Un festival lleno de personajes

Un potente microcosmos concentra en Benicàssim, durante una semana, a lo mejorcito de cada casa. Todo un abanico de perfiles que resulta casi tan interesante y variopinto como el propio cartel del festival. En el FIB te puedes encontrar de todo aunque hoy sólo te presentemos algunos de sus personajes….

Un festival lleno de personajes

Un potente microcosmos concentra en Benicàssim, durante una semana, a lo mejorcito de cada casa. Todo un abanico de perfiles que resulta casi tan interesante y variopinto como el propio cartel del festival. En el FIB te puedes encontrar de todo aunque hoy sólo te presentemos algunos de sus personajes.

El 60% del público del FIB 2012 se espera que venga del Reino Unido. Sol, música y zona de acampada, ¿hace falta algún reclamo más?. Foto: Fiberfib.

El 60% del público del FIB 2012 se espera que venga del Reino Unido. Sol, música y zona de acampada, ¿hace falta algún reclamo más?. Foto: Fiberfib.

Hay tantos tipos de ‘fibers’ como ‘fibers’ acuden al Festival Internacional de Benicàssim cada año desde 1995. El aire moderno y distinto de quienes se declaran enamorados del festival o las ganas de darlo todo durante una semana propician que las playas de la zona y el recinto del FIB 2012 sean lugares curiosos, dignos de ser estudiados.

En 2011 la organización del festival igualó su récord: 200.000 personas pasaron por taquilla a retirar su entrada o abono. El ecléctico cartel de este año, capitaneado por Florence & The Machine, At The Drive-In, The Stone Roses, Noel Gallagher, Crystal Castles, New Order o los peculiares Bob Dylan y David Guetta, promete personajes muy distintos compartiendo césped, zona de acampada, conciertos multitudinarios y una semana para recordar. Clasificaciones se podrían hacer muchas y cada uno haría la suya. Ésta no es más que una muestra de algunos personajes que te puedes encontrar a partir del jueves por Benicàssim.

El guiri

Fundamentalmente, del Reino Unido. Ya ha plantado su tienda y a estas horas se está poniendo rojo como el fuego del infierno en algún punto entre Benicàssim y Oropesa del Mar. Decidió hace muchos meses que se venía a la costa española a pegarse la vida padre durante una semana y aprovechará al 100% los días de acampada, la playa, el alcohol (lo que no es alcohol) y la cantidad de grupos de su país que tocan.

No entiende muchas de las cosas que pasan a su alrededor, pero él (o ella) se lo pasa bien. Busca sombra en la zona de acampada, sobre todo cuando la primera mañana al sol ha comprendido cómo pica el Lorenzo en Castellón. Son tipos peculiares y si no fuera por los empujones de algunos conciertos o la extraña moda de tirar al aire los vasos llenos de bebida en las aglomeraciones casi ni se notaría que son más del 60% de los asistentes. La organización rechaza que el festival se esté «britanizando», pero cierto es que cuesta hablar castellano en algunos rincones.

La pulsera de 'fiber', un signo distintivo de año a año. Foto: Fiberfib.

La pulsera de ‘fiber’, un signo distintivo de año a año. Foto: Fiberfib.

El coleccionista de pulseras

Lleva orgulloso en su muñeca una pulsera mohosa del primer FIB al que fue. De ese y de alguno más. Es todo un veterano y sabe perfectamente cuándo hay que darlo todo. Tiene su plan estudiado, recuerda los mejores sitios de años anteriores y le molesta sobre manera los cambios en el recinto. Es de los que llamaba, en tiempos del patrocinio de Heineken, Escenario Maravillas al Escenario Verde y, ahora, justo al contrario. Un enganchado al FIB, que viene cuando puede o cuando el cartel le vale la pena.

Suele ir en grupo con congéneres, con un programa marcado pero sin obligaciones. Disfrutando de la situación. En una versión más cuarentona se le ve incluso hasta con niños. Son los que hacen del festival un festival.

Hemos venido a jugar

Un gran contenedor en el que caben novatos, festerines, raveros y demás gentes con ganas de marcha. En realidad les suele dar igual quién toque. Ellos han venido a ver a un par de cabezas de cartel y a pasárselo bien. Los ves aparecer en el recinto a última hora de la tarde y salen de las carpas de día, abriéndose paso entre los restos del naufragio.

Hay quién sólo va a ver lo que pilla. Viven el festival como un fin de semana de fiesta. Su lema: «ya que hemos venido, juguemos a ver si ganamos». Suelen llevarse más de un alegrón con la música… si la resaca les respeta.

El acreditado

Odiado y admirado a partes iguales. Aclaresé que conseguir un pase de prensa en el FIB no es tarea fácil. No lo era cuando los hermanos Morán eran los capos y no ha cambiado la cosa desde que el británico Vince Power lo compró hace cinco años.

Tiene contacto con los músicos y acceso a las zonas míticas como la extinta piscina en la que lo más florido se ha remojado en los últimos años. Todavía hay algún periodista que presume de haber visto a PJ Harvey hacer topless la primera vez que tocó en el festival. Cosas mundanas a parte, disfruta como un enano cuatro días, viendo buenos conciertos en gradas VIP, teniendo acceso a la gente que mueve el cotarro ese año y se pasea como si nada por el festival. Ha visto cosas en el ‘backstage’ como para escribir tres o cuatro libros: desde las miserias de los artistas reclamando su cuota de protagonismo (Morrissey y Oasis, por ejemplo, tienen mucho que decir al respecto), hasta la normalidad de grandes como The Cure o The Chemical Brothers. En definitiva, odiado y admirado a partes iguales.

El currante

También bautizado como el ‘escaqueado’. Después de un par de días trabajando como el que más, sabe cuándo llega su momento: el de acercarse sigilosamente al concierto que estaba esperando. Difícil lo tendrá porque el trabajo es lo primero, pero todo es proponérselo. A más de uno (y de una) se le ha visto saltar la barra cuando llega la hora clave. Se arriesga a que cuando vuelva a su puesto su FIB 2012 se haya acabado, pero le suele valer la pena intentarlo.

Los de la montaña

Los bajos fondos del FIB. La ladera que queda frente al escenario principal ha sido desde siempre el ‘FIB de los pobres’, de los autóctonos sin presupuesto que quieren oir, aunque sea de lejos, las migajas del festival.

Con aspecto de domingueros, hay quien aparece en grupo numeroso, con nevera, cena, botellón y toalla. Con eso, y con ganas de pillar la postura entre piedras y algo de maleza. Hay fijos de esta solución que han «visto» más conciertos desde el ‘pelús’ que desde dentro; para ellos resulta una buena forma de pasar la noche. Es lo que tiene vivir relativamente cerca.

Y todos los demás

Seguramente tú, con tu entrada en la mano o con la pulsera de 2011 aún colgando de la muñeca, no te identifiques con ninguno de ellos. No temas, es lo normal. Se espera más de 40.000 modelos de ‘fibers’ cada uno de los cuatro días del festival. Descubrir los más curiosos de este año es un aliciente más que no está en el cartel pero bien podría estarlo.