Economía que maximiza la utilidad social

En 2008, el economista austríaco Christian Felber propuso un modelo económico dirigido a maximizar el bienestar social mediante una serie de incentivos a las empresas que contribuyeran a mejorar las relaciones humanas y la ecología. Cada vez con más seguidores, la economía del bien común sigue dando pasos para que…

Economía que maximiza la utilidad social

En 2008, el economista austríaco Christian Felber propuso un modelo económico dirigido a maximizar el bienestar social mediante una serie de incentivos a las empresas que contribuyeran a mejorar las relaciones humanas y la ecología. Cada vez con más seguidores, la economía del bien común sigue dando pasos para que el dinero sirva a la sociedad; y no al revés.

Christian Felber durante una de sus conferencias. Foto: SoWiMax.

Christian Felber durante una de sus conferencias. Foto: SoWiMax.

Mientras las relaciones humanas se miden en valores como la cooperación, la empatía, la honestidad o la confianza, la actual economía de mercado se rige por la búsqueda, sin tregua, del beneficio financiero a través de la competencia. Un indicador siempre alejado de la utilidad social que potencia la codicia, el egoísmo, la opacidad y el lucro desmedido. Esto dibuja un escenario de crisis, desempleo y desigualdad permanente. “Esta contradicción no es sólo un fallo estético en un mundo complejo o multivalente, sino una catástrofe cultural, nos divide en lo más profundo, como individuos y como sociedad”, dice Felber en ‘La economía del bien común’ (Deusto), el revolucionario manifiesto, best-seller en Austria y Alemania, que se tradujo el verano pasado al español.

Christian Felber, nacido en Salzburgo hace 40 años, es un destacado crítico de la globalización y fundador del movimiento de justicia global ATTAC. En el libro, así como en las múltiples conferencias que da por el mundo, expone esta teoría de forma sosegada y precisa (está lejos de ser un modelo abstracto). Siempre le preguntan cómo llevaría a cabo esta idea tan radical, y siempre responde que no es tan radical una propuesta que incluyen la mayoría de constituciones. La carta magna del pueblo bávaro es la más contundente en este punto: “Toda actividad económica sirve al bien común”. Por tanto, el asunto no es tan peliagudo. Se trata de poner en consonancia las reglas de juego de la economía con el espíritu de las constituciones.

En esencia, y según esta teoría, “el éxito económico deja de medirse mediante indicadores de valores de cambio para medirse mediante indicadores de utilidad social”. Y la pregunta del millón: ¿Cómo se puede medir el bien común? El también profesor austríaco, en colaboración con un equipo de economistas y empresarios, está desarrollando desde hace dos años el balance del bien común, que cuenta con una serie de indicadores puntuables (auditados por equipos independientes) que miden criterios como la utilidad de los productos y servicios, las condiciones laborales, la producción ecológica, el trato a los clientes, la solidaridad de la empresa con otras compañías, el reparto de ingresos, el trato y remuneración de las mujeres o si se toman decisiones democráticamente.

Edición española de 'La economía del bien común'.

Edición española de ‘La economía del bien común’.

Las empresas con puntuaciones altas recibirán compensaciones a través de impuestos, aranceles, acceso al crédito, etc. Los productos y servicios más cercanos a la utilidad social y a la ética serán más económicos que aquellos que únicamente persigan el lucro sin más. Es el punto de coincidencia entre las leyes del mercado y los valores que defiende la sociedad y la política (en esencia). Algunas de las herramientas para cuantificar el bien común ya han sido elaboradas y empleadas por empresas que trabajan tras el halo de la Responsabilidad Social Corporativa.

Este modelo alternativo lo que pretende es fomentar prácticas empresariales sostenibles con la ayuda de la ley. La aplicación integral del modelo sólo sería posible con la ayuda de gobiernos y legisladores, y de un sistema financiero radicalmente diferente al actual, que cierre el grifo de los casinos financieros y que considere el crédito como un bien público. Bastante utópico, pero no deja de ser el horizonte que propone la conocida como banca ética.

Hasta que ese momento llegue, ya hay empresas testeando los incentivos y comprobando la eficiencia social de esta alternativa. Más de 850 firmas de todo el mundo se han sumado a la causa, pero no de forma teórica sino desarrollando balances del bien común. Incluso algunas pymes, autónomos y grandes cooperativas, sin saberlo, cumplen también con los principios básicos de este modelo. “Los mejores rendimientos –dice Felber- no se llevan a cabo por la existencia de un competidor, sino que la gente se fascina por algo concreto”. Hay casos muy notables de empresas que han sustituido en su decálogo de objetivos últimos la eficacia por la confianza, la competitividad por la cooperación y el beneficio por el bien común.

El ejemplo más paradigmático es el de la vasca Mondragón que agrupa a 256 empresas de sectores diversos. Es el séptimo grupo empresarial español y la mayor cooperativa del mundo. La consigna nada más acceder a la web es la siguiente: “Más de 83.000 empleados, 9.000 alumnos y el 85% de nuestros trabajadores industriales son cooperativistas”. La asamblea general la componen todos los cooperativistas bajo la premisa “una persona, un voto”. La implicación de los trabajadores es máxima.

Las cooperativas, aunque autónomas, están vinculadas entre sí por una cultura empresarial común, que se basa en diez principios: libre adhesión, organización democrática, soberanía del trabajo, carácter instrumental y subordinado del capital, participación en la gestión, solidaridad retributiva, intercooperación, transformación social, carácter universal y educación.

La primera cooperativa de Mondragón, Ulgor, constituida en 1956. Foto: Joxe Aranzabal.

La primera cooperativa de Mondragón, Ulgor, constituida en 1956. Foto: Joxe Aranzabal.

Algunos datos concretos para no quedarnos en las grandes palabras: el 45% de los empleados son mujeres; una pequeña parte de los beneficios se reparte entre los trabajadores y el resto se reinvierte en nuevos proyectos y fondos para rescatar a las empresas más débiles, no se despide a ningún trabajador cuando llega una crisis, el banco de la cooperativa (Caja Laboral Popular) concede créditos con intereses altos a las entidades más prósperas y bajos o inexistentes a las empresas con problemas, si cierra alguna cooperativa, los trabajadores se reubican en otras, cuentan con una universidad trilingüe (euskera, castellano, inglés), etc.

En 2012 se celebra el Año Internacional de las Cooperativas y el recién estrenado documental ‘Shift Change’ aborda la viabilidad de esta alternativa empresarial ante un mundo que ha confundido el significado de economía, que no es más que un medio para satisfacer las necesidades humanas. La corporación Mondragón es una de las cooperativas protagonistas del documental y un espejo en el que mirarse. En el exterior Mondragón causa admiración y ocupa un lugar relevante por considerar la cooperación como un principio básico para evolucionar como empresa. Esto le ha costado multitud de ataques de la derecha española más reaccionaria, que han intentado relacionar a Mondragón con el entramado financiero de ETA, acusaciones nunca probadas que se han saldado con varias resoluciones judiciales a favor de la cooperativa guipuzcoana.

La caída del comunismo está arrastrando hacia el abismo a un capitalismo que, al contrario de lo que presagió Adam Smith, no es capaz de autorregularse. La economía del bien común supera la dualidad capitalismo-comunismo con una alternativa que recopila lo mejor de ambos ordenes económicos en aras del bienestar social. Aunque lo nieguen, siempre hay alternativa.