Un silo de combustible en zona de terremotos



La sal ha sido uno de los grandes motores de la civilización a través de la historia. Su uso como método para conservar los alimentos y su capacidad antiséptica le convirtieron en uno de los bienes más preciados. Hasta el punto, de ser utilizado hasta no hace tanto tiempo como…

Un silo de combustible en zona de terremotos
Vista del Monte Cabezo de la Sal de Pinoso (Alicante).

Vista del Monte Cabezo de la Sal de Pinoso (Alicante).

La sal ha sido uno de los grandes motores de la civilización a través de la historia. Su uso como método para conservar los alimentos y su capacidad antiséptica le convirtieron en uno de los bienes más preciados. Hasta el punto, de ser utilizado hasta no hace tanto tiempo como moneda de cambio. Poseer el control de su producción significaba poder y grandes fortunas se forjaron gracias a su comercio. Sin ir más lejos, la expedición que llevó a Cristóbal Colón hasta América fue financiada en gran parte por Luís de Santángel, prestamista de origen judío que hizo fortuna gracias a la explotación de las antiguas salinas de la Mata (Torrevieja).

La misma dependencia que nuestros antepasados tenían de la sal, se tiene hoy en día con el petróleo. Los combustibles fósiles condiciona nuestra actividad diaria puesto que, según datos del Ministerio de Industria, significa  aproximadamente el 48% de la energía primaria que se consume en España. Nuestro país depende de las importaciones de petróleo de terceros, lo que nos convierte en una zona totalmente vulnerable desde el punto de vista energético. Esta situación de dependencia ha dado lugar a una serie de actuaciones que marcan como prioritario el almacenamiento de reservas de petróleo con las que mitigar, en la medida de lo posible, eventuales situaciones de escasez o inestabilidad del mercado.

Entre los muchos proyectos que hay hoy en estudio y ejecución, uno llama especialmente la atención. Se trata del que se centra en el uso del monte Cabezo de la Sal de Pinoso (Alicante). Allí se pretende levantar una de las mayores reservas estratégicas de petróleo y derivados de toda España. Para ello se ha tenido en cuenta la especial configuración de esta zona. Se trata de un diapiro salino, una montaña cuyo interior está compuesto de rocas de sal. De este peculiar enclave se extrae desde 1973 la salgema que, después de recorrer 53,8 kilómetros a través de un impresionante saleoducto, alimenta las salinas de Torrevieja, la principal productora de sal de toda Europa.

La intención del Gobierno, a través de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES), es ubicar en los pozos de sal que hayan acabado su vida útil, más de dos millones de metros cúbicos de hidrocarburos. Para llevar el petróleo hasta los depósitos, se construiría un oleoducto de más de 110 kilómetros, que comunicaría Cartagena (Murcia) con el sur de Alicante.

La zona de Cabezo de la Sal alberga dos microrreservas de flora.

La zona de Cabezo de la Sal alberga dos microrreservas de flora.

En otros países europeos ya es habitual el uso de antiguas minas de sal como almacén de combustibles. Debido a sus características geológicas, la sal es un material muy adecuado para la contención de este tipo de líquidos. Pero cuando hablamos de energías no renovables es difícil encontrar un punto de encuentro que satisfaga a todos los implicados.

De entrada a poca gente le gustaría tener su casa cerca de una central nuclear, una mina de carbón o un cementerio de residuos radioactivos. Vivir a los pies de una montaña rellena con dos mil millones de litros de petróleo, no iba a ser una excepción. Desde este pequeño municipio de poco más de 7.000 habitantes se han creado diferentes movimientos que se oponen al proyecto y se ha llegado a redactar un manifiesto en el que se urge a las autoridades a primar la protección de los espacios naturales frente al ahorro económico que supondría utilizar los huecos excavados en el monte, en lugar de construir nuevos silos de acero al nivel del mar.

Según la plataforma Cabeçó Lliure de Petroli, “son muchos los riesgos que asume la población permitiendo una instalación de este tipo en una zona que además, posee dos microreservas de flora protegidas por la Generalitat Valenciana: desde las posibles fugas en el oleoducto o los depósitos, que puedan dejar inservibles los campos de cultivo o el entorno natural, hasta el riesgo latente de convertir la población en objetivo terrorista o bélico”. Y es que no se debe olvidar que se trataría de la mayor reserva de España.

Para la plataforma, el hecho que resulta más alarmante es el permanente riesgo sísmico que padece la zona. Según la Secretaría de Estado de Interior, tanto la localidad murciana de Lorca como el municipio de Pinoso aparecen catalogados como áreas de peligrosidad sísmica donde son previsibles movimientos de intensidad igual o superior a siete. Sin ir más lejos, el pasado 11 de julio se registró un terremoto con epicentro en Pinoso de 3,8 grados en la escala Richter.