El músico que se tragó una caverna

Qué pasaría si nos tragásemos una caverna con sombras en las paredes, con silencios y ecos, abismos insondables, galerías con un punto de luz lejano… Sonaría como la música de Micah P. Hinson: melódica, honda, espectral, a veces agónica. El concierto que ofreció el pasado viernes en Valencia evidenció que…

El músico que se tragó una caverna

Qué pasaría si nos tragásemos una caverna con sombras en las paredes, con silencios y ecos, abismos insondables, galerías con un punto de luz lejano… Sonaría como la música de Micah P. Hinson: melódica, honda, espectral, a veces agónica. El concierto que ofreció el pasado viernes en Valencia evidenció que este símil geológico no es ninguna mentira. Ni ninguna verdad.

Micah P. Hinson, en el concierto de cierre del Festival Urbano. Foto: © David Giménez.

Micah P. Hinson, en el concierto de cierre del Festival Urbano. Foto: © David Giménez.

La voz grave del músico estadounidense contrasta con su perfil agudo. Parece imposible que ese sonido descanse en un cuerpo de apariencia tan frágil. Entró al escenario de La Rambleta minutos después de la banda que lo acompaña en esta gira, The Junior Arts Collective, una reconversión de los canadienses Timber Timbre. Con ellos ha engendrado un nuevo álbum de rarezas, descartes y versiones que distribuye gratuitamente la revista ‘Rockdelux’ junto a su ejemplar de noviembre. El Festival Urbano de Valencia cerró su segunda edición con una trilogía. Empezó la noche precisamente con el ‘neo folk’ de los Timber Timbre. El público se rindió a los pies del zaragozano Bigott en un segundo concierto frenético en algunos momentos, surrealista y esquizofrénico casi todo el tiempo.

Micah Paul Hinson entró al escenario de La Rambleta casi a hurtadillas, con ese carácter tragicómico que aporta la combinación de los giros melancólicos de sus canciones y las gafas, enormes, de bromista. Pensé que sus ojos quizá están acostumbrados a la oscuridad y, por eso, no ve en condiciones óptimas de luz. Me llamó la atención el aspecto cavernario del lugar. Se enfundó la guitarra eléctrica y comenzó a transitar por los espacios lúgubres de su música. No debería ser casual que su madre le trajera al mundo en Memphis (Tennesse), cuna de la música americana. El ‘blues’, el ‘gospel’, el ‘country’ y el ‘rock and roll’ estaban escritos en su biografía.

Su familia se trasladó a Abilene (Texas) cuando Micah era un adolescente. La caverna se coló en su cuerpo antes de cumplir los 20 años. A esa edad ya había pasado un tiempo entre rejas, había experimentado la adicción a las drogas y a vivir como un vagabundo. Todo por una mujer fatal. 12 años después de aquello, Hinson vive un feliz matrimonio y su carrera musical está más que asentada. Sólo cuando se presta atención a sus letras y a su voz primigenia se escuchan los ecos de aquel enfant terrible atormentado.

El cantautor interpretó ‘Micah P. Hinson and The Junior Arts Collective’, el nuevo disco de rarezas, sin el nervio al que tiene acostumbrado a su público. Parecía cansado, dolorido. Cuando era niño se cayó por las escaleras y años más tarde un amigo agravó sus dolencias tras golpearle en la espalda. Desde entonces el dolor persiste. En algún momento del concierto del viernes se le vio de cuclillas. Pero hubo momentos inolvidables. Como ocurrió con ‘Sunrise over the olympus mons’, «una canción de amor que no es una canción de amor», explica para ‘Rockdelux’. «No consigo decidir si la letra y la música son exultantes o bien opresivas. Supongo que es lo que tiene de bueno, pueden ser ambas». Extraño efecto que provocan muchas de sus canciones.

Micah P. Hinson & The Junior Arts Collective, tocando ‘Take off that dress for me’
el pasado 19 noviembre en Madrid.

El público se emocionó, siempre lo hace, con la versión de su tema más aclamado, ‘Beneath the rose’, de su imprescindible primer disco, ‘Micah P. Hinson and the Gospel of Progress’. El clímax llegó en el ocaso de la audición. Solo en el escenario. Cambió la eléctrica por una acústica, abandonó el micrófono de los años 50 y entonó (no siempre, pero no importa) una versión de ‘This land is your land’, el clásico de Woody Guthrie. La guitarra llevaba la inscripción «This machine kills fascists», como la guitarra de Guthrie y de otros muchos que le tomaron prestado este símbolo.

En total, el cantautor norteamericano ha publicado siete trabajos discográficos. Tras su debut aparecieron ‘The Baby & The Satellite’, ‘Micah P. Hinson and the Opera Circuit’, ‘Micah P. Hinson and the Red Empire Orchestra’, ‘The Surrendering’, ‘All Dressed up and Smelling of Strangers’ y ‘Micah P. Hinson and the Pioneer Saboteurs’. También ha hecho una incursión en la literatura. La editorial barcelonesa Alpha Decay publicó en primicia mundial ‘No voy a salir de aquí’, una novela de estilo ‘beatnik’ con guiños autobiográficos. Realismo sucio y crudo, con mucha personalidad, como sus discos, pero sin los ecos ásperos que se alojan en su estómago; o en la caverna que se tragó.