Orriols lucha por subir de categoría



Orriols tiene fama de barrio duro y problemático, de los que encabezan las listas negras de marginación y exclusión. Los indicadores estadísticos en educación, trabajo y pobreza así lo constatan. Pero un barrio es algo más que unas encuestas. Es también una compleja red de relaciones humanas, un sentimiento y…

Orriols lucha por subir de categoría

Orriols tiene fama de barrio duro y problemático, de los que encabezan las listas negras de marginación y exclusión. Los indicadores estadísticos en educación, trabajo y pobreza así lo constatan. Pero un barrio es algo más que unas encuestas. Es también una compleja red de relaciones humanas, un sentimiento y un carácter. Algo parecido a un equipo de fútbol.

El barrio de Orriols es de los que no salen bien parado en las encuestas, pero tiene mucho más dentro suyo que lo que se refleja.

El barrio de Orriols es de los que no salen bien parado en las encuestas, pero tiene mucho más dentro suyo que lo que se refleja.

Y quizás ahora es el mejor momento de hacer esta comparación: el Llevant UD, el equipo que juega en Orriols desde hace más de 40 años, se ha clasificado para jugar en Europa por primera vez en su historia después de una liga de infarto en que llegó (por unos días) a situarse en el liderato, y todo esto con el presupuesto más modesto de todo el campeonato y una escuadra formada a base de descartes de los otros equipos.

Según el servicio estadístico del Ayuntamiento de Valencia, en Orriols hay más personas sin estudios que licenciados, el porcentaje de sus vecinos nacidos en el extranjero supera el 30% (uno de los más elevados de Europa) y el nivel de paro en 2001 (el dato más reciente) ya superaba, antes de la crisis, el 17%. Con este panorama no es de extrañar que en las barras de los bares o en los parques sean habituales expresiones como “Expediente de Regulación de Empleo”, “salario de tramitación”, “beca de comedor” o “rebaja en las pensiones”. Sin empleo, con recortes en ayudas sociales que para muchos de sus vecinos son cuestión de vida o muerte, y con reivindicaciones históricas aún irresueltas, como el ‘nuevo’ Centro de Salud que lleva un retraso de 20 años y que a pesar de estar ya prácticamente terminado ha vuelto a paralizarse, es difícil ver motivos que inviten al optimismo.

Pero este año, muchos de los orriolenses han contado con una fuente de orgullo y motivación que hacía un poco más llevaderas las penurias cotidianas. El equipo de sus corazones, el que les ha dado más sufrimientos que de alegrías, el que han visto descender hasta Tercera División, con los jugadores encerrados en los vestuarios porque no cobraban y que estuvo a punto de la extinción, ha renacido y ha conseguido una gesta única en sus 102 años de historia: el Llevant no solo mantiene la categoría (la unidad de medida histórica), sino que jugará en Europa tras quedar sexto en uno de los campeonatos más competitivo y exclusivos del mundo. Justo cuando parecía que el fútbol era solo una cuestión de dinero, un equipo con un presupuesto de solo 20 millones da la gran sorpresa y se convierte en la revelación, victoria contra el todopoderoso Real Madrid incluida.

Y no se trata solo de comparar millones. La actual plantilla granota tiene más motivos para pasar a escribir una página entera de la historia épica del fútbol. Sin estrellas mediáticas, formada a partir de jugadores ya jubilados por otros equipos, muchos de los cuales han vuelto ‘a casa’ pero no para esperar plácidamente el retiro, sino para luchar por los colores en los que creen. Es el caso, sobre todo, de su defensa, la más veterana de la Liga y la que menos goles encajó el pasado año, liderada por jugadores crecidos en el equipo e, incluso, en el barrio, como Juanfran, auténtico ídolo de los azulgranas locales.

Orriols barrio granota

Estos éxitos han sorprendido a propios y extraños, pero es en el barrio donde han provocado pequeños cambios cotidianos. En el Parque dels Orriols, situado frente al estadio, ya es posible ver niños jugando al fútbol con la camiseta levantinista junto a otras, aún más populares, como la del Valencia o el Barcelona. Y las gestas de Ballesteros, Juanfran y Nano toman sus espacios en conversaciones dominadas por la crisis y los problemas cotidianos. José Luís aprovecha un momento para escaparse a comprar entradas para el próximo partido. Granota “de toda la vida” reconoce que hacía años que no iba al campo, pero ahora está realmente emocionado pues que un equipo que, históricamente, ha dado más disgustos que celebraciones, juegue y gane contra los más grandes “hay que verlo”.

Cruzando la calle, David atiende los clientes de la tienda del estadio. En medio de camisetas, ranas de peluche y todo tipo de merchandaising azulgrana reconoce que se nota mucho más movimiento en la tienda. “Justo acaba de venir una señora que quería una camiseta para su hijo de cuatro años que está loco con el Llevant”, cuenta.

El Levante UD forma parte del barrio tanto que está mimetizado entre los vecinos.

El Levante UD forma parte del barrio tanto que está mimetizado entre los vecinos.

