Diario del ojo



Hay un cine dentro del cine. Pero puede que haya otro, aún más importante, fuera de él. Es el trabajo de una serie de cineastas que valiéndose de grabaciones caseras, material de archivo y una mirada personalísima de su entorno ofrecieron algo que podría definirse como ‘cine subjetivo’. Unas piezas,…

Diario del ojo

Hay un cine dentro del cine. Pero puede que haya otro, aún más importante, fuera de él. Es el trabajo de una serie de cineastas que valiéndose de grabaciones caseras, material de archivo y una mirada personalísima de su entorno ofrecieron algo que podría definirse como ‘cine subjetivo’. Unas piezas, al mismo tiempo íntimas y universales.

Chris Marker en una de las escasísimas fotos suyas que se conocen, con gato (como no) incluido.

Chris Marker, en una de las escasísimas fotos suyas que se conocen, con gato (¡como no!) incluido.

El cine es una experiencia. Eso dicen: no se agota. Ni apretando el ‘rec’, ni al salir de una sala. Está delante de los ojos: en un gesto, la manera en que un gato juega en el suelo, alguien que tose, el desenfoque involuntario de una noticia. Lo demás es encuadre y tiempo. Más o menos. Darle sentido o, simplemente, tener algo que decir. Hay películas hechas de estas cosas. Fuera de los formatos convencionales y motivadas por un poco de instinto mezclado con el ánimo que las guia en ese preciso (y precioso) momento. Algo similar a una inspiración grabada. A que uno cerrase los párpados y una luz mágica se proyectase. Algo parecido a un diario del ojo. Aquí hay algunos ejemplos (no todos).

El poeta, Jonas Mekas (Lituania, 1922)

«La gente es mala, pero el cine es inocente», dice Jonas Mekas en, tal vez, su testamento en vida: ‘As I was Moving Ahead, Occasionally I saw Brief Glimpses of Beauty’ (‘A medida que avanzaba vi, ocasionalmente, breves destellos de belleza’). Una película-diario de cinco horas de duración, realizada a base de imágenes caseras, músicas de fondo y reflexiones en voz alta del propio Mekas, poeta y uno de los máximos exponentes del cine experimental norteamericano.

Hay gente que defiende que sea tal vez la película más hermosa de la historia. Tiene otras. La más conocida: ‘Walden’. El formato es el mismo: vídeos caseros que su autor amontona y que luego corta, funde, confunde, acelera y decelera, consiguiendo componer un poema visual a modo de diario. También tiene otras cinta de corte más comercial, o al menos más convencionales. Si fuese cierto aquello de que antes de morir vemos imágenes de nuestra propia vida pasando a toda velocidad, y el proyeccionista (léase Dios) fuera un buen tipo, el montaje correría a cargo de Jonas Mekas.

El gato, Chris Marker (Francia, 1921)

«Si no ven la felicidad, que al menos vean lo negro». Se dice que Chris Marker (Francia, 1921) creó un género cinematográfico en sí. El del documental reflexivo o subjetivo. Más bien podría ser un género él mismo. El del enigma, que mantuvo hasta su muerte el pasado mes de julio, sin dar entrevistas y dejando que pocas imágenes de sí mismo vieran la luz. De este modo, cuando le pedían una foto, él se limitaba a dar una de su gato favorito.

Queda en cambio su obra cinematográfica: extensísima y heterogénea. Desde el documental más o menos tradicional, a la video instalación, la foto-novela, la realidad virtual, el DVD interactivo o los canales de youtube. Y en todas ellas dos obsesiones más o menos gemelas: la imagen y la memoria. Además de un compromiso por el mundo manifestado en su apoyo (nunca acrítico) a las clases desfavorecidas, reflejadas en los movimientos obreros de finales de siglo o en el de Ocuppy Wall Street, con el que también participó.

El científico, David Perlov (Brasil, 1930)

«Ahora tendré que elegir entre tomar la sopa o grabarla». Esto dice David Perlov, considerado padre del documental israelí, mirando un plato colocado en la mesa. Ha pasado poco tiempo desde que ha tomado la decisión de comprarse una cámara y grabar todo lo que ocurre en su vida. El resultado son una serie de diarios grabados entre 1973 y 1983, y que constan de seis capítulos de una hora cada uno.

Lo que transcurre en cada uno de los episodios difiere. Está la vida familiar, la adolescencia de sus hijas gemelas, las bromas. Pero también acontecimientos públicos, la situación agónica del exterior reflejada en acontecimientos como la guerra de Yom Kippur, las elecciones, visitas de amigos, viajes al exterior. Todo mostrado sin artificios. Con la sequedad de un científico. Desapasionado. Con una frialdad casi quirúrgica.

El viajero, Robert Kramer (EE.UU., 1939)

«Volvamos a nuestras raíces, a esa América que amamos y odiamos». Esa es la proposición inicial, hecha por Robert Kramer a su amigo (y alter-ego) Doc. Y es ese el planteamiento que sirve de punto de arranque al documental, por llamarlo de algún modo, ‘Route One’. Una ‘road movie’ de más de cuatro horas de duración que disecciona Estados Unidos de norte a sur, sus paisajes y sus gentes.

Robert Kramer llevaba tiempo fuera del país, en Francia, fiel a su disidencia política y cinematográfica. Su amigo Doc estaba en África. El tema está claro y es una historia ya clásica. Alguien vuelve a casa y lo ve todo cambiado. Quieres saber qué ha pasado en su ausencia. Quiere enfrentarse a un lugar que quiere, pero que no entiende. Hay hambre por conocerlo todo. Por encontrar respuestas: El racismo, las carreteras, la brujería, la esclavitud, los trenes, la polución, la guerra, sus estatuas, sus banderas, los personajes anónimos detrás de un escaparate o en un salón, viendo el televisor.

El profeta, Pier Paolo Pasolini (Italia, 1922)

«Bienvenidos a la prehistoria». Pier Paolo Passolini fue una de esas personas que fue muchas personas. Escritor, guionista, poeta, ensayista, cineasta… pero sobre todo cronista del tiempo. Actual y futuro. En el campo cinematográfico alternó desde el neorrealismo hasta el surrealismo. Realizó algunos documentales en paralelo a sus obras de ficción. Y se animó a participar en 1962 en una propuesta televisiva que tituló ‘La Rabia’.

En ésta, un director de cine era invitado a responder a la pregunta, ¿por qué en todo el mundo se teme a la guerra?. Tuvo acceso a los archivos televisivos desde 1945 y compuso con todo ello un discurso poético-histórico de una hora de duración. En él se alternan varias voces sobre imágenes de informativos. Un recorrido a la historia universal en la que el mundo nuevo y el mundo antiguo comete los mismos errores al mismo precio. El vídeo resultó tan polémico que la televisión decidió invitar a otro director, más conservador, para que realizase otra película para exhibirse conjuntamente. Al final ninguna de las dos versiones se emitió.