teatro cogiendo la actualidad para hacer una historia”, espetó con contundencia Xavi Castillo en el debate en el que participó el pasado lunes 22 de agosto. Ese es el punto de partida de dos actores y directores diferentes, pero que se plantean llegar al público de la misma manera. “Hay un teatro político que puede ser extraordinariamente profundo y que es interesante, pero tiene un lenguaje tan hermético que el público no lo entiende. En mi opinión no es útil, hay que ser eficaz a la hora de comunicar ideas, encontrar el lenguaje justo”, resume el actor italiano, con 45 años de experiencia sobre las tablas y un historial de provocador y clown sin igual.

Subvenciones, miedo a no ser contratado por administraciones locales o simple “autocensura” están sumiendo en un profundo aletargamiento al teatro. Es la principal queja de Castillo, vetado por la mayoría de ayuntamientos de la Comunitat Valenciana gobernados por el Partido Popular por sus historias contra la corrupción o sus críticas feroces contra la iglesia católica y su jerarquía, quien avisa de que ve al teatro “adocenado”: “hay gente muy válida y en compañías muy buenas, pero el ambiente general es de apalancamiento”.

Actualidad y público van de la mano como elementos indispensables para que el teatro de la crítica actúe de verdad como cronista de lo que pasa en el día tras día. Sobre todo el público. “La crítica, por encima de todo, debe tener gente. Yo soy de los que piensa que los actores y los directores hacen teatro para hablar a un público, necesitamos hablar y tenemos que encontrar un lenguaje que impacte al público. El verdadero límite de nuestra expresión es la capacidad del público de entender lo que uno dice”, señala Bassi, a la vez que muestra su profundo respeto por el reto que dentro de unos días va a realizar. Se marcha a Palestina, junto a los organizadores del festival gallego Festiclown, para actuar en Nablús, Jerusalén y Ramala. Advierte de que lo tendrá difícil para llegar a un público tan diferente del español y el italiano, sus dos principales ‘mercados’, pero ya ha hecho los deberes. “Utilizo el humor y una manera sencilla de decir cosas complicadas. Si consigues hacer reír, significa que el mensaje está pasando y que has encontrado un lenguaje justo”, además “hay que hacer hasta de periodista para entender y saber quién está delante de mí, cómo piensa y cómo puedo hacer yo que esta gente entienda lo que yo quiero decir”.

Xavi Castillo (segundo por la izquierda) en el debate 'El compromiso del teatro, el azote del poder'. Foto: Rototom/Ranieri Furlan

Xavi Castillo (segundo por la izquierda) en el debate 'El compromiso del teatro, el azote del poder'. Foto: Rototom/Ranieri Furlan

Vivir pegado a la realidad es algo que a Xavi Castillo también le da “mucha marcha”. “Si la situación está tan ‘heavy’, lo que humildemente intento hacer con mi compañía [Pot de Plom] es llevarlo a los escenarios. Tengo el peligro de que un tema pase de moda rápidamente. Que Camps ya no esté me afecta porque no puedo mantener una obra un año más, pero eso me gusta”, señala entre risas el actor alcoyano. Ambos reconocen que hacer montajes tan realistas es un aliciente más. No es complicado cambiarlo todo en el último momento porque la actualidad les inspira. “No me aburre nunca aplicar [las noticias] a mis espectáculos porque estoy continuamente pegado a ellas. Pasa una cosa ahora y en 20 minutos podría ponerla en el espectáculo si me viene una idea buena”, explica Leo Bassi.

“El teatro todavía es un lugar donde se pueden decir cosas directamente. Elegí hacer política en el teatro con la idea de que hay un público que necesita oír política y enfrentarse a ideas”, pero Leo Bassi, que cerró el Foro Social del Rototom el sábado 27 con una charla-espectáculo, se encuentra cómodo con que se haga cualquier otro tipo de teatro. Un amor por la escena que comparte Castillo pero mostrándose más crítico. “Hace falta una especie de revitalización. No salen compañías jóvenes y arriesgadas que tengan ganas de hablar de ciertos temas”, se queja.