25S, territorio comanche

Me siento en un bar de la Calle O’Donnell de Madrid para tranquilizarme y ordenar las ideas y las sensaciones. Hace 16 horas que salí de Valencia en uno de los autobuses del 15M de Russafa pero, ahora, la llegada al paseo del Prado por el Retiro y el encuentro…

25S, territorio comanche

Me siento en un bar de la Calle O’Donnell de Madrid para tranquilizarme y ordenar las ideas y las sensaciones. Hace 16 horas que salí de Valencia en uno de los autobuses del 15M de Russafa pero, ahora, la llegada al paseo del Prado por el Retiro y el encuentro con otros grupos en Atocha me parecen muy lejanos.

Manifestantes, ante el cordón policial que rodeaba ayer 25S el Congreso. Foto: juanantogil.

Manifestantes, ante el cordón policial que rodeaba ayer 25S el Congreso. Foto: Bernardo Pérez/El País.

Voy a intentar quedarme con el sabor dulce que nos dejó a todos la asamblea informativa, las palabras de Carlos Taibó y de un montón de gente desconocida. Optimistas y llenos de grandes esperanzas. A las 5.30 salimos hacia el congreso. Llegamos a Neptuno y el grupo de Valencia decidimos permanecer unidos pase lo que pase. Personalmente, algunas de las recomendaciones me parecen exageradas: protegerse el hígado si caes al suelo, teléfonos de los abogados apuntados en el brazo, y el paso tortuga si hay cargas indiscriminadas de la policía.

Cuando veo el cordón policial que rodea el Congreso empiezo a dudar de todo. Y pocos momentos después llega la primera carga policial. Me pilla agachada, tuiteando, y no entiendo nada. La gente corre aterrorizada. Pero somos muchos y estamos demasiado apretados. Pedimos calma. Si la perdemos, nos aplastaremos unos a otros.

Cuando acaba la carga, la policía ha roto su cerco inicial y están en la plaza. Nos sentamos y permanecemos allí hasta poco antes de las 21 horas, momento en el que el grupo de Valencia decidimos salir poco a poco para ver qué hacemos. Yo salgo la primera. Cuando he recorrido 100 metros por el Paseo del Prado la gente empieza a correr y a empujarse. En 15 minutos todo cambia. El ruido de las pelotas de goma pone los pelos de punta y se empieza a hablar de heridos.

Los furgones de la policía nos rodean. Conseguimos reunirnos con la gente de Valencia y ponemos en práctica la técnica del paso de tortuga al ritmo de ‘Paquito el Chocolatero’. Que no falte el buen humor. Nos abrazamos y caminamos muy despacio, a pesar de que la gente corre a nuestro alrededor y las pelotas de goma silban muy cerca.

Un grupo de manifestantes permanece sentado ante la presencia de efectivos policiales. Foto: Beatriz Jiménez.

Un grupo de manifestantes permanece sentado ante la presencia de efectivos policiales. Foto: Beatriz Jiménez.

Se detienen dos furgones a nuestra altura, pero cargan contra la gente que se ha quedado sola. Cuando conseguimos salir del cerco y llegar hasta Atocha, todo está lleno de ambulancias y me tiemblan las piernas. Mis amigas están bien y puedo avisar a los que están preocupados por nosotras. Un chico no ha tenido tanta suerte. Dos policías le han atacado sin motivos cuando estaba solo y tiene la cabeza abierta.

Caminamos hacia la calle O’Donnell, donde nos espera el autobús que nos llevará de vuelta a casa. Intento tomar aire. No sé si tiemblo de miedo, de frío o de impotencia. Ésta será una noche larga y dura, muy dura. Pero yo vuelvo a Valencia. No sé cuantos heridos hay ni qué lectura hacen de esto los políticos y los grandes medios de comunicación. No lo quiero saber. Ahora solamente pienso en los que desde hoy son mis compañeros, los que esta noche deambularán por las calles de Madrid.

Foto de portada: Madrizacion.