Vivir el CERN desde dentro

Juny Crespo tenía claro que quería trabajar en el laboratorio físico más famoso del mundo. Tenía claro que quería estar dónde se buscaba, si existía o no, la partícula que iba a explicar el origen del universo. Pero, qué hace allí un ingeniero civil valenciano. Cerca de la frontera entre…

Vivir el CERN desde dentro

Juny Crespo tenía claro que quería trabajar en el laboratorio físico más famoso del mundo. Tenía claro que quería estar dónde se buscaba, si existía o no, la partícula que iba a explicar el origen del universo. Pero, qué hace allí un ingeniero civil valenciano.

Juny Crespo, un ingeniero valenciano en el CERN

Juny Crespo posa delante del Globe, uno de los edificios más representativos del CERN. Foto: Nonada.es

Cerca de la frontera entre Francia y Suiza se levanta la Organización Europea de Investigación Nuclear. Con ese nombre puede parecer un centro de investigación más, pero cuando te das cuenta de que sus siglas son CERN la cosa empieza a cambiar. Se trata del laboratorio de física de partículas más importante del mundo y alberga el LHC, el mayor colisionador de hadrones construido hasta la fecha, donde se simulan los momentos posteriores al Big Bang para poder desenmascarar, entre otras cosas, el bosón de Higgs.

Con la llamada partícula de Dios de por medio, podría parecer que en el CERN sólo trabajan físicos teóricos. Una pequeña parte de los que trabajan en el CERN sí lo son, pero en sus instalaciones trabajan perfiles de todo tipo. «Debe haber menos de 100 físicos teóricos. El resto [alrededor de 3.000 profesionales] ayudamos a realizar los experimentos que necesitan para demostrar las teorías», resume Juny Crespo, valenciano y responsable de Ingeniería Civil en uno de esos proyectos.

Juny llegó hace unos meses con un contrato de dos años y la tarea de supervisar las labores de Ingeniería Civil dentro del proyecto R2E (Radiation to Electronics), que incluye la perforación de nuevos conductos entre galerías, demoliciones o creación de ‘saferooms’ en las instalaciones subterráneas del LHC. En 2008, un incidente por una mala conexión entre los imanes que guían las trayectorias de las partículas «hizo tomar la decisión de que hay que rehacer todas las conexiones antes de seguir aumentando la potencia para evitar algún accidente, que no haría más que daños materiales, pero puede retrasar el proyecto varios años». «No vamos a crear un túnel nuevo como el LHC, simplemente es la puesta a punta necesaria», aclara.

El colisionador de hadrones parará sí o sí cuando finalice 2012 para poder hacer estas mejoras. Antes de ello tendremos una respuesta, se espera que concluyente, de si existe o no el bosón de Higgs, una hipotética partícula elemental masiva que cumple un papel fundamental en la explicación del origen de la masa de otras partículas elementales. El LHC tiene cercada la región en la que se podría encontrar y espera decir con certeza antes de 2013 si existe o no.

Vista general del CERN nevado. Foto: CERN

Vista general del CERN nevado. Foto: CERN

Hoja de ruta personal

Pudiendo trabajar en el lugar donde se está intentado explicar el origen del universo, ¿quién querría trabajar en otro sitio? Eso mismo pensó Juny hace unos años cuando un compañero de la Universidad Politécnica de Valencia le comentó que comenzaba a trabajar en el CERN. «No tenía ni idea de que un ingeniero industrial podía trabajar aquí y me creé una hoja de ruta personal para ajustar mi perfil a aquel que pudieran solicitar».

Después de «haber superado todas las carencias», mejorar enormemente el idioma, tomar experiencia en un equipo multidisciplinar, hacer un Master en Project Management, y «haber focalizando al máximo el currículum en aquello que sabes hacer, tuve la suerte de que me llamaran», presume. «Yo diría que es un buen ejemplo de que ‘el que la sigue la consigue’ y, por otra parte también, de que ‘la suerte existe… pero es para los que la buscan'».

En ese proceso, se integró en un equipo de trabajo multidisciplinar de Biología Sintética en la UPV. Como parte de él participó en un concurso en el MIT, logrando el tercer lugar por delante de grupos de las universidades más prestigiosas del mundo. «El proyecto consistía en modificar unas levaduras con el gen de una medusa, que hace que brille. Al aplicar voltaje sobre estas levaduras modificadas, se abren los canales de calcio y se produce una reacción química con la ‘nueva’ proteína, la acuorina, produciendo luz. Creamos una especie de píxel biológico, una especie de pantalla biológica», recuerda.

Una obra de Ingeniería Civil en el detector ATLAS. Foto: CERN.

Una obra de Ingeniería Civil en el detector ATLAS. Foto: CERN.

Parte de un proyecto

Trabajar en el CERN da un aire diferente. Bien lo sabe Juny. Por eso le gustaría seguir una vez que acaben los dos años de su proyecto. «Es sorprendente cómo está montado, no es la estructura habitual de una empresa. Hay muchísimos experimentos y proyectos distintos, muchísimas secciones… Dentro de cada sección sí que tenemos todos más o menos el mismo perfil, pero si te vas al nivel inmediatamente superior tienes perfiles más diversos. Hay especialistas en electricidad, ventilación, bomberos superpreparados en temas de criogenia o en rescate en espacios confinados, ingenieros en informática, mecánica, electrónica… de todo». Una visión que choca con la que se suele tener del CERN y que Juny desmonta: «los pocos físicos teóricos que hay se ven, pero no hay muchos. Hay más físicos que se encargan de analizar los resultados de los experimentos pero, de los que crean las fórmulas y piensan cómo entender el mundo, hay pocos».

El CERN basa su trabajo en una misma estrategia común, pero un buen número de proyectos se desarrollan a la vez. Actualmente se intentan resolver preguntas como qué da masa a la materia, de qué está compuesto el 96% del universo que no es visible, o por qué la naturaleza prefiere la materia a la antimateria. Y aún queda cuerda para rato. Al LHC «le quedan unos 20 años de operación. Actualmente está trabajando a siete teraelectronvoltios (TeV), la mitad de su energía de diseño, la cual será capaz de alcanzar en dos grandes paradas, en 2013 y 2016, respectivamente. Ya se están diseñando los aceleradores lineales del futuro: el ILC (International Linear Collider) y el CLIC (Compact Linear Collider)». En función de los resultados que arroje el gran colisionador de hadrones, el futuro de la física de partículas se decantará hacia uno u otro.