La irresistible decadencia de Coney Island

La historia de Coney Island, una península situada al final del barrio de Brooklyn, en Nueva York, ha estado ligada al entretenimiento desde finales del siglo XIX, cuando los habitantes de la ciudad acudían a respirar la brisa marina, a apostar en las carreras de caballos, beber alcohol en los…

La irresistible decadencia de Coney Island

La historia de Coney Island, una península situada al final del barrio de Brooklyn, en Nueva York, ha estado ligada al entretenimiento desde finales del siglo XIX, cuando los habitantes de la ciudad acudían a respirar la brisa marina, a apostar en las carreras de caballos, beber alcohol en los bares y refugiarse en burdeles. 

La noria de Coney Island. Foto: Ana Crespo.

La noria de Coney Island. Foto: Ana Crespo.

A principios del siglo XX se volvió un lugar mucho más familiar y recomendable. No es de extrañar entonces que el Gran Gatsby invitara a un amigo a visitar este lugar en la novela de F. S. Fitzgerald, que transcurre en los felices años veinte. A Coney Island también llegaron las clases medias atraídas por la playa, las atracciones de feria y los puestos de comida rápida que se instalaron entonces y que todavía hoy dotan de su particular carácter a este lugar. La noria Wonder Wheel, que data de 1920, y la montaña rusa de madera Cyclone, construida en 1927, todavía funcionan. Otras han desaparecido. Es el caso de Thunderbolt, la montaña rusa bajo la cual vivía de niño el personaje de Woody Allen en la película ‘Annie Hall’.

Tras la Segunda Guerra Mundial comenzó la decadencia del complejo, ya que las familias tenían mayor poder adquisitivo y vehículos para desplazarse a otros lugares. El ocaso del complejo no hizo que éste dejara de fascinar. Patti Smith cuenta en sus memorias como Robert Mapplethorpe y ella se desplazaban a Coney Island para comer un perrito caliente en Nathan’s, “sentarse en el embarcadero y soñar con el futuro”. Los visitantes actuales pueden emularlos, ya que este local abierto en 1916 sigue sirviendo ese aperitivo.

Durante los años setenta, cuando estos creadores se abrían paso en el mundo del arte, Nueva York atravesaba una de sus etapas más florecientes en el apartado creativo, pero también era una ciudad insegura, con varias áreas marcadas por la violencia y las drogas. Algunos vieron en la decadente Coney Island una extensión de esa Nueva York dual. La novela ‘Réquiem por un sueño’, publicada en 1978 y convertida en película en el año 2000, la protagonizan unos jóvenes de Coney Island que caen en desgracia por su adicción a las drogas. También procede de este área una de las bandas callejeras de la película ‘The Warriors’ (1979), que capta el aspecto de la ciudad en la época.

Desfile de la Mermaid Parade. Foto: Ana Crespo.

Desfile de la Mermaid Parade. Foto: Ana Crespo.

Mermaid Parade

Nueva York y Coney Island son hoy mucho más seguras y tranquilas, pero algunas cosas no cambian. El entretenimiento barato, el paseo marítimo, y por supuesto la playa siguen siendo grandes atractivos del lugar. Atracciones nuevas y relucientes conviven con la noria y la montaña rusa de los años veinte y atracciones propias de los años ochenta, como unos coches de choque. En el paseo marítimo, jalonado por locales de comida rápida de otra época, se combinan edificios abandonados como una pista de patinaje con otros a pleno rendimiento, como un acuario.

Hace unos años hubo planes para renovarlo completamente, con hoteles, restaurantes y tiendas al más puro estilo Las Vegas. La crisis económica los frenó, pero no detuvo otras iniciativas de asociaciones sin ánimo de lucro como la que organiza la Mermaid Parade, un desfile de temática marina que recupera a principios del verano el espíritu del carnaval y sus costumbres relajadas: está permitido que las mujeres muestren los pechos o los hombres se travistan. Además de ver cómo aumentaba la popularidad de este desfile, Coney Island dio la bienvenida al siglo XXI con un equipo de béisbol y su propio estadio. Aunque se enfrenta a un futuro incierto, las atracciones seguirán funcionando y el paseo marítimo seguirá oliendo a comida y a mar unos años más.