Inocente y atormentado Daniel Johnston

Una voz chirriará mañana, inocente y atormentada, en la Sala El Loco de Valencia. Daniel Johnston, cantautor y dibujante inclasificable, alimenta sus letras e ilustraciones con una mitología personal donde conviven héroes del cómic, Satán y personajes creados por él mismo. Los trazos y melodías son el bálsamo contra el…

Inocente y atormentado Daniel Johnston

Una voz chirriará mañana, inocente y atormentada, en la Sala El Loco de Valencia. Daniel Johnston, cantautor y dibujante inclasificable, alimenta sus letras e ilustraciones con una mitología personal donde conviven héroes del cómic, Satán y personajes creados por él mismo. Los trazos y melodías son el bálsamo contra el síndrome maníaco-depresivo que sufre este ‘outsider’ americano.

Daniel Johnston. Foto de Peter Juhl.

Daniel Johnston. Foto: Peter Juhl.

Habla de sí mismo como “un niño que olvidó crecer y que pasa todo el día escribiendo canciones y dibujando”. Precisamente eso es lo que la gente ama de Daniel Johnston y de los genios locos: son puros, sin intención comercial, crean como si fuera una necesidad primaria. En el caso de Daniel es casi una obsesión. De joven, en el sótano abarrotado de casa de sus padres, componía compulsivamente con un piano que nadie le enseñó a tocar, grababa casettes, ilustraba las portadas y los repartía entre sus conocidos. Se inspiraba en John Lennon y The Beatles.

Visiones simbólicas de Daniel Johnston.

Visiones simbólicas de Daniel Johnston.

Estas primeras canciones ya dibujan un universo creativo en el que deambulan personajes de su infancia, como el Capitán América, el Increíble Hulk o el Fantasma Casper; otros nacidos de su imaginación, como Polka Dot Underwear Guy (el tipo de los calzoncillos de lunares), Joe ‘El Boxeador’ y la Rana Jeremiah, su alter ego. Y otros reales, como Laurie Allen, su amor adolescente no correspondido, su fuente de inspiración, su musa, su obsesión. Cientos de canciones de Johnston llevan el sello de este desamor. También le obsesiona Satán (no hay que olvidar que procede de una familia profundamente religiosa del sur de los Estados Unidos): “Creo en Dios y en el demonio también. El demonio existe y sabe mi nombre”.

En el documental ‘El demonio y Daniel Johnston’ (2005), en el que el realizador Jeff Feuerzeig recorre los contratiempos del artista californiano, se aprecian las lágrimas y cicatrices de Daniel cuando habla de Laurie y vuelve a ver las imágenes que tomó de ella con una Súper 8 treinta años atrás. Daniel Johnston no puede hacerse mayor, está encerrado en su mundo infantil como un Peter Pan de carne y hueso. Pero su inocencia es aterradora porque es una extensión del trastorno que padece. Porque la sensación de irrealidad que sufre le hace vulnerable.

Un maníaco-depresivo con delirios de grandeza

Durante su época universitaria, momento en el que el síndrome maníaco-depresivo despierta de forma furibunda (ayudado quizás por sus primeras incursiones en la marihuana y el LSD), Daniel recita los síntomas de su enfermedad en uno de los cassettes que acostumbraba a grabar a modo de diario. «La psicosis-maníaco depresiva es opuesta a la depresión; el paciente describe su estado feliz y eufórico, con aumento de irritabilidad y odio; está hiperactivo, cambia de tema con rapidez, se distrae con facilidad, habla con juegos de palabras y rimas, presentan delirios de grandeza, no viven en la realidad y es posible que beban alcohol en exceso. (…) En casos de sobrexcitación, balbucean y están desorientados. Las alucinaciones sustentan los delirios de grandeza…” Finalmente, añade: «soy un maníaco-depresivo con delirios de grandeza», y la cinta se detiene.

En los años siguientes, Daniel Johnston se hace un hueco en el circuito musical de Austin, Texas. En 1985, actúa en un programa especial de la MTV sobre la escena musical en la capital tejana. En 1990, toca en el festival South by Southwest y, al volver a Virginia en un aeroplano pilotado por su padre, Johnston sufre un episodio maníaco y arroja las llaves de la avioneta por la ventana en pleno vuelo. Su padre recuerda en el documental, entre lágrimas, como consiguió enderezar el aparato y aterrizar en un bosque. El avión quedó destrozado. Ambos salieron ilesos. Daniel fue recluido en un hospital psiquiátrico.

Daniel Johnston en una actuación. Foto de Peter Juhl.

Daniel Johnston en una actuación. Foto: Peter Juhl.

En los últimos años, Daniel Johnston está mejor gracias a la medicación y al cuidado de su familia. Su voz, ya de por sí algo desafinada, cada vez se resiente más debido a su adicción a empalmar un cigarro tras otro. Pese a todos estos contratiempos, fue una de las sorpresas del cartel del FIB 2003 y estos días está enrolado en una pequeña gira que parará en cuatro ciudades españolas (Madrid, Valladolid, Valencia y Barcelona). Además, La Casa Encendida de Madrid ofrecerá desde mañana hasta el 10 de junio una exposición con 72 dibujos originales del artista.

Sus temas atemporales han sido reivindicados a lo largo de las tres últimas décadas por músicos de la talla de David Bowie, Sonic Youth, Kurt Cobain, Teenage Fanclub, Tom Waits, Yo La Tengo, Beck, Wilco o Eddie Vedder. La lista es interminable porque, pese a que nunca llegó a profundizar en el manejo del piano o la guitarra y a que sus canciones parecen a medio hacer, Daniel Johnston emociona con su autenticidad, con su capacidad para explicar los límites difusos entre la creación y la destrucción, entre la inocencia y la oscuridad.