Autónomos del mundo, ¡uníos!

No son funcionarios ni asalariados. No tienen horario laboral ni vacaciones pagadas. Son los denominados ‘emprendedores’ o, más modestamente, trabajadores autónomos. Más de tres millones en España y 23 en toda la Unión Europea. En tiempos de crisis se dice que son el futuro de la economía. Un futuro, eso…

Autónomos del mundo, ¡uníos!

No son funcionarios ni asalariados. No tienen horario laboral ni vacaciones pagadas. Son los denominados ‘emprendedores’ o, más modestamente, trabajadores autónomos. Más de tres millones en España y 23 en toda la Unión Europea. En tiempos de crisis se dice que son el futuro de la economía. Un futuro, eso sí, un poco negro.

Un autónomo, de espaldas, viendo la que se avecina. 'Take Shelter', de Jeff Nichols.

Un autónomo, de espaldas, viendo la que se avecina. ‘Take Shelter’, de Jeff Nichols.

El pasado 11 de julio se consumó el mayor recorte de la historia de la democracia en España: Subida del impuesto del IVA, eliminación de la paga extra de los funcionarios, eliminación de la deducción por compra de vivienda, recorte del subsidio por desempleo, etcétera… Casi ningún colectivo salió indemne. Sin embargo, la letra pequeña incluyó una serie de medidas que pasaron más desapercibidas. Son las que afectaban a los trabajadores autónomos. A éstos, a parte de la correspondiente subida del IVA, se les aumentaba las retenciones del IRPF del 15 al 21%, y la base máxima y mínima de cotización. En resumen, cada autónomo tendrá que aportar, de media, 1.100 euros más al año.

Aquí el cabreo, como en el resto de sectores, fue también generalizado. Benjami Villoslada, cofundador de Menéame, lanzó por la red una propuesta. ¿Y si como medida de presión todos los autónomos se dieran de baja durante el mes de agosto?

Según sus cálculos, esto supondría al Estado no ingresar de media 250 euros por cabeza. Lo que multiplicado por el número total de autónomos en España (3.068.808) supondría 750 millones de euros en concepto de protesta.

La medida, popularizada bajo los haghstags #huelgaAutonomos y #BajaAutonomos, cuenta desde su origen con un blog, un wiki, un foro, y la convocatoria de salir a la calle el próximo 28 de julio. Pero es, sobre todo, un intento de poner de acuerdo a un colectivo que se declara al límite de sus posibilidades.

Muchos perfiles, los mismos problemas

¿Un golpe sobre la mesa o sólo una bravuconada? Lo cierto es que esta medida se enfrenta a ciertas trabas. La principal: la de coordinar a un grupo ya de por sí tan heterogéneo. Incluyen, en conjunto, a cualquier persona que voluntaria o involuntariamente, abogó por el auto-empleo como salida laboral. Los autónomos en España incluyen puestos que van desde el administrador de una sociedad mercantil, a un autónomo independiente, o a un ‘falso autónomo’, que presta sus servicios a una empresa como un asalariado más. Y eso en sectores tan diferentes como el transporte, la construcción, la hostelería, las profesiones artísticas o los medios de comunicación. De ahí que pueda parecer difícil ponerles a todos de acuerdo y, sobre todo, contar con una única asociación que los represente.

Hasta ocho colectivos representaron a los autónomos en sus negociaciones

Hasta ocho colectivos representaron a los autónomos

Por ejemplo, a la reunión de pasado febrero con la ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, para discutir la Reforma Laboral, acudieron hasta ocho asociaciones diferentes en representación de este colectivo. Sin embargo, esta heterogeneidad no hace que dejen de tener intereses comunes. Algo que se ha acentuado ante las crecientes dificultades. Así lo piensa Lorenzo Amor, presidente de la Federación Nacional de Trabajadores Autónomos (ATA), cuya organización representa a 500.000 autónomos. Estos intereses comunes serían, según el propio Amor: “los problemas fiscales, la prestaciones, la morosidad o la falta de liquidez”.

En este sentido, los problemas a los que se enfrentan son múltiples: “las trabas administrativas, la inexistencia de medidas que fomenten la segunda oportunidad para montar un negocio, la falta de incentivos, la dificultad de acceso a la financiación o la elevada morosidad”.
Pero por encima de todas se encuentra la principal queja del colectivo: el tener que pagar el IVA por facturas que aún no se han cobrado. Y que no se han cobrado, en parte, por la falta de liquidez en las arcas públicas. Lo que hace que los autónomos tengan que adelantar a la administración parte de un dinero que la propia administración aún no les ha pagado por sus servicios. Así, en el último mes, han tenido que adelantar 390 millones de euros al Estado. Mientras que éste tarda en pagar sus deudas, de media, 161 días.

Todas las asociaciones están de acuerdo en este punto. Tanto, que el propio gobierno del Partido Popular lo incluyó en su programa electoral dentro de lo que iba a ser la futura ‘Ley de Emprendedores’. Sin embargo, no llegó a incluirse en la nueva norma aprobada recientemente. Y como contrapartida, a parte de la subida del IVA y de las retenciones, se han homogeneizado los recargos por retraso en el abono de cuotas a la Seguridad Social. Lo que significa que de ahora en adelante llevarán incluidos un interés del 20 por ciento, sea cual sea el tiempo de retraso.

Sin heroísmos, por favor

Visto lo visto, lo autónomos han pasado de ser creadores de empleo a convertirse en los nuevos bancos del estado. Una afirmación extendida nada más conocerse la últimas medidas aprobadas por el ejecutivo.
Esta frustración no ha llevado sin embargo a posiciones como la propuesta por Benjami. De este modo, las asociaciones no se han alineado con los llamamientos a la huelga realizados desde las redes sociales, y se han dedicado más bien a un trabajo ‘diplomático’, tratando de reunirse con la administración pública para que conceda alguna mejora.

"La situación es desesperada, pero no es grave". Un diálogo de 'Un, dos, tres', de Billy Wilder.

«La situación es desesperada, pero no es grave». Una frase en plena actualidad de ‘Un, dos, tres’, de Billy Wilder.

Su postura, en este aspecto, es más pragmática. Nada de heroísmos, ni a la hora de protestar, ni a la de emprender. Sólo obtener alguna facilidad para fomentar el trabajo autónomo. Y es que la secuencia parece muy sencilla. Si se aumenta el empleo, se reduciría la economía sumergida, se reactivaría la economía real, la administración recaudaría más y, finalmente, se saldría de la situación de crisis.

¿Algún ejemplo? Lorenzo Amor lo indica: “Si los más de tres millones de trabajadores autónomos contratasen a un solo trabajador, el paro podría reducirse a tasas cercanas al 7%, mínimo en la serie histórica”.

¿El problema? “Las trabas laborales. Que tratan por igual a un pequeño taller de barrio que a una gran fábrica”, indica el presidente de ATA. A lo que se podría añadir como puntilla final la falta de ayudas para contratar. Ya que, sin ir más lejos, los recortes del pasado 11 de julio supusieron otro mazazo en este aspecto. Ese mismo día se eliminaron casi por completo las bonificaciones a la contratación. Unas ayudas reducidas ya a su mínima expresión durante el anterior gobierno socialista.