Pero quien mejor resume esta comunión entre barrio y equipo es Arturo Peiró. Peiró, transportista en paro es, desde que nació, vecino de Orriols y, desde los cinco años, granota apasionado. Pasear por el barrio con él es retroceder a la época en que aquí había un pueblo y con sus explicaciones es fácil imaginar el antiguo molino movido por una acequia, las huertas llenas de tomates y chufa, y las casas con corrales que vendían huevos, pollos y conejos directamente de la granja al plato. Después vino la llegada masiva de trabajadores procedentes de Andalucía, Cuenca y Aragón y la construcción de bloques de viviendas feas y baratas para alojarlos. Es la parte del barrio conocida como Barona (por el nombre del constructor, casualmente un exjugador del Llevant) que ya entonces era considerada una zona peligrosa: “aquí la policía no entraba, había gente metiéndose heroína a plena luz del día y peleas todos los días”, cuenta Peiró. “Mi padre no me dejaba venir a esta parte del barrio, pero yo me escapaba porque todos mis amigos vivían aquí”. Es en esta zona, hoy mucho más tranquila, donde se encuentran la mayoría de los bares que albergan las numerosas peñas levantinistas del barrio. Como el Bar Avenida, propiedad de Juan Luís Campos, profusamente decorado con los colores azulgranas y en el que, según se dice, a veces es posible coincidir con el mismísimo Juanfran.

Paralelamente a los bloques de Barona se construyó el estadio actual del Llevant (aunque entonces aún no se llamaba Ciutat de València) encima del terreno barato de la huerta para paliar los graves problemas financieros del club y porque el antiguo Campo de Vallejo, en la calle Alboraya, se había quedado viejo.

Hecho en una zona sin urbanizar, la situación del campo era una metáfora de lo que se vivía en el barrio. El día de la inauguración del estadio cayó una riada tal que la gente no podía sacar los coches de los barrizales. Entonces Orriols tampoco tenía asfalto en las calles, ni semáforos, ni cloacas (y ya no digamos escuelas, parques o centros de salud) y para Arturo Peiró, cada una de estos elementos que hoy parecen casi naturales son el recuerdo de una manifestación, una asamblea y hasta de un choque a pedradas con la policía.

Fachada de un edificio cualquiera del barrio de Orriols, presumiendo de que su equipo ha hecho la mejor temporada de su historia.

Fachada de un edificio cualquiera del barrio de Orriols, presumiendo de que su equipo ha hecho la mejor temporada de su historia.

Historia de lucha

“En cierta manera el equipo llegó aquí cuando el barrio se estaba creando”, explica Toni Terrones, secretario de la Asociación de Vecinos de Orriols y también levantinista, “y esto facilitó una fuerte simbiosis entre el equipo y el barrio. Compartíamos este mismo espíritu luchador de los que no tienen nada y hasta por las cosas más obvias tienen que pelear muy duro. Así que muchísima gente nos hicimos granotas”. Para Terrones, quien esconde su amor por el Hércules, dados sus orígenes alicantinos, es esta conexión del equipo con los barrios populares (primero de los poblados marítimos, luego las barriadas obreras de L’Horta Nord como Torrefiel, Benicalap o el propio Orriols) lo que ha permitido al Llevant sobrevivir a sus años negros recorriendo los campos de Tercera División. “La gente se ha mantenido fiel al Llevant a pesar de los resultados o los mimos institucionales al Valencia y hay que reconocer que el equipo se ha comportado con el barrio, animando las ligas de fútbol popular o invitando las entidades sociales a sus actos”.

También el barrio ha mantenido, a pesar de las dificultades, su espíritu reivindicativo y hoy mismo se moviliza para que se inaugure de una vez por todas el Centro de Salud, previsto desde hace más de 20 años, cuyas obras se empezaron en 2008 y hoy se encuentran paralizadas.

Un nuevo barrio

A mediados de los 90 los antiguos vecinos de Barona se fueron trasladando hacia el Nou Orriols, una zona residencial de mayor calidad mientras que las antiguas casas baratas iban siendo ocupadas por una nueva inmigración llegada de los cuatro costados del mundo. ¿Mantienen estos nuevos vecinos su relación con el equipo? Peiró lo niega categóricamente pues “hoy todo el mundo es solo del Barça o del Madrid”. Terrones cree que, aunque no con la misma intensidad, sí que muchos de los latinoamericanos (el colectivo más numeroso) militan en las filas granota. Está por ver si, con los actuales resultados, esta conexión se acentúa.

Héroe de barrio


Aunque a nivel mediático la estrella indiscutible del actual Llevant es su capitán, Ballesteros, en Orriols tiene que pedir permiso a Juan Francisco García, Juanfran. Nacido en Orriols, de donde es toda su familia, criado, deportivamente, en el Llevant, ha vuelto literalmente a casa tras recorrer medio mundo pegando patadas al balón.

El anuncio de un fichaje de un jugador de 34 años podría no parecer, a priori, un motivo de alegría para sus seguidores, pero en Orriols estalló la euforia: “la gente estaba como loca, llegó a colgar pancartas con ‘Bienvenido a casa’, todo el mundo se alegró”, recuerda Arturo Peiró.

Y, no es para menos, aquí en Orriols todo el mundo tiene alguna anécdota relacionada con Juanfran. Que si conocen a su familia (“de toda la vida”), que si va a tal o cual bar o que si “mi primo jugaba con él de nanos”. Más que un jugador de fútbol cualquiera, Juanfran es la personificación de que el trabajo bien hecho tiene recompensa, que es posible ser de Orriols y triunfar en la vida y que puede hacerse, además, sin renunciar a los orígenes. Para ejemplo, de nuevo, Juanfran, quien nunca ha dejado el barrio aunque, como muchos de sus vecinos y admiradores, se haya mudado al Nou Orriols.