Potenciando pequeños creativos

Una sala llena de niños, aprendiendo sobre pintura impresionista. Podría parecer raro, pero no están haciendo más que imaginar y crear nuevos mundos. Básicamente, lo que hace un niño todo el tiempo. Potenciarlo para conseguir mentes más despiertas es uno de los objetivos del proyecto Nanocultura y de sus talleres…

Potenciando pequeños creativos

Una sala llena de niños, aprendiendo sobre pintura impresionista. Podría parecer raro, pero no están haciendo más que imaginar y crear nuevos mundos. Básicamente, lo que hace un niño todo el tiempo. Potenciarlo para conseguir mentes más despiertas es uno de los objetivos del proyecto Nanocultura y de sus talleres didácticos.

Un instante del taller que las chicas de Nanocultura dedicaron hace unos días al pintor Marc Chagall.

Un instante del taller que las chicas de Nanocultura dedicaron hace unos días al pintor Marc Chagall.

«Es esencial imaginar, fantasear, dejar que la mente cree libremente sin restricciones ni pautas definidas. Igual de esencial es acompañar a los niños mientras crean y hacerles sentir que lo que están haciendo tiene un gran valor, así como mostrarles nuevas opciones y alternativas a lo que hacen». De ese punto de partida nació Nanocultura, los talleres que Gema Marí y Maite Bäckman han puesto en marcha en Valencia para «fomentar la creatividad en la infancia, sobre todo en una sociedad muy preocupada por el mercantilismo y que quizá prima la adquisición de otros conocimientos más prácticos para una futura vida laboral», según explica Gema.

Ambas llegaron a la didáctica infantil desde distintos ámbitos. Gema desde el periodismo; Maite, realizando talleres didácticos para los más pequeños. Desde su experiencia lo vieron claro: la base fundamental pasa por que «los niños se diviertan mientras aprenden y, si es posible, acercarles conocimientos que no tienen cabida dentro de los currículos de los coles». El protagonista aquí es el niño, hasta el punto de que «una de las partes más importantes de los talleres es hacerles sentir importantes ante sus creaciones», resume Gema.

Los talleres de Nanocultura tienen el arte como denominador común. Tan pronto puedes encontrar una sala llena de renacuajos de menos de 12 años aprendiendo quién era el pintor surrealista Marc Chagall, como los puedes ver junto a los músicos de Llegando a Normandía intentando construir su propio instrumento musical. «En la escuela se estudia historia del arte, pero hay una gran cantidad de artistas que quedan fuera. Además los niños, cuanto más pequeños, más flexibles son a la hora de asimilar el arte moderno y contemporáneo, por lo que es el momento ideal para introducirlos» en este tipo de disciplinas.

Una de las partes más importantes de los talleres es hacerles sentir a los niños "importantes ante sus creaciones”, resume Gema.

Una de las partes más importantes de los talleres es hacerles sentir a los niños «importantes ante sus creaciones”, resume Gema.

El taller centrado en Chagall, que tuvo lugar hace unos días en Arquipeques, es parte de una serie centrada en pintores: pequeñas propuestas, para un público pequeño, que podrá descubrir en las próximas semanas, por ejemplo, la relación entre la pintura de Gaugain y la felicidad. Cuentos inventados, historia, literatura y música, completan el menú de Nanocultura las próximas semanas. Las respuestas, cuenta Gema, son de lo más inesperadas: «en esos momentos que compartes con ellos te das cuenta de la agilidad mental que tienen, es gracioso preguntarles por qué Chagall tiende a colorear los rostros verdes y te encuentras con respuestas del tipo: porque es zombie o porque es un marciano».

Descubrir y fortalecer vínculos

Los talleres que han desarrollado Maite y Gema parten de un concepto por encima de todos: descubrir. «Descubrir la pintura, la escultura, la música, nuevos amigos, el entorno… Nos gusta generarles inquietudes y proporcionarles nuevas formas de expresarse. Tenemos una gran cantidad de materiales y todos reciclados, no tiramos nada, es más, da miedo entrar en nuestras casas. Cada vez que programamos un taller tenemos que cuadrarlo todo de tal forma que nos dé tiempo a recopilar de todo, desde cajas de zapatos hasta hueveras de cartón. Es más le damos las gracias a muchos de nuestros familiares y amigos que día tras día nos traen una bolsita con cosas que luego podemos reciclar», sonríe Gema.

Todo lo que se busca, cuenta con la implicación de los padres. El proyecto hace mucho énfasis en el «apego», muy importante en la edad infantil, y en la importancia de implicar a los padres en las actividades. ¿Cómo se consigue? Lo difícil no es conseguirlo, «lo difícil es mantenerlo».

Para mantener esos vínculos afectivos también están pensadas estas actividades. «Creemos que está bien que los niños y sus ‘figuras de apego’ puedan compartir nuestros talleres, porque de alguna forma los padres se involucran con sus hijos, les ayudan, les guían. Y los ‘peques’ se desenvuelven con total normalidad dentro de la actividad. El psicólogo inglés John Bowly decía que el desarrollo normal requiere que el niño experimente una relación afectiva, íntima y continua con su madre o figura sustitutiva permanente, así que nosotras apoyamos la idea de que los niños tienen que compartir tiempo e inquietudes con sus ‘papis’ y ‘mamis'».