La librería de Arunta y los aborígenes

Los aborígenes australianos representan el desierto en sus pinturas con puntos ocres. Así se ve el outback desde el cielo, así lo vemos los extranjeros, como una gran llanura de puntos indescifrables. Los aborígenes han aprendido a distinguir los puntos de unión entre senderos, a trazar un mapa invisible. Todo…

La librería de Arunta y los aborígenes

Los aborígenes australianos representan el desierto en sus pinturas con puntos ocres. Así se ve el outback desde el cielo, así lo vemos los extranjeros, como una gran llanura de puntos indescifrables. Los aborígenes han aprendido a distinguir los puntos de unión entre senderos, a trazar un mapa invisible. Todo esto me lo contó Arunta en una ciudad del desierto.

Alice Springs. Foto: kirtapatrik

Llegué a Alice Springs, en las entrañas del continente australiano, con la idea de descubrir los secretos del Tiempo del Sueño, cuando los ancestros y tótems de los aborígenes vagaban por un mundo aún maleable, al que cantaban para darle forma. A esta época aún se puede acceder a través de los sueños de los aborígenes, plasmados en su cotizada pintura de símbolos. Sobre sus lienzos de corteza de eucalipto perfilan, con un visionario amor por la línea, espíritus con forma de canguro, de serpiente, de hormiga, de ornitorrinco.

Caminé por las calles de una ciudad envuelta en desierto en todas sus direcciones, excepto al sur, donde se levanta una cordillera conocida como McDonald Ranges, a la que me dirigí sin tener conciencia de ello, quizás para evitar la imagen de un horizonte redundante hasta el desasosiego.

En realidad, ese deambular tenía sentido. Durante el trayecto a Alice Springs desde Darwin, al norte de Australia, tuve tiempo de leer un ejemplar de Los trazos de la canción, libro que escribió Bruce Chatwin (un nómada disfrazado de escritor de viajes), en cuyo capítulo sexto describe a Enid Lacey, una sexagenaria propietaria de una librería, aprovechada también como galería de arte, donde guardaba, según el libro, los secretos aborígenes.

Esta mujer (cuyo nombre en el libro, como supe después, era una ficción del fabulador de Chatwin) es una de las figuras más preocupadas por divulgar el legado aborigen. Antropólogos, escritores y artistas de todo el mundo han acudido a ella para ser iniciados en el Tiempo del Sueño, un tiempo más allá del tiempo, en el que los espíritus ancestrales, según la mitología, dejaron su rastro en las facciones del paisaje. Identificados por versos musicales transmitidos de padres a hijos, las cuevas, las colinas, los ríos o los manantiales, cualquier rasgo del desierto, está habitado por un ser totémico y representa un punto de unión entre senderos que trazan un mapa melódico con todas las conexiones pretéritas y presentes, y sólo visible para los ojos aborígenes.

The Olgas, cerca de Alice Springs (Australia). Foto: Martina Gerbec

Mientras pensaba en estas rutas, me topé con el escaparate de una librería en una calle paralela al río Todd, un lecho sin agua, como todos los ríos que mueren en el outback australiano. Entré sin pensármelo. De una puerta cercana al mostrador irrumpió una octogenaria que arrastraba sus movimientos con una precisión juvenil. Le pregunté si era Enid Lacey. “No. No me llamo así, Chatwin empleó un nombre falso en su libro”, me explicó como si ya hubiera respondido a esta pregunta antes.

La mayor parte del tiempo que pasé en Alice Springs lo dediqué a visitar la librería de Arunta, así se llamaba. Me habló de la capacidad del pasado aborigen para determinar el presente (ninguna lengua aborigen tiene una palabra para nombrar el ayer o el mañana). Mientras miraba uno de los cuadros que decoraban la galería, Arunta me dijo: “Yo sólo compro pinturas que esconden un sueño tras ellas”.

La mayoría de las pinturas expuestas en la galería eran punteadas. Entre los tintes ocres característicos del desierto, se distinguía un animal totémico o alguna planta sagrada. “Los puntos constituyen la mejor forma de representar el desierto –me dijo–. Si tienes oportunidad de hacer un viaje en helicóptero por el outback, te darás cuenta de que la imagen del desierto desde el cielo no es tan distinta de estas pinturas. Lo mitos ancestrales están presentes en todos los aspectos de la vida aborigen y son muy pragmáticos. Explican cómo cazar o dónde encontrar agua. De los cuadros brotan historias de supervivencia superadas por la información legada generación tras generación”.

El último día en Alice Springs fui a visitar las McDonald Ranges. Exploré cada grieta, doblez, muesca o saliente que encontré en la ladera oeste en busca de algún rastro del Tiempo del Sueño. Me acurruqué cerca de un monolito rodeado por maleza espinosa, acerqué la oreja hasta que noté el contacto con una piedra horneada por el sol. No escuché nada. Desde esa altura se veía una ciudad pequeña escarbada en polvo. Un punto minúsculo, un rastro significativo para mí gracias a Arunta y a sus símbolos. A veces pienso en ella y me la imagino como un tótem que me mostró uno de los infinitos rasgos del desierto